DOS DÉCADAS. Hace 22 años, el Concejo Deliberante reconoció la importancia del ejemplar y lo declaró notable.
Durante más de un siglo, el gomero que se alzaba en Asunción 150 fue un símbolo vivo de la historia urbana de San Miguel de Tucumán.
Su nombre científico, Ficus macrophylla, da cuenta de una especie imponente, de gran porte y raíces expansivas. Justamente por esas características, no se recomienda su plantación en veredas, ya que con el paso del tiempo puede generar complicaciones en la infraestructura urbana. De todas formas, en espacios amplios como plazas y parques, estos árboles encuentran las condiciones ideales para desarrollarse y desplegar toda su magnitud.
Una especie con historia
El arquitecto especialista en patrimonio Ricardo Viola, contó que existe una versión muy arraigada que vincula la llegada de esta especie a la provincia con la figura de Julio Argentino Roca.
“Se cree que fue él quien introdujo el Ficus macrophylla en Tucumán”- señaló Viola y detalló- “Le obsequió ejemplares a su amigo Luis F. Nougués, como el que se encuentra en el ingenio San Pablo, que también tiene dimensiones muy importantes”.
Este dato no sólo ubica al gomero dentro de una trama histórica más amplia, sino que lo conecta con una etapa de transformación productiva y social de la provincia.
Con el paso del tiempo, el Ficus macrophylla se convirtió en una de las especies más emblemáticas para los tucumanos. Su tamaño, su longevidad y su capacidad de adaptación lo transformaron en un árbol singular dentro del paisaje local.
Reconocimiento oficial
La importancia del centenario árbol fue reconocida institucionalmente en 2004, cuando el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán lo declaró “Árbol Notable” mediante la ordenanza 3354.
La distinción no fue meramente simbólica. Buscaba generar conciencia sobre la necesidad de preservar y cuidar el arbolado urbano, especialmente aquellos ejemplares que, por su historia y características, forman parte del patrimonio de la ciudad.
A lo largo de los años, la presencia del gomero acompañó cambios urbanos, historias cotidianas y transformaciones sociales.
Y aunque hoy ya no esté en pie, su historia permanece como parte del entramado que define la identidad de San Miguel de Tucumán.
Porque hay árboles que no sólo crecen, sino que también construyen memoria.





















