Benjamín Gianfrancisco, el tucumano que pedalea hacia Alaska en un mundo convulsionado

Con diabetes tipo uno, Benjamín Gianfrancisco cruza América enfrentando obstáculos dentro y fuera de su cuerpo. Lo que aún le falta.

OTROS ANHELOS. Al llegar a México el tucumano pasará un tiempo allí para desarrollar un proyecto musical. OTROS ANHELOS. Al llegar a México el tucumano pasará un tiempo allí para desarrollar un proyecto musical.
Ariane Armas
Por Ariane Armas 23 Marzo 2026

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Cuando Benjamín Gianfrancisco salió de Tucumán en septiembre del año pasado, el desafío parecía concentrarse solo en la dimensión física. Pedalear miles de kilómetros hasta Alaska, sostener el ritmo, cuidar su salud en ruta. Pero con el paso de los meses, el viaje empezó a revelar otra capa, más impredecible porque el mundo en el que partió ya no es el mismo.

Hoy, con más de 10.000 kilómetros recorridos, su travesía avanza en un contexto atravesado por tensiones. México -uno de los próximos grandes tramos- vuelve a aparecer en las noticias por la violencia vinculada al narcotráfico. Y más al norte, Estados Unidos se mueve en un escenario de conflictos internacionales y clima político incierto.

En ese mapa, él sigue.

“Trato de no dejarme llevar por los miedos que la gente me intenta transmitir. Quiero tener mi propia experiencia”, dice desde Centroamérica.

No obstante, reconoce que la preocupación existe: “Ahora que estoy en la frontera, puedo decirte que está muy caliente el asunto en las calles”.

Postales distintas

Antes de llegar hasta los puntos más críticos de la actualidad, el viaje ya le mostró realidades que no aparecen en las postales. “Es muy diferente a las fotos o videos que podía ver desde mi casa. Por eso me lo tomé personal y busco mostrar esa cara que yo percibo”, explica.

BICI. A Benjamín el viaje lo enfrenta a desafíos y contextos inesperados BICI. A Benjamín el viaje lo enfrenta a desafíos y contextos inesperados

Lo que más lo impactó no fueron los paisajes, sino lo cotidiano. La basura acumulada en rutas y ciudades, naturalizada como parte del entorno. La violencia y la situación de calle. “La calle es mi hogar, porque es donde paso la mayor parte del tiempo de todos mis días”, resume.

Esa experiencia, metro a metro, también lo expuso a escenas extremas. En Colombia, por ejemplo, cruzó el país en medio de un paro armado del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en el que hubo rutas tomadas, atentados y policías asesinados. “Me recomendaron guardarme porque, por ser turista, corría riesgo de secuestro”, cuenta.

De todas formas, en ese mismo escenario encontró una de las marcas más fuertes del viaje. La gente. “La resiliencia del pueblo colombiano no me la voy a olvidar jamás. Más allá de décadas de violencia, siguen sonriendo. Donde suena una salsa, bailan. Son admirables”, cuenta.

Cuidar la salud

La travesía también pone a prueba otro frente igual de importante. Su salud. Con diabetes tipo 1, cada tramo implica una logística paralela. “Trato de tener suministro para varias semanas, pero es difícil conseguir la medicación que uso”, explica.

En Ecuador, incluso, tuvo que modificar su ruta por el faltante de insulina ultrarrápida, un insumo clave para su tratamiento. “Era noticia nacional. Me obligó a irme a Colombia”, recuerda. En el camino, muchas veces debe adaptarse a lo que hay y cambiar de insulina, conseguir nuevos glucómetros o usar los kits más accesibles para poder controlarse.

A eso se suma un contexto alimentario complejo. “La gente come muchos carbohidratos por una cuestión económica. He visto platos con arroz, pasta y papa juntos. Es una locura”, describe, en relación a un factor que incide directamente en la diabetes en la región.

Con todo, no hay lugar para el retroceso. “Abandonar no está en los planes. Tengo un plan A, y un plan B: hacer que funcione el plan A”, dice.

Otros factores

El cuerpo de Benjamín ya sintió el desgaste: calor extremo, humedad asfixiante -hasta 41 grados en Costa Rica-, soledad y dificultades constantes para sostener el tratamiento. Pero el objetivo sigue intacto.

Antes de avanzar hacia Estados Unidos, planea quedarse un tiempo en México para desarrollar su proyecto musical, descansar y gestionar la visa. A pesar de las advertencias, mantiene el optimismo. “Voy de tránsito, enfocado en mi objetivo”, asegura.

En el fondo, el viaje nunca fue solo geográfico. Desde el inicio, su motor es demostrar que la diabetes no define los límites.

“Cuando me diagnosticaron, sentí que empezaba una nueva etapa. Hoy mi misión es dejarle a otros la certeza de que se puede vivir plenamente”, dice el ciclista que comparte todos los detalles de su aventura en las redes sociales, bajo el usuario “benjaenbici”.

Mientras el mundo se vuelve más incierto, él sigue pedaleando.

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