Juicio por la muerte de Paulina Lebbos: ¿cuántos testigos se necesitan para resolver un crimen?

En la segunda semana del proceso se abrió una controversia acerca de la calidad de los testigos que deben pasar por las audiencias.

Los jueces del Tribunal y el fiscal Carlos Sale discutieron por la calidad de los testigos. Los jueces del Tribunal y el fiscal Carlos Sale discutieron por la calidad de los testigos.
Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 19 Marzo 2026

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Se trata de un documento de ocho páginas que tiene como título “Soto Víctor César S/Homicidio Calificado - Kaleñuk Sergio Hernán S/Encubrimiento Testigos”. Allí, con letra de molde y en mayúsculas figuran los nombres de 85 personas, sus números de documento, su dirección y el número de la foja que contiene su declaración en instrucción, si es que ya la hicieron. Pero además, como guía, cada nombre tiene una pequeña descripción: “Trabajaba en La Zona de Gaby”, “Salió a Gitana con Paulina”, “Hermano de Soto”, “Policía - planimetrista”, “Empleado de seguridad vial de la Policía de Tucumán”, “Ex novio de Paulina”, “Taxista que llevó a Soto esa madrugada”, “Trabajaba en Gitana, vio a Paulina entrar y salir”, “Comisario condenado por encubrimiento”. Así, quienes acceden a este documento, tienen una reseña de qué hizo cada uno de los 85 testigos que deben pasar ante el estrado en el marco del juicio que se sigue para tratar de desentrañar el misterio de la muerte de la joven estudiante de Comunicación Social a la que hallaron muerta hace ya 20 años en la vera de la ruta 341, en Tapia.

Hoy la pregunta que se hace, y que derivó en un acalorado debate en las últimas dos audiencias, es cuáles de estos testigos pueden ser clave para demostrar que Soto cometió el crimen y que luego Kaleñuk ayudó a encubrirlo. Es que se trata de un caso que, como ya se dijo, lleva 20 años sin que nadie pueda responder la pregunta que todos se hacen: ¿quién la mató? Y en el medio ya hubo tres juicios orales, con nueve condenados y al menos cinco abreviados. La expresión “al menos” no es caprichosa, aún hoy los jueces cada vez que alguien se sienta a declarar deben preguntarle: ¿usted tiene algún proceso judicial en esta investigación? Ya que no se sabe a ciencia cierta cuántas condenas hubo con esta modalidad de proceso.

Un delito distinto

Pero la inmensa mayoría de los testigos que ya pasaron por los otros juicios deben pasar por este donde se investiga un delito distinto. Es decir, si en los otros debates se buscó desenredar la maraña en torno al encubrimiento (con siete policías, un fiscal y un secretario de Seguridad condenados), en este lo más importante gira en torno al crimen en sí, y a la primera maniobra para deshacerse del cuerpo y proteger a quien fue autor del ataque.

En la audiencia del martes saltó la primera chispa, luego del testimonio del policía Jorge Mazuy, planimetrista, y uno de los primeros que llegó al lugar en el que se encontró el cadáver el 11 de marzo de 2006. El hombre pudo aportar muy poco, No recordaba ni qué ruta era. Ante esto, uno de los vocales, Fabián Fradejas, quien integra el tribunal junto a Gustavo Romagnoli y a Luis Morales Lezica, le sugirió al fiscal Carlos Sale que revisara la lista de testigos y que priorizara a aquellos que pudieran aportar algo para esclarecer esta causa, y ya no el encubrimiento por el cual ya había varios condenados. Es que por ejemplo, en la causa ya pasaron tres hermanos de Soto que dijeron lo mismo, sin aportar en principio ningún detalle desconocido. “Este debate no debe reemplazar a la etapa de instrucción”, dijo el magistrado.

Ayer el fiscal Sale contestó con hechos y con explicaciones. Lo primero que hizo fue desistir de 24 testigos de la lista original (el defensor de Soto, Roque Araujo, pidió que cinco de esos 24 sí declaren y la defensora de Kaleñuk, Candela Álamo, no se opuso al pedido del fiscal). Y luego dio su opinión sobre cómo se lleva adelante el proceso. “Lo primero que quiero dejar en claro es que Mazuy fue mendaz. No tiene vergüenza. Que no sepa decir cuál fue la ruta en la que encontraron a Paulina me parece una falta de respeto. Para mí sí es importante que preste testimonio. Me hice cargo de este juicio una semana antes de que comience. Mazuy no sabía decir ni si la zona estaba precintada”, afirmó. Ante esto, volvió a tomar la palabra el vocal Fradejas. “Lo primero que quiero que quede en claro es que usted tiene toda la libertad para llamar a los testigos que quiera y que puedan sostener su teoría del caso. Lo que yo sugiero es que se revea la lista total de testigos ya que por lo que hemos visto algunos que ya pasaron no tienen nada que aportar a este caso”, explicó. Y luego puso como ejemplo el caso del ex secretario de Seguridad Eduardo Di Lella. “Di Lella ya fue condenado por encubrimiento, ya dijo todo lo que tenía que decir. ¿Qué se gana haciéndolo declarar de nuevo cuando además, por su condición, ni tiene obligación de decir la verdad? Los testigos deben venir para colaborar con este proceso, con esta causa, con esta investigación, no con las anteriores que ya tuvieron su propio debate”, le dijo al fiscal.

Sale contestó que para él “todos los testigos que pide el Ministerio Público Fiscal son relevantes”. Tras esto, tanto Romagnoli como Morales Lezica remarcaron la plena libertad tanto del fiscal como de los defensores para citar a testigos.

Viejas discusiones

El principal problema que enfrenta la causa hasta aquí en ese sentido es que la investigación está basada en su inmensa mayoría en lo que ya se discutió en los juicios anteriores. De hecho, los expedientes de esos juicios y sus particulares etapas de instrucción fueron adjuntadas por completo a este debate. Es decir que la investigación es la misma. Por ejemplo, no se tomaron otras declaraciones en instrucción luego de que se ordenara investigar a Soto en 2019. Son “causas espejo”, pero como advirtieron los miembros del Tribunal, cada una debería tener su propia pesquisa. “Esta no es la etapa de instrucción”, remarcó Fradejas.

Para mayor polémica, durante la audiencia, la secretaria del Tribunal, Nazareth Rodríguez Ponce de León, leyó un informe sobre la salud de Di Lella en el que se detallaba que con el actual cuadro de depresión en el que se encuentra (está con prisión domiciliaria) sería muy difícil que pudiera declarar. Ante esto, Sale desistió de su testimonio.

Pero el problema de los testigos continuó. Es que el primero en declarar fue Marcelo Goitea quien, junto a su hermano Sergio, encontró el cuerpo. Y repitió lo mismo que en los otros debates. Se sabe que la Policía fraguó las actas con su declaración y que ellos mismos fueron amedrentados para que dijeran que en realidad el hallazgo fue producto del trabajo policial. A esta causa no pudo aportar más nada. Y entonces se decidió desistir del testimonio de su hermano, quien estaba esperando fuera de la sala.

Así culminó la segunda semana del juicio. Con la mitad de los testigos previstos ya declarados o desistidos por las partes. Lo que se había convenido en un principio de casi tres meses de juicio se acorta a la mitad. ¿Alguno de los que quedan podrán aportar detalles que permitan resolver el caso? ¿Serán suficientes las pericias informáticas que se realizaron en los teléfonos celulares? Con un proceso de 20 años, ¿se podrá determinar efectivamente quién mató a Paulina? Ninguna de estas preguntas tiene aún respuesta.

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