Postal inesperada en San Juan: la amistad que une a los dos San Martín y desafía al fútbol argentino de las sospechas

A metros del Hilario Sánchez, fanáticos de ambos clubes se reunieron durante la tarde y renovaron el pedido por el regreso de los visitantes.

UNIDOS. Fanáticos de San Martín posan junto a hinchas de su homónimo sanjuanino. UNIDOS. Fanáticos de San Martín posan junto a hinchas de su homónimo sanjuanino. Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas.

En un fútbol argentino cada vez más acostumbrado a las rejas, las prohibiciones y las sospechas, la tarde sanjuanina regaló una postal que conmovió por lo inusual. A metros del ingreso al estadio Ingeniero Hilario Sánchez, varias horas antes del partido que recién comenzaría a las 21.30, empezaron a bajar hinchas de San Martín de Tucumán desde distintos autos, combis y camionetas. No llegaron para esconderse ni para atravesar la jornada con temor, sino para reunirse con los del “Verdinegro”, fundirse en abrazos, compartir charlas, sacarse fotos y volver a demostrar que la rivalidad no siempre está reñida con el respeto.

En un contexto en el que los visitantes siguen suspendidos desde junio de 2023, la escena tuvo un valor todavía mayor. El rojiblanco y el verdinegro se mezclaban en la previa, pero lejos de imponerse la desconfianza, predominaban las sonrisas, las cargadas amistosas y esa alegría de volver a encontrarse. En una época en la que tantas veces se naturalizó el miedo, el fútbol recuperó por un rato una parte de su alma.

La imagen no fue sólo llamativa; también resultó profundamente emotiva porque ya no es habitual en nuestro fútbol. En un ambiente en el que muchas veces se instaló la idea de que el otro representa una amenaza, ver a dos hinchadas compartiendo la tarde funcionó como una pequeña rebelión contra esa lógica.

Había camisetas distintas, claro, pero también códigos comunes, historias cruzadas y una manera parecida de vivir la cancha. Algo similar había ocurrido el fin de semana pasado en La Ciudadela, cuando fanáticos de Nueva Chicago también compartieron la previa con hinchas del “Santo” en una escena que sorprendió justamente por lo poco frecuente.

Esta vez, entre Mendoza y avenida Circunvalación, la postal adquirió otra dimensión. No se trató de una casualidad ni de un momento aislado, sino de la confirmación de un vínculo que lleva años y que sobrevive a las categorías, a los resultados y a las restricciones.

Detrás de esa convivencia hay una historia larga, construida a fuerza de viajes, asados, hospitalidad y una amistad que con el tiempo se volvió parte de la vida.

Claudio Santana, hincha del “Santo sanjuanino”, lo contó con una mezcla de orgullo y memoria. Dijo que la pasión le llegó por herencia familiar, sobre todo por su abuelo, que vivía cerca de la cancha, y recordó que la relación con los tucumanos nació hace casi 30 años, cuando todavía era un chico y viajó por primera vez a Tucumán.

FELICES. Los hinchas realizaron la previa del partido a metros del Hilario Sánchez. FELICES. Los hinchas realizaron la previa del partido a metros del Hilario Sánchez. Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas.

“Yo tendría 13 años cuando fui por primera vez. Éramos pocos: un colectivo y algunos autos. Al principio hubo diferencias, como pasa en todos lados, pero después empezamos a conocernos y terminamos siendo vecinos en el fútbol”, resumió.

En su relato apareció también una anécdota que explica hasta qué punto el lazo entre ambas provincias superó la tribuna. Contó que uno de sus hermanos, ya separado y padre de mellizos, conoció a una tucumana por redes sociales. La idea inicial era viajar un fin de semana para conocerla, pero esos pocos días se transformaron en casi 20.

Después vino el reencuentro, la presentación ante la familia y, finalmente, la decisión de quedarse a vivir en el “Jardín de La República”.

“Al principio lo cargábamos, como se carga en el fútbol, pero después entendimos que estas cosas también forman parte de la historia que se va armando entre los dos San Martín”, señaló.

No fue la única vez que la amistad se expresó fuera de la cancha. Cuando las inundaciones golpearon a La Madrid, Santana también se comunicó con amigos tucumanos para ayudar a su hermano y a otras familias afectadas. Allí, el vínculo entre tribunas se convirtió en solidaridad concreta.

Del lado tucumano, la emoción se sostiene con la misma fuerza.

Miguel Eduardo Lins, hincha del conjunto de Bolívar y Pellegrini, viajó para acompañar al equipo y también para reencontrarse con esos sanjuaninos a quienes considera casi hermanos.

“Salir a ver a San Martín es de las cosas más lindas que me dio la vida. Organizamos el viaje con tiempo, nos juntamos con amigos y cuando llegamos acá compartimos todo con ellos”, contó Lins.

TRANQUILIDAD. A pesar de la presencia de hinchas tucumanos, no hubo disturbios con la parcialidad sanjuanina. TRANQUILIDAD. A pesar de la presencia de hinchas tucumanos, no hubo disturbios con la parcialidad sanjuanina. Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas.

Por su parte, el tucumano Oscar Fernández remarcó que la amistad con los sanjuaninos se sostiene desde hace años a partir del respeto y de los gestos que se repiten en cada viaje. “Siempre nos recibieron bien. Y nosotros, cuando ellos van para Tucumán, hacemos lo mismo: armamos la picada, el asado, los refrescos y compartimos con ellos”, contó. Para Fernández, esa convivencia demuestra que el fútbol puede vivirse de otra manera. “Tiene que volver el visitante. Es hermoso compartir con gente que quiere lo mismo que vos: seguir a su equipo”, aseguró.

En la misma línea se expresó Jorge Abella, otro que viajó para acompañar al equipo de Andrés Yllana y reencontrarse con los amigos de San Juan. “Nosotros tenemos la Peña del Barrio Oeste II y hace años que organizamos estos viajes para venir y encontrarnos con ellos; después ellos también van para Tucumán”, explicó. Para Abella, esa relación es la mejor prueba de que se puede convivir en paz en una cancha. “Hay que vivirlo así, con amistad y respeto. Si ellos nos reciben de esa manera, no veo por qué no podrían volver los visitantes”, planteó.

Desde el lado sanjuanino, Raúl “Turco” Ochi le agregó otra mirada al vínculo. Contó que su generación eligió no repetir ciertas humillaciones que ellos mismos habían padecido de chicos y que entendieron que había que darles otro ejemplo a los más jóvenes.

“La rivalidad no tiene por qué convertirse en enemistad. Se puede cargar, se puede discutir de fútbol, pero siempre con respeto. Eso también hay que enseñárselo a los más chicos. Todos queremos ser parte de una previa. Se tiene que terminar con la violencia que vivimos de chicos”, explicó. En un ambiente demasiado acostumbrado al exceso, esa frase del “Turco” suena casi como una declaración de principios.

Una imagen que pide volver a repetirse

La tarde en el Hilario Sánchez dejó entonces algo más valioso que una postal simpática. Dejó una pregunta incómoda para el fútbol argentino y también un deseo compartido.

Porque si dos hinchadas pueden convivir así, abrazarse, cuidarse y recibir al otro como a un invitado, ¿por qué resignarse a que el visitante sea para siempre una figura prohibida?

Todos los que hablaron coincidieron en lo mismo: los visitantes deberían volver, no sólo porque le devuelven color al espectáculo, sino porque también rescatan una parte esencial de la cultura futbolera.

Lo que ocurrió en San Juan fue la prueba de que todavía existen códigos, amistades y formas de compartir la pasión sin violencia. Entre camisetas verdinegras y rojiblancas, entre anécdotas de rutas interminables, vínculos que cruzaron provincias y familias, y pedidos repetidos para que regrese el público visitante, el fútbol recuperó por un rato una parte de su esencia.

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