No es solo cansancio: la falta de luz solar en invierno puede desencadenar un trastorno que afecta el ánimo y el sueño
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El Trastorno Afectivo Estacional afecta el ánimo y sueño en invierno debido a la falta de luz solar, impactando la biología de las personas ante el cambio de estación.
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La menor exposición solar altera la serotonina y melatonina, desregulando el reloj biológico. Se trata con fototerapia, caminatas matutinas y suplementos de Vitamina D.
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Detectar el TAE a tiempo permite prevenir malestares crónicos. Expertos destacan que comprender el impacto biológico del clima es clave para la salud física y emocional futura.
DESGANO. Bostezar es común cuando se sufre el TAE.
La causa exacta no se conoce al 100%, pero la ciencia apunta a la falta de luz solar: a medida que disminuyen esas horas, el organismo también comienza a atravesar cambios. Aunque muchas personas lo atribuyen simplemente al cansancio o al ritmo de vida, existe una explicación biológica detrás de este fenómeno estacional conocido como Trastorno Afectivo Estacional (TAE).
La menor exposición solar influye en la producción de serotonina, vinculada al bienestar emocional, y de melatonina, la hormona que regula el sueño. Además, altera el ritmo circadiano, el reloj biológico que organiza múltiples funciones del cuerpo a lo largo del día.
Tratamiento
Lo bueno es que es muy tratable. Las opciones más comunes son: fototerapia, exponerse a una lámpara especial regulada durante 20 o 30 minutos cada mañana; psicoterapia, especialmente la Cognitivo-Conductual adaptada para el TAE; el estilo de vida, salir a caminar apenas sale el sol; mantener la casa iluminada y suplementos, a veces se receta Vitamina D, ya que suele estar baja en invierno.
La condición reconocida por los organismos de salud mental tiene más recomendaciones: mantener horarios de sueño regulares, aprovechar al máximo las horas de luz natural y sostener espacios de socialización. Detectar los síntomas a tiempo y comprender que los cambios estacionales también pueden impactar en la salud física y emocional resulta clave para prevenir que el malestar se prolongue o se intensifique durante los meses más fríos del año.
¿Y qué pasa en verano?
Aunque parezca contradictorio porque solemos asociar el sol con la alegría, para algunas personas el verano es un desafío biológico. Es mucho menos común que el TAE de invierno (afecta aproximadamente al 10%), pero es igual de real.
Mientras que en invierno falta luz para producir serotonina, en verano el exceso de claridad puede retrasar la producción de melatonina. En consecuencia el cuerpo no codifica que es hora de descansar. Si el TAE de invierno es como "hibernar", el de verano es como estar "eléctrico" pero sin energía positiva.























