SANTA ROSA DE LIMA. El templo de la parroquia de la ciudad repleta de bolsas y cajas con donaciones. Realizan más de 2.000 viandas por día.
El agua comenzó a retirarse en Santa Rosa de Leales y también en Bella Vista ayer y los vecinos regresan de a poco a sus casas después de días marcados por la inundación. En medio de ese proceso de limpieza y reconstrucción, la parroquia local se transformó en el principal punto de organización de la ayuda solidaria.
El comisario de la Regional Este, Carlos Ruiz, confirmó que la situación muestra una mejora en varios sectores de la zona. “En Leales y Bella Vista la situación mejoró considerablemente. Están volviendo a los domicilios los damnificados”, afirmó.
Parroquia solidaria
Mientras el agua baja en los barrios, la parroquia de Santa Rosa de Leales muestra una escena muy distinta a la habitual. El templo ya no se parece a un lugar de oración. Los bancos se convirtieron en mesas de trabajo. En cada rincón se apilan bolsas de ropa, cajas con alimentos y paquetes de productos de limpieza. El espacio se llenó de donaciones que llegan desde distintos lugares. La iglesia se transformó en un centro de clasificación y distribución de ayuda para las familias afectadas por el temporal.
El párroco Diego Cocha explicó que la mejora en la situación permitió que algunos vecinos vuelvan a sus casas. “Gracias a Dios el agua bajó en muchos sectores, especialmente acá. Hubieron 15 evacuados y la gente comenzó a volver a sus casas durante la tarde aunque muchas más familias decidieron pasar los días en sus casas por temor a que les roben las pertenencias”, señaló.
El sacerdote también contó que desde la parroquia organizaron envíos de ayuda hacia distintas comunidades rurales de la zona. “Salimos con una campaña solidaria hacia las comunidades rurales. Entre ellas están Cóndor Huasi, Fronterita, Romera Pozo, Puma Pozo, Tacana y Estación Aráoz. Recibimos un camión con 6.300 kilos de harina. Pedimos que nos dejaran la mitad para nuestra parroquia y que la otra parte se destine a la parroquia de Villa de Leales, detalló.
Dentro del templo los voluntarios ordenan ropa, acomodan cajas y separan mercadería. Los pasillos se llenan de bolsas y paquetes que esperan ser distribuidos. Leonel es uno de los jóvenes que participa en esa tarea desde el inicio de la emergencia. Para él, la parroquia se convirtió en un símbolo de la solidaridad de la comunidad.
“Estuvimos trabajando desde la madrugada del lunes. Mucha gente de la pastoral y de la comunidad colabora y se muestra la solidaridad especial en estos tiempos”, contó. “El párroco decidió abrir las puertas del templo para recibir las donaciones porque el salón de la parroquia se llenó. Se cocinaron más de 2.000 o 3.000 viandas para los vecinos y tuvimos reuniones para ver cómo debíamos seguir con las acciones y vemos que lo indispensable son repelentes y elementos de limpieza”, explicó Leonel.
Vivir con el agua
A pocas cuadras de la parroquia, la calle Martín Fierro divide los barrios San Cristóbal y Belgrano, dos de los sectores que recibieron el impacto más fuerte del agua. En esa zona todavía hay barro y agua en algunas calles. Los vecinos limpian pisos, sacan muebles y tratan de recuperar lo que la inundación dejó atrás.
Pamela es una de las vecinas que atravesó esos días de incertidumbre dentro de su casa. “Fue algo horrible y triste lo que nos pasó. En mi casa llegó el agua hasta las rodillas”, recordó.
La mujer contó que su familia convivió con el agua dentro de la vivienda durante varios días. “Mi hijo estuvo con fiebre y dolor de garganta por lo que tuvimos que vivir cuatro días con agua. Estuvimos una semana conviviendo con el agua en la casa”, relató.
Mientras las familias regresan a sus casas, la iglesia de Santa Rosa de Leales continúa llena de donaciones. Desde allí los voluntarios, en su mayoría adolescentes, partieron hacia las comunidades rurales durante la tarde de ayer.






















