Ni 10 ni 60 minutos: cuánto debe durar la siesta para recuperar energía, según la NASA
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La NASA determinó en un estudio que la siesta ideal debe durar entre 25 y 30 minutos para recuperar energía y mejorar la concentración sin alterar el sueño nocturno.
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Este descanso breve evita entrar en las fases profundas del sueño, lo que previene la somnolencia al despertar, a diferencia de las siestas largas que causan insomnio.
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El hallazgo consolida la siesta corta como una herramienta científica para mejorar la productividad diaria, la memoria y el bienestar cognitivo general a largo plazo.
Dormir la siesta tiene beneficios para la salud
La siesta es una costumbre arraigada en muchas culturas y, para numerosas personas, representa una forma efectiva de combatir el cansancio de mitad de jornada. Sin embargo, no cualquier descanso ofrece los mismos beneficios. La duración del sueño diurno puede marcar la diferencia entre despertar renovado o sentirse aún más agotado.
Frente a esta cuestión, una investigación realizada por la NASA identificó cuál es el tiempo ideal para dormir una siesta y aprovechar sus efectos positivos sin perjudicar el descanso nocturno.
Cuál es la duración ideal de una siesta
De acuerdo con un estudio desarrollado por la NASA en 1995, la siesta más beneficiosa es aquella que dura entre 25 y 30 minutos.
Los investigadores observaron que este período permite recuperar energía, aumentar el estado de alerta y mejorar el rendimiento durante el resto del día, sin alterar significativamente el sueño de la noche.
La explicación es sencilla: una siesta breve evita ingresar en las fases más profundas del sueño, lo que reduce la sensación de somnolencia o desorientación al despertar.
Por el contrario, los descansos demasiado prolongados pueden dificultar el descanso nocturno y alterar los ritmos habituales de sueño.
Los beneficios que la ciencia asocia con la siesta
Más allá de la recuperación física inmediata, diversos estudios científicos han analizado el impacto de la siesta sobre la salud cerebral.
Algunas investigaciones sugieren que quienes acostumbran a dormir siestas de forma regular podrían presentar ventajas relacionadas con determinadas funciones cognitivas. Incluso, algunos trabajos han encontrado asociaciones entre este hábito y diferencias en el volumen cerebral.
Estos hallazgos alimentan el interés de la comunidad científica por comprender cómo los períodos breves de descanso influyen en la memoria, la atención y el rendimiento mental.
Por qué una siesta corta puede mejorar la productividad
La caída de energía después del almuerzo es un fenómeno habitual que muchas personas experimentan. En ese contexto, una pausa breve para descansar puede convertirse en una herramienta útil para afrontar la segunda mitad de la jornada.
Cuando se realiza dentro del tiempo recomendado, la siesta puede favorecer la concentración, mejorar el estado de ánimo y ayudar a mantener niveles más altos de atención.
Por eso, quienes sienten cansancio durante la tarde podrían encontrar en esos 25 o 30 minutos una forma sencilla de recuperar vitalidad sin comprometer el sueño nocturno.




















