De la nada a la cima: la épica que une a Monteros Vóley y a Tucumán de Gimnasia

Dirigentes, historia y sentido de pertenencia sostienen un presente que trasciende resultados y muestra a la provincia como protagonista en la Liga Argentina

ORGULLO TUCUMANO. Hinchas y dirigentes de ambos clubes compartieron tribuna y reflejaron una identidad común que hoy posiciona a la provincia entre las potencias del vóley nacional ORGULLO TUCUMANO. Hinchas y dirigentes de ambos clubes compartieron tribuna y reflejaron una identidad común que hoy posiciona a la provincia entre las potencias del vóley nacional LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
17 Marzo 2026

Hay imágenes que explican un sentimiento mejor que cualquier estadística. En el Polideportivo Municipal de Monteros, mientras el vigente campeón Ciudad Voley intenta imponer su jerarquía, ocurre un fenómeno singular: un remate fulminante de Gonzalo Lapera o un bloqueo de Maximiliano Geysels para Tucumán de Gimnasia es festejado con el puño apretado por hinchas que visten la camiseta naranja de Monteros Vóley. Minutos después, el gesto se repite a la inversa. En las tribunas, el “Lobo” de la capital y el “Naranja” del sur no son rivales; son dos hermanos que se cuidan la espalda en la selva de la élite nacional.

Entre la multitud, hay un hombre que vive cada punto como si fuera el último. Para entender la magnitud de lo que se vive en la cancha, hay que escucharlo a él. Es Luis Arquez, uno de los fundadores de Monteros Vóley; un “apasionado” que, aunque intente mantener la compostura, confiesa que el pulso se le acelera como cuando saltaba a la red en sus épocas de jugador.

La historia que Arquez atesora es el combustible de esta jornada. “Nacimos el 2 de octubre de 1984. Éramos un grupo que jugaba en Social y, tras separarnos, fundamos el club”, relata. Para Luis, la situación actual es el contraste absoluto con aquellos inicios de “locura” hace más de cuatro décadas. “Donde estamos ahora no existía nada; era una cancha de básquet abierta. Nuestro primer entrenamiento fue aquí, sin red y sin pelotas. No teníamos absolutamente nada más que las ganas”, cuenta.

Ese relato de carencia se transforma en épica cuando menciona a su hermano, Carlos Arquez, el visionario que ya no está, pero cuya idea de diversificar el deporte en Monteros (llevando el club al hockey, al tenis y al rugby) hoy es una realidad tangible en un predio de cinco hectáreas rebosante de chicos. La emoción de Luis alcanza su punto máximo al recordar a su madre, Irma “Tita”, histórica dirigente y sostén emocional, primero de Social Monteros y luego ya de Monteros Vóley, cuyo nombre hoy bautiza el estadio de la institución “Naranja”. “Uno mamó esto de chico. Hoy, ser dirigente es una forma de devolverle al deporte y al club todo lo que nos dio”, reflexiona. Y agrega conmovido: “Yo jugué toda mi vida, y conozco a todos; recién pasé por la tribuna y saludé a un montón de amigos del ‘Lobo’, que los enfrenté como jugadores y hoy son dirigentes. Eso te llena de emoción”.

“Nunca hay que olvidarse de dónde venimos. Aquí hay mucha gente que dejó el alma, dejó el cuero en el club. Cada vez que vengo, la veo a mi madre, lo veo a mi hermano, veo todo el trabajo que hemos realizado para que hoy nuestra ciudad pueda vivir esto”, dijo.

Una sola bandera

Ese legado encuentra continuidad en la gestión de Lucas Frontini, presidente de Monteros Vóley, quien vive esta semifinal contra gigantes como Ciudad o UPCN con una mezcla de orgullo y responsabilidad. Para Frontini, que Tucumán tenga a dos de los cuatro mejores equipos del país no es fruto del azar. “No es casualidad; ambos clubes venimos trabajando de manera seria para darle la posibilidad a nuestros jugadores de mostrarse a nivel nacional. Ver a las familias disfrutar de esto después de 40 o 50 años es muy satisfactorio”, afirma el dirigente y ex jugador, que admite que todavía le cuesta ver los partidos desde afuera.

Esa solidez institucional es la que permite que hoy la provincia se tutee con los grandes. Pablo Cerisola, desde la conducción de Tucumán de Gimnasia, define esta realidad como un objetivo buscado: “No es impensado, porque trabajamos para esto. El primer año clasificamos entre los ocho, el segundo quedamos en cuartos y este año apuntábamos a meternos entre los cuatro”, indicó.

Cerisola resalta también la importancia de la colaboración entre clubes, especialmente ante la falta de infraestructura en la capital. “En San Miguel no tenemos cancha para jugar y tenemos que venir a Monteros, que amablemente pone este gimnasio a disposición. Somos gente amiga y trabajamos juntos; es la mejor forma”, sostiene el presidente del “Lobo”, quien no oculta su máximo deseo: “Ojalá que en dos semanas la final sea cien por ciento tucumana”.

Para él, el éxito de uno empuja al otro.“Hoy todos los de Monteros hacen fuerza por Gimnasia y al revés. Eso hace crecer al vóley de todos los clubes”, sostiene.

Del “interior del interior” al mundo

La dimensión de lo que Tucumán está logrando hoy trasciende las fronteras de la provincia. Mientras en la cancha se pelea cada set, los teléfonos no dejan de sonar. “Me mandan mensajes amigos de España y Turquía que están viendo la transmisión. Ver a Monteros y a Tucumán desde la otra punta del mundo es algo que todavía no terminamos de dimensionar”, cuenta Arquez con orgullo.

Para alguien que vivió la época en que jugar al vóley era una utopía sin pelotas, ver el estadio a cancha llena y saber que el nombre de su pueblo recorre el planeta es el trofeo más grande. “Somos del interior del interior. Mantener esto en el tiempo es un sacrificio enorme”, concluye Luis.

Cuando las luces del Polideportivo se apaguen, no importará tanto el resultado de un set o un partido. Lo que quedará firme es la certeza de que Tucumán ha construido una identidad inquebrantable; una identidad que hoy, gracias a los Arquez, los Frontini y los Cerisola, le gritan al país que el vóley argentino tiene su corazón latiendo fuerte en el Jardín de la República.

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