IMPACTO EN LOS BANCOS. Según datos oficiales, la mora del crédito al sector privado alcanzó el 6,4% en enero.
En un contexto de menor demanda de financiamiento y creciente incobrabilidad, los bancos en Argentina profundizan un proceso de ajuste que ya se hace visible: el cierre de sucursales y la reducción de estructuras. La tendencia, que se aceleró en el inicio de 2026, responde a una combinación de factores económicos, regulatorios y tecnológicos.
Según datos oficiales, la mora del crédito al sector privado alcanzó el 6,4% en enero, con un fuerte impacto en los hogares: llegó al 13,2% en préstamos personales y al 11% en tarjetas de crédito, niveles que no se registraban en dos décadas. Este deterioro obliga a las entidades a aumentar previsiones en un escenario de negocios cada vez más complejo.
Menos crédito y más mora: el combo que presiona a los bancos
El freno en el crédito en pesos, que había mostrado dinamismo entre mediados de 2024 y 2025, comenzó a sentirse con fuerza en el último año. En paralelo, creció la dificultad para cobrar préstamos ya otorgados, lo que impacta directamente en la rentabilidad del sistema financiero.
El incremento de la mora no se limita a las familias. También se triplicaron los incumplimientos en el sector empresarial desde junio, especialmente en rubros como hoteles y restaurantes, pesca y agroindustria. Esto refleja las tensiones de una economía que crece de manera desigual, con pocos sectores dinámicos y baja generación de empleo.
Cierre de sucursales y ajuste de estructuras
Frente a este escenario, los bancos avanzan en la reducción de costos. Una de las principales medidas es el achicamiento de su red física. A fines de 2023, el sistema contaba con 4414 sucursales; ese número bajó a 4336 en 2024 y se redujo a 4131 hacia fines del último año.
Este proceso no es nuevo: comenzó a gestarse durante la pandemia, cuando las restricciones impulsaron la digitalización de los servicios financieros. Luego se profundizó con las fusiones entre entidades —como Galicia/HSBC y Macro/Itaú—, que derivaron en cierres para evitar superposiciones.
Sin embargo, en el último año se sumaron nuevos factores, como el aumento de tasas municipales en algunas jurisdicciones y la necesidad urgente de mejorar la eficiencia operativa.
Digitalización y costos en alza
Desde el sector destacan que el cambio en los hábitos de los usuarios es determinante. Actualmente, cerca del 90% de las transacciones se realizan de manera digital, lo que reduce significativamente la necesidad de atención presencial.
En ese marco, los bancos priorizan inversiones en tecnología y amplían esquemas alternativos como corresponsalías —puntos de atención físicos con acuerdos comerciales— para mantener servicios básicos sin sostener sucursales tradicionales.
No obstante, puertas adentro reconocen que la digitalización no es el único motor: la presión por reducir costos es cada vez mayor. Las entidades enfrentan además mayores exigencias regulatorias que las obligan a inmovilizar liquidez y absorber pérdidas financieras, como las registradas tras la caída en la cotización de bonos durante 2025.
Impacto en el empleo y alerta sindical
El ajuste también tiene consecuencias en el empleo. En los últimos dos años se perdieron 7683 puestos de trabajo en el sector bancario, con un 62% de esas bajas concentradas en el último año.
Ante este panorama, el gremio La Bancaria declaró el “estado de alerta y movilización” y denunció presiones y prácticas orientadas a forzar desvinculaciones. Aunque muchas salidas se dieron bajo la modalidad de retiros voluntarios, el sindicato advierte un endurecimiento en las condiciones.
Rentabilidad en riesgo
El deterioro de la calidad crediticia impacta de lleno en los balances. Según especialistas, el ratio de previsiones sobre cartera irregular cayó del 159% al 94% en 2025. Esto implica que cualquier nuevo crédito en mora golpea directamente los resultados.
En la actualidad, los gastos en provisiones por incobrabilidad consumen más del 75% del resultado neto de los bancos, lo que explica la urgencia por ajustar estructuras.
Un sistema en transformación
El sistema financiero argentino atraviesa así una etapa de reconfiguración, en la que convergen la digitalización, la presión regulatoria y las dificultades de la economía real. El cierre de sucursales es solo una de las caras visibles de un proceso más profundo que redefine el modelo de negocio bancario.
A corto plazo, todo indica que la tendencia continuará, impulsada tanto por la necesidad de eficiencia como por un contexto económico que aún presenta fuertes desafíos.





















