Entre el futuro MAGA y una dorada medianía
Afectados por los movimientos sísmicos de la economía y la política, los argentinos solemos alternar sueños de grandeza con delirios de insignificancia. Podríamos probar con expectativas más módicas y realistas. Aunque también es posible que el horizonte nos presente, una vez más, una extraordinaria oportunidad.
El historiador Luis Alberto Romero suele decir que los argentinos deberíamos aspirar, no tanto a transformarnos en una potencia -a imagen y semejanza de la que fuimos, o imaginamos haber sido-, sino apuntar a un “aurea mediocritas”, a una dorada medianía. Un país previsible, moderado, aburrido. Adjetivos que desentonan con el clima de época.
Vivimos en un mundo en el que la aceleración y la incertidumbre -motorizadas por las novedades tecnológicas, los conflictos bélicos y los liderazgos disruptivos- crecen. Y en el que buena parte de los ciudadanos carece de paciencia para procesos lentos, deliberaciones engorrosas o propuestas complejas. Donald Trump, sintonizando con las pulsiones de su tiempo, promete un regreso rápido a un pasado idílico con un discurso estridente, golpes impactantes en el tablero geopolítico y una temeraria guerra comercial. El presidente norteamericano proyecta su eslogan a las más diversas latitudes. “Make Iran Great Again” es la extrapolación más reciente y, con el territorio persa temblando por los bombardeos, la más paradójica.
La variante argentina enfrenta una contradicción metodológica; nuestro país ensaya una apertura económica mientras Estados Unidos despliega un proteccionismo agresivo y la mayoría de los países apuesta a la política industrial, a un MAGA construido con muros. No pocos se preguntan si es sensato abrirse con un dólar atrasado y con China contraatacando con la baja de precios de sus productos. Javier Milei plantea que la apertura argentina ha sido muy tímida, en un país que sigue siendo uno de los más cerrados del mundo, pero cree que hay que bajar decididamente las barreras.
Con una rubia en el avión
“Directo a Brasil/ con una rubia en el avión / dispuesto a morir”, cantaba el grupo “Los ladrones” en los 90. Manuel Adorni subió al avión presidencial como jefe de Gabinete, directo a Nueva York con su blonda mujer, poco antes de convertirse en meme. “Y al bajar del avión / estaban ahí, / qué papelón / no les quise mentir” seguía la letra del hit.
En la economía de la atención de la semana, el viaje de Adorni opacó los anuncios del “Argentina week” -inversiones por U$S 16.000 millones- pero también el dato de inflación.
Funcionarios nacionales insistieron con el whatsApp de Osvaldo Jaldo para tenerlo a bordo del Tango 01. El gobernador, para quien hubiera sido fatalmente inoportuno estar a 7.500 kilómetros de distancia del inclemente temporal que se desataría poco después en la provincia, se resistió a sumarse a la comitiva que integraron once de sus colegas. Algunos mandatarios viajaron en vuelos de línea, conscientes de que las aventuras aeronáuticas son riesgosas para los funcionarios.
Tucumán fue noticia nacional por la combinación del drama de las inundaciones con las imágenes de la salvaje agresión sufrida por Federico Pelli por parte del inefable Marcelo “Pichón” Segura. Su abogado, sorprendentemente, dijo que demandaría al intendente de Concepción por la perturbación que le habría generado a su cliente una amenaza de metamorfosis fálica. Pichón, por algo le dirán así, parece tener una psiquis sensible. Complejo de Edipo irresuelto, aventuraría un lacaniano.
Amargas sincronías
El presidente Milei, en su participación en la “Argentina week”, sufrió un imprevisible infortunio al intentar exhibir las bondades de invertir en nuestro país en medio del conflicto de Medio Oriente, crisis que amenaza a los mercados emergentes con un eventual aumento de la tasa de interés norteamericana y un “vuelo a la calidad” de las inversiones globales.
Concluida la gira neoyorquina, Milei viajó a Madrid para participar de un evento patrocinado por empresas del mundo cripto. Paralelamente, se revelaba el registro de llamadas del celular del principal articulador del escándalo $Libra, en el que aparecen insistentes comunicaciones con el Presidente y su hermana, en las horas del fallido lanzamiento de la criptomoneda. El inoportunismo avanza.
Discurso grandilocuente, realidad gris
Ronald Coase, Nobel de Economía usualmente citado por Milei, decía que si a los datos se los tortura el tiempo suficiente, finalmente confesarán. Algo de eso pasa en las últimas exposiciones públicas del Gobierno. Un crecimiento del 10% es deducido de cifras desestacionalizadas del Emae tomadas entre diciembre de 2023 y el mismo mes de 2025. Si se toma 2024 y 2025 íntegros, con datos oficiales pero con la medición estándar, el crecimiento da 2,7. Y si nos metemos dentro de la composición de esa cifra, vemos que está apoyada en rubros como intermediación financiera, agro, energía y minería contrapesando la caída o estancamiento de sectores como industria, construcción y comercio. Esa mirada radiográfica revela mejor la heterogeneidad y la medianía de la coyuntura argentina. Tenemos perspectivas auspiciosas pero el presente todavía es gris.
Algo parecido, dentro de un discurso oficial inclinado a postular récords Guinness, ocurre cuando se resalta una inflación que “viajaba” al 17.000%. ¿Para qué tanto si señalando un indiscutible descenso del 211% (en 2023) al 30% se aprecia con claridad la magnitud de la caída? Es la velocidad de un auto de TC2000 en el autódromo bajando a la máxima permitida en un country.
Logro notable y elemental
Milei tiene logros de los que puede presumir, pero su inclinación a la hipérbole termina erosionando la credibilidad de los mismos indicadores que podrían exhibirlos con precisión. Su gran logro, para los que lo respaldan y para un amplio porcentaje de quienes cuestionan diversos aspectos de su gestión, es la consecución de un equilibrio elemental.
Juan Carlos de Pablo, el economista más cercano al Presidente, afirma que el plan económico es solamente “superávit más Sturzenegger (desregulaciones)”. El objetivo alcanzado deriva de una obviedad doméstica: se gasta menos de lo que se recauda y, consecuentemente, la suba de precios abandonó la órbita que llevaba a un colapso para entrar en una escala que permite recuperar la posibilidad del cálculo y la sensación de una relativa estabilidad.
Una meta módica y anacrónica para la mayoría de los países; un resultado notable dentro de nuestro historial poblado de desmesuras y patologías crónicas.
El síndrome del tercer año
La maldición del año III, que frustró el proyecto macrista después de su victoria electoral de mitad de mandato, parece alejarse de la suerte mileísta en un escenario político edulcorado para el Gobierno. El kirchnerismo se divide y se contrae, no asoma otra propuesta opositora competitiva y el oficialismo acaricia la posibilidad de lograr los dos tercios legislativos que le permitirían terminar de sancionar holgadamente su paquete de reformas y hasta elucubrar una reingeniería constitucional.
Antes de eso, el mileísmo podría llenar las vacantes de la Corte, órgano con capacidad de empañar su política reformista. El reciente desembarco de los flamantes ministro y secretario de Justicia, anuncia el fin de la hasta ahora escasa injerencia del Ejecutivo en la dinámica judicial.
Aún en coyunturas de discursos maniqueos, siempre hay un sótano con un Aleph en el que pueden encontrarse todos los puntos del universo. En la agenda del celular del nuevo ministro la letra M, por ejemplo, va de Macri -Jorge y Mauricio- a Montenegro Guillermo -aspirante a su cargo-, pasando por Massa Sergio y Milei Karina. La lista arranca con Angelici Daniel y termina con un sintético Wado. No todos son contactos encumbrados. En homenaje a la diversidad, también hay “chiquitajes”.
El año de la actividad
Si 2024 fue el año de las correcciones macroeconómicas y 2025 el del exorcismo del “riesgo kuka”, 2026 debería ser el de la recuperación de la actividad. La pregunta es si alcanza con los logros acumulados -superávit, triunfo electoral y reformas- para movilizar la economía o si el esquema cambiario, la ortodoxia y la apertura la están exigiendo demasiado.
No pocas fichas están puestas en la Ley de inocencia fiscal y la mejora de tasas a los depósitos en dólares para lograr que salgan de los colchones y alimenten el crédito. Muchos tenedores de “canutos” no terminan de aplacar sus temores para mudarlos a una cuenta bancaria a la vista del fisco.
Camino al cielo
Hay varias luces amarillas: recaudación a la baja, empleo en proceso de precarización, aumento de la morosidad, consumo estancado, inercia inflacionaria. El modelo oficial apuesta a la competitividad del agro, la energía, la minería y la tecnología, y es reticente a proporcionar respiradores -desmonte más progresivo de las barreras arancelarias y monetización de la economía- a la industria, la construcción y el comercio. Milei conjetura que los pesos que se dejan de gastar en el producto local de la fábrica que cierra generarán nuevo empleo y consumo.
2030 podría ser el primer “año MAGA”, con Vaca Muerta y los proyectos mineros y tecnológicos maduros, multiplicando por tres las divisas que hoy genera el campo. El presidente que sea electo en 2027 podría gozar del ticket para liderar el ingreso en esa tierra prometida. Antes hay que atravesar un 2026 con fragilidades derivadas de la combinación de reservas bajas, altos compromisos de deuda y turbulencia internacional. Nicolás Dujovne, ministro que sufrió el ciclo de la ilusión al desencanto macrista, cree que esta vez sí funcionará y que este año la Argentina contará con fuerte viento de cola: buenos precios de commodities agrícolas, metales, petróleo y gas. Carlos Melconian, el ministro que no fue, relativiza el impulso eólico. “Las exportaciones no derraman, no hay plata en la calle; si la inflación colapsa en la paz de los cementerios, es peor el remedio que la enfermedad”, resume.
Caputo habla con el bolsillo
Si el Gobierno logra reactivar la economía en el segundo semestre -muchos leen que la incorporación del economista uruguayo Ernesto Talvi al equipo de asesores implica aceptar la flexibilización de la política monetaria- encarará la recta electoral con buenas chances de reelegir.
El ministro de Economía Luis Caputo elige creer. Pero hizo pública en Nueva York su decepción con la respuesta que hasta ahora ha ofrecido el mercado. En su altar prendió ya muchas velas: ajustazo de arranque, superávit fiscal por 27 meses, corte de emisión monetaria, RIGI, reforma laboral, finalmente compra de reservas. Y el riesgo país no baja de los 500 puntos que cierran el acceso fluido al crédito que proporcione los dólares necesarios para tender el puente financiero hacia el futuro MAGA.
Caputo habla con el bolsillo y el mercado le responde con el corazón. Los argentinos se lo rompieron tantas veces que, como una novia engañada, le cuesta volver a creer.



















