Violencia. Bronca. Furia. Salvajismo. Saña. Enojo. Vergüenza. Papelón. Irrespeto. Amedrentamiento. Miedo. Inseguridad. Golpe. Brutalidad. Barbarie. Crueldad. Incultura. Bestialidad. Degradación. Antidemocracia. Incivilidad. Gamberrismo. Villanía. Maldad Bajeza. Deslealtad. Mezquindad. Abyección. Alevosía. Vileza. Grosería. Salvajismo. Estupidez. Imbecilidad. Idiotez. Infamia.
Todo eso y mucho más cabe en un cabezazo.
Cuando el siglo pasado empezaba a decir adiós y los celulares aprendían a decir hola, las pantallas de los cines mostraban The Truman Show. Al final de la película Truman navega disfrutando el momento. La brisa despeina a Jim Carrey que transmite alegría, bienestar y hasta tranquilidad. La música que eligió Peter Weir para ese momento de sosiego, transmite paz. Es en ese momento en el que la embarcación choca contra la pantalla y estalla la realidad.
Eso fue para el gobierno de Osvaldo Jaldo la agresión de ese tipejo que eligió un modo antidemocrático para vivir en sociedad. En vez de usar la cabeza para pensar la convirtió en un arma para dañar.
Está claro que Marcelo Segura está muy lejos de tener la simpatía de Carrey, pero este violento forma parte de una estructura de poder que desde hace muchas décadas se apoyó en un territorio que se considera propio y que se defiende a como dé lugar. Como Truman tenía un mundo prefabricado en la ficción por Christof, el director de esa ficción -o realidad-. “Pichón” Segura sabe que el terreno peronista no se invade, no se toca, es propio y es un límite para los otros. Tal vez para él su cabezazo no es violencia, posiblemente haya sido el ensayo de un rechazo brutal a quien llega de afuera a beber del agua de emergencia, a tocar el territorio que alguien considera suyo por derecho histórico o punteril.
Quizás esta interpretación ayude a entender la actitud casi amistosa de los policías que casi le piden por favor a Segura que se haga a un costado. Tal vez estos policías eran aprendices porque hemos visto el despliegue de otros que ante un suceso parecido hubieran tenido al agresor en el piso y con la suela del zapato sobre la humanidad de quien se salió de los cánones ciudadanos.
Es posible que esa confusión los haya llevado a dejarlo tirado a Federico Pelli en el piso. Lejos quedó la responsabilidad solidaria del agente que ayuda a cruzar la calle a la persona que tiene dificultades para hacerlo. La lógica que reina desde hace más ocho lustros es que en verdad el diputado era un extraño en esa geografía.
Cuando Truman rompe la gigantesca pantalla, Christof, ensimismado en su poder paternalista, le dice: “yo sé que es mejor para vos (se refiere al mundo de ficción en el que vivió)”. “Afuera hay caos”, “Acá estás protegido”. ¿Por qué Pelli o cualquier político de la oposición se animan -o simplemente desean- entrar en ese mundo creado por el peronismo poderoso dueño del territorio? Simplemente porque empezaron a dudar de las ventajas y de los beneficios que le trae el dueño.
La Madrid hace demasiados años que vive la misma realidad. Allí las lluvias suelen desvestirse, al sacarse la ropa de fertilidad, para ponerse el ropaje de la desgracia y hasta de la parca. Como cronista me ha tocado estar esperando que aterrice el helicóptero con el presidente Carlos Menem que traía colchones, vituallas y plata (el peso valía lo mismo que el dólar) para hacer arreglos. Pasaron gobernantes y crecieron los habitantes, pero en La Madrid la historia y las coberturas siguieron siendo las mismas. Nada cambió, ni el principio ni el final, ni las crónicas. Tal vez la de este año fue la excepción porque en The “Pichon” Show se rompió la pantalla. Se puede organizar el miedo, guionar la vida pública y disfrazar la prisión de bienestar, pero siempre queda la posibilidad de que alguien pregunte: “¿Y si esto no fuera real”? En “The Truman Show”, Jim Carrey no sale sólo de un estudio de televisión; sale de un sistema que había convertido la protección en obediencia, la costumbre en encierro y la ficción en una forma de gobierno. En “The Pichon Show” la pantalla se rompe cuando el ciudadano deja de aceptar como natural lo que apenas era un decorado de muchos años.
Cabeza rota, política hundida
Como siempre, la sociedad ha aprendido que cuando las tormentas se ensañan con los tucumanos, lo que viene -y lo que se espera- es auxilio. Para ello hay una estrategia que trae implícito coordinación y templanza. Sin embargo esta semana que nunca más volverá -por suerte- apareció lo peor. Cuando hay inundados no debería haber espacio para la patota ni para el peaje inaudito. No obstante, la escena que congeló la política confirma que no hubo pelea, hubo degradación. Es que cuando hay inundados, es decir cuando un ser humano necesita ayuda, no hay espacio para el violento La confianza pública queda herida. El agua ya había puesto a prueba a todo Tucumán, no hacía falta que desde la dirigencia política le agregaran barro.
Destemplados
La templanza es una de las virtudes que más escasea en la política comarcana. La templanza, nos explica el diccionario, es la “moderación, la sobriedad y la continencia”. Esas tres capacidades quedaron hundidas en el barro. Tanto el peronismo oficialista como la oposición de La Libertad Avanza se dejaron llevar por la desmesura. Había que resolver políticamente lo que había sucedido y tomaron decisiones con el pulso acelerado.
El gobernador, que es un jugador experimentado en estas lides, no habló, pero hizo que tuitearan. Se solidarizó con la víctima de la violencia, pero no fue a verlo ni buscó acercamientos. Eso llamó la atención cuando hace pocos días pregonó que la solución para la guerra era el diálogo. Es que Jaldo necesitaba tomar aire, parecía esos boxeadores que se aferran al rival esperando la campana para entender qué pasó. ¿Por qué se había roto la pantalla o la realidad que cómodamente había construido hasta ahora? El fin de semana con menos agua le ayudará a pensar cómo sale del cono del silencio. Los trabajos para el “operativo vuelta a casa” en La Madrid y la detención de Segura le darán un poco de voz.
En la otra esquina -los demás partidos parece que no están, la pelea es entre estos dos- La Libertad Avanza se desesperó para capitalizar el cabezazo antidemocrático del militante oficialista. Con mucha claridad profundizaron lo que viene siendo el discurso fuerte y contundente. Señalar los excesos peronistas que terminan en dirigentes enriquecidos y en transformaciones institucionales adeudadas le viene ayudando a poner de mal humor al oficialismos y sacar de las casillas a los peronistas. Pero además Lisandro Catalán se esforzó para que quedara claro que “Pichón” le asegura problemas. Pero no hubo continencia y se hizo una de más: le pidió al gobernador la renuncia del ministro del Interior. De esa manera le salvó la vida política a Darío Monteros, un dirigente que llegó al gobierno como el hijo preferido de Jaldo, pero a juzgar por algunos acontecimientos, como la ralentizada investigación de la Procelac sobre el manejo de fondos electorales ,le viene dando dolores de cabeza al mandatario provincial. Monteros también es un hábil militante de la política pero un pésimo actor. Así quedó demostrado cuando la diputada Soledad Molinuevo lo encaró pidiendo que salga a escena a raíz del cabezazo propinado por un dirigente que le gustaba fotografiarse con él. Pero el ministro del Interior sólo supo decir un parlamento engañoso. Se hizo el desentendido. Difícil de creer. En la Casa de Gobierno más de un dirigente sugirió que no sería mala idea que Monteros saliera de la cancha un tiempo y se refugiara en la Legislatura. Pero en política es difícil pedir perdón, menos aún dar la cara y termina siendo un imposible cumplir con el pedido de un rival.
Transporte oficial
Algo parecido le pasó al Presidente de la Nación. Un hijo existimativo se le salió de control. Manuel Adorni, un estilete punzante a las groserías del kirchnerismo, fue menos claro que Monteros cuando intentó explicar lo inexplicable de su comportamiento. Los aviones y los romances no tienen color político ni tampoco ideología. Siempre han sido la alfombra roja que los ha llevado a la defenestración.
En 1936 Amadeo Sabattini fue elegido gobernador de Córdoba. Como acostumbra el protocolo, tenía que recorrer en auto el camino desde el Poder Legislativo hasta la Casa de Gobierno. Cuentan algunos fanáticos radicales que aquel político del siglo pasado le pidió a su esposa que no lo acompañara. Justificó aquella requisitoria advirtiendo que alguien que no cumplía funciones públicas no debería subirse a un auto oficial, pagado y administrado por fondos del erario. Hoy las tentaciones son muchas. Por eso los principios para cuidar las instituciones democráticas siempre van al último.
La semana que ya no volverá fue horrible. Cabezazo. Barro. Damnificados. Linchamientos. Mentiras. Especulaciones. Inflación. Vuelos. Acompañantes. Vergüenza. Miedo. Silencios. Gritos. Desentendimientos. Exageraciones. Encubrimientos. Irrespeto. Malos ejemplos. Agravios. Heridas. Inundaciones. Escuelas vacías. Discusiones. Polémicas. Jaleo. Denuncias. Amenazas.
Todo eso y mucho más cabe en dirigentes perturbados.



















