“No le emociona el Mundial, sino con quién lo vivirá”: la historia del tucumano que integra la Selección de básquet para atletas con síndrome de Down

Es el único jugador de la provincia convocado para el máximo torneo. Tras formarse en el club Estudiantes y superar las brechas del deporte convencional, Gabriel Salazar se prepara para viajar en junio. Una historia de alto rendimiento, independencia y esfuerzo familiar.

“No le emociona el Mundial, sino con quién lo vivirá”: la historia del tucumano que integra la Selección de básquet para atletas con síndrome de Down
Federico Santilli
Por Federico Santilli 24 Marzo 2026

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Para cualquier deportista argentino, representar al país en un mundial es motivo de orgullo. Gabriel Salazar es la excepción. “No está emocionado por lo que representa jugar un Mundial; su emoción es por compartirlo con la gente que quiere”, contó su mamá, Nancy Urquiza. El 14 de junio, el tucumano de 27 años viajará a Hungría para disputar el Mundial de básquet para atletas con síndrome de Down.

El camino de Gabriel no fue convencional. En una época donde los espacios inclusivos eran reducidos, su familia apostó por un refugio deportivo. "Buscábamos un deporte que no fuera fútbol, ya que a él no le gusta tanto. Con mucho amor lo recibieron en Estudiantes; él era el único con síndrome de Down en el club", recordó. Nancy explicó que llegó una instancia en la que su hijo ya no pudo participar activamente en las divisiones convencionales y cumplió un ciclo.

Luego de irse de las “Cebras”, el destino le tenía preparada una sorpresa. Durante un torneo disputado con su nuevo equipo “Los Soñadores de la Vida” los entrenadores del seleccionado nacional de deportistas con síndrome de Down lo vieron y lo convocaron a su primera concentración. “En 2023 participó con más de 300 chicos y quedó seleccionado. La convocatoria lo hizo participar de su primer torneo internacional en el Cenard, en Buenos Aires, que era el Tri 21”, añadió.

Salazar es un atleta federado internacional. Esto implicó cumplir con normativas de la Sports Union for Athletes with Down Syndrome (SUDS) y adaptarse a la nueva reglamentación de la competencia. "Es un orgullo y un esfuerzo grande para la familia. Ahora hay que empezar a trabajar para que pueda viajar”, explicó su madre, porque participar de la competencia, al igual que de las concentraciones previas en Cañada de Gómez (Santa Fe) y La Pampa, se “sostiene a pulmón”. “Todos los trámites que tenés que hacer son en dólares”, afirmó acerca de las acreditaciones, permisos y análisis que se requieren, que corren por parte del atleta. Sin embargo, el sacrificio valió la pena porque subrayó que su hijo  es ahora “un atleta profesional". No exagera: el nivel de exigencia en las concentraciones nacionales es mucho y, además, Gabriel ya viaja solo desde Tucumán.  Ahora, acompañado por su entrenador Lucas Vega va por más.

“No le emociona el Mundial, sino con quién lo vivirá”: la historia del tucumano que integra la Selección de básquet para atletas con síndrome de Down

La génesis del Mundial

Además de un gran desafío para el atleta tucumano, la cita mundialista representa la consagración para la Federación Argentina de Deportes para Atletas con Síndrome de Down (Fadasd), que cumplió cinco años.

Graciela Breques, fundadora y presidenta de la organización, explicó que la Fadasd nació de algo que notó durante los viajes de competencia de su hijo: mientras otras delegaciones contaban con hasta 30 atletas, la presencia argentina era mínima. Ante esa diferencia, inició una búsqueda.

“Encontré deportistas que ya habían representado al país y hasta obtenido títulos mundiales, pero estaban dispersos”, relató sobre el origen del proyecto. “Somos varios los que estamos trabajando. Este movimiento realmente arrancó en el 2016 con casi 900 atletas y hoy son más de 1.000”, valoró. “Se ve que era una necesidad que no estaba cubierta, por eso surgió toda esta movida”, agregó.

Además, explicó que la institución busca permitir que los atletas compitan en igualdad de condiciones y no en desventaja frente a otras discapacidades intelectuales. “Hay cuestiones que fueron limitando y buscando el camino a que el deporte sea exclusivo para el síndrome de Down”, expresó. Por ejemplo, un atleta con síndrome de Down tiene un promedio de altura de 1,60 metros. En cambio, una deportista con una discapacidad intelectual diferente tiene, por lo menos, 1,70 metros de promedio.

También mencionó que se encontraron con resistencias por parte de algunas federaciones. Sin embargo, remarcó que a ellos les está dando resultados muy positivos, al punto de crecer exponencialmente en cinco años. Recordó que el año pasado obtuvieron el subcampeonato en el Open Europeo en Italia “Vamos a seguir en este camino”, sentenció.

La Fadasd se prepara para que este año la celeste y blanca flamee por Portugal, Suecia, Bulgaria, Hungría. Los mundiales de judo, atletismo, natación, tanto artística como convencional y, por último, el de básquet.

Captación de talentos

“Nosotros apoyamos la inclusividad, o sea, el deporte inclusivo, sobre todo en las primeras etapas del deportista, en las infancias”, explicó la fundadora de Fadasd. A pesar de eso, el deporte impone sus propios tiempos. Graciela advirtió sobre una brecha que aparece cerca de los 15 años, ese momento en que el desarrollo físico de los chicos convencionales se dispara y las distancias en la cancha se vuelven, por biología, más grandes. Allí la Federación interviene para rescatar el talento y transformarlo en uno de alto rendimiento.

A su vez, la Federación busca que los chicos estén en clubes de barrios que cuenten con entrenadores con un cierto nivel de empatía, buena voluntad y predisposición para entrenarlos. “Por esta razón trabajamos mucho con entrenadores personales”, afirmó.

GABRIEL SALAZAR. Con Lucas Vega, su entrenador actual. GABRIEL SALAZAR. Con Lucas Vega, su entrenador actual.

La semilla del sueño

Gustavo “Tavo” Gaete fue uno de los primeros entrenadores de Gabriel. Aún se desempeña como entrenador en Estudiantes. “Gabriel es una persona en la cual uno se refleja cuando quiere inculcar valores a los demás chicos”, destacó.  

Relata que la etapa de “Gabi” en el club fue muy enriquecedora para muchísima gente. Destacó que siempre quiso que Gabriel se sintiera uno más y que siempre encuentre un lugar en donde poder hacer lo que le gusta.

Gaete destacó la buena voluntad que tuvieron los otros chicos y entrenadores, tanto de Estudiantes como la de los otros clubes. “Si tenía que hacer una pausa en un entrenamiento o un partido para que él entre y esté a la altura de todos, lo hacíamos. La verdad que es emocionante en algunos puntos todo lo que se logró alrededor de Gabriel”, recordó.

Por último, habló sobre lo que significa la convocatoria de Salazar al Mundial. “Es un orgullo tremendo. Cualquier persona que no tenga estímulos frecuentes es imposible que llegue a un lugar de esa magnitud. Se trate de la condición de él o de la condición de cualquier otra persona, requiere de mucho esfuerzo por su parte, por parte de la familia y por parte de todo su entorno”, sentenció.

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