RECUERDOS. Pablo señala el escudo de tres puntas, que identifica a toda una época “decana”. FOTO Gonzalo Vera
En medio del mar de camisetas nuevas, modernas y relucientes que inundan los alrededores del estadio de Atlético Tucumán, cada tanto aparece una de ellas. Prendas manchadas, descoloridas, o con el escudo antiguo del club circulan y se roban miradas por donde quiera que vayan.
Faltando casi dos horas para el pitazo inicial, la previa “decana” ya está en marcha. En un escalón de Rivadavia y Uruguay está sentado Franco Navarro, junto a su padre, su hijo y un amigo. Franco lleva colgada en sus hombros una verdadera reliquia. La titular de mangas largas marca Uhlsport, de 1992. “Me la compró mi viejo cuando yo tenía 16 años. Desde los cinco que me trae a la cancha”, relata, mientras su padre escucha con orgullo. Al contrario de lo que se puede pensar, el hombre no la guarda para ocasiones especiales. “Desde hace siete años la traigo todos los partidos. Muchas veces me la quisieron comprar, pero esta no tiene precio”, sostiene. Aunque admite que ya tiene su desgaste, asegura que todavía aguanta, mientras señala algunas roturas propias del paso del tiempo.
HERENCIA. Para Franco Navarro nada cambia en la cancha desde 1992; ni la camiseta, ni la compañía de su padre. FOTO Gonzalo Vera
Esas huellas también se perciben en el cuello de la camiseta Puma que porta Jorge Ale, quien aclara que, aunque posee varias que pertenecieron a jugadores, esa no. “Es de la época del Nacional B. Yo iba siempre de visitante; una vez contra Central Córdoba de Rosario se armó un problema y desde ahí viene esta casaca”, evoca.
No obstante, también hay quienes prefieren “retirar” a sus tesoros más preciados. “Esta que tengo es una réplica, la compré hace poco. Tengo la original pero está muy maltratada ya; la voy a hacer remendar para encuadrarla”, explica Pablo Cano, sobre su modelo de la década del ‘90. Para él, la calidad de antes era superior, y por eso guarda bajo llave otras joyas más modernas, como las del ascenso de 2015, esperando que el paso del tiempo la convierta oficialmente en “histórica”.
Cábalas y sacrificios
A medida que se acerca el comienzo del encuentro, comienzan a aparecer quienes se pasaron la semana buscando cómo ayudar al equipo. Álvaro Fanjul, dueño de una colección de más de 70 casacas, decidió desempolvar un modelo de la temporada 2002/2003 que casi nunca saca del placard. “Hacemos lo que sea con tal de cambiar la suerte”, admite.
Leonardo Lobo comparte esa esperanza. “Siempre uso distintas, pero esta no me la ponía hace mucho; esperemos que nos sirva”, anhela. El algodón, de la temporada 2000/2001, ostenta manchas que en realidad son anécdotas. “Me fui al carnaval con esta puesta y se me manchó; me quería morir”, confiesa entre risas. Fue un regalo de su abuelo que ya tiene destino sellado en las manos de su hijo. Eso sí, el romanticismo tiene un precio: Leo admite que la tela de antes es pesada y calurosa, pero está dispuesto a sufrirla con tal de que el resultado acompañe.
CÁBALA. La camiseta de Leonardo le trajo suerte al equipo de Falcioni.
Al final del día, estas camisetas son mucho más que eso. Son viajes, herencias familiares y amuletos de la suerte. En un fútbol actual con diseños que cambian cada seis meses, los hinchas que eligen las “viejitas” demuestran que, aunque pasen los jugadores y las marcas, hay hilos que son imposibles de romper.



















