CLIMA DE FIESTA. El público colmó cada espacio disponible y acompañó una noche que mostró la magnitud que alcanzó el vóley en la provincia LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
Si la frase “lleno total” estuviera en una enciclopedia, la foto ilustrativa sería la del Polideportivo Municipal de Monteros. Las semifinales de la Liga Argentina -especialmente la segunda, donde jugó el local- vieron superada la capacidad del recinto. Los pasillos y las esquinas se convirtieron en improvisadas tribunas de pie, mientras los hinchas se amontonaban desafiando las leyes de la física. Allí, entre cuellos estirados y visibilidad reducida, el público aceptaba el sacrificio de ver el partido “como sea” con tal de ser parte del hito.
Sin embargo, en medio de ese océano naranja que lo inundaba todo, un pequeño islote de resistencia capturaba las miradas. Eran apenas más de 20, pero su presencia resultó sonora y visualmente ineludible. La hinchada de UPCN de San Juan viajó 10 horas para decir presente. “Salimos el lunes a la noche, llegamos muertos, pero cuando vimos la cantidad de gente y a nuestros jugadores se nos pasó todo”, confesó Rodrigo Ahumada, reflejando el sentir de un grupo que cambió kilómetros por pasión. Con bombos y trompetas, el grupo de seguidores identificados como “La Banda del Gremio” no pasó inadvertido, desplegando un estilo más propio del fútbol que del vóley. Sus banderas flameaban en un rincón, compitiendo y hasta superando el ruido local. Fabián Quiroga, quien dejó un rato el bombo entre sets para recuperar el aliento, lo resumió con una sonrisa: “La gente de acá nos miraba raro al principio, creo que no están acostumbrados a ver una hinchada visitante con bombo en el vóley. Nos reíamos porque algunos chicos de aquí nos pedían fotos a nosotros”.
No importó la inferioridad numérica ni el asfixiante clima del estadio; los sanjuaninos mantuvieron el ritmo constante, recordándole a los presentes que, en instancias decisivas, el aguante no entiende de distancias. Igual, el clima fue de total deportividad. “Somos ruidosos y metemos presión, pero siempre con respeto. La gente de aquí nos recibió bien, no tenemos problema con nadie”, aclaró Nicolás Ferreyra, subrayando que la rivalidad se quedaba estrictamente dentro de la cancha.
Ese contraste vibrante entre la multitud monteriza y el núcleo visitante le dio al encuentro un marco de final anticipada, donde la verdadera ganadora fue la atmósfera del vóley nacional.























