¿Cuál es la mayor goleada de Atlético a San Martín? El recuerdo del 6-0 de 1935
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Atlético Tucumán goleó 6-0 a San Martín el 28 de julio de 1935 en el Monumental para alcanzar el liderazgo del torneo tucumano en la mayor goleada de la era profesional.
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Tras un primer tiempo parejo que terminó 1-0, el Decano arrolló en el complemento con goles de Van Gelderen, Penella y Michal, aprovechando el desgaste físico de su clásico rival.
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Este triunfo histórico consolidó a Atlético como campeón anual de 1935 y persiste como el máximo hito estadístico del clásico tucumano avalado por registros periodísticos.
HISTORIA DECANA. Giri y González (izquierda) y Leónidas Van Gelderen, Santiago Michal y el satiagueño Loto (derecha) fueron jugadores clave en el clásico de 1935. ARCHIVO LA GACETA
Aunque algunos con pocas luces, existen triunfos que se guardan en la memoria por el simple hecho de ganar. Pero hay otros que, por el contexto, la magnitud y la forma, se transforman en leyendas de archivo. El domingo 28 de julio de 1935 fue una de esas fechas que marcan un antes y un después en la biografía de una institución. En una tarde en la que el Monumental fue testigo de una superioridad abrumadora, Atlético Tucumán goleó 6-0 a San Martín en lo que hoy se mantiene como un hito ineludible en la historia del fútbol tucumano.
Para los registros modernos, esta victoria representa la mayor goleada oficial de la historia del conjunto de 25 de Mayo y Chile sobre el de Ciudadela, considerando el inicio del profesionalismo en Argentina (1931), según confirma Silvio Nava, historiador del “Decano”. Sin embargo, es necesario hacer un matiz histórico: en aquel entonces, los clubes del interior no jugaban bajo la órbita directa de la AFA, sino que se regían por la Federación Tucumana.
Si rastreamos los orígenes más profundos, Nava aclara que la máxima goleada oficial de Atlético sobre su eterno rival fue un demoledor 10-0 en 1913, según una crónica del diario El Orden. Curiosamente, aquel resultado no pudo reconstruirse a través del archivo de LA GACETA, porque no se encontró rastro de la edición correspondiente al lunes 9 de junio de 1913. Por eso, la gesta de 1935 posee un misticismo especial: es la victoria más abultada que cuenta con el respaldo de crónicas detalladas y páginas amarillentas del diario que certifican la magnitud del dominio “decano” aquella tarde.
Desbordado
La expectativa por ese clásico de invierno era total. Tucumán se detuvo. Según las crónicas de aquel lunes 29 de julio, el partido se jugó ante “mucho público”, una frase que hoy se traduciría como un lleno total. Una multitud desbordó las instalaciones de 25 de Mayo y Chile para presenciar un choque que no sólo ponía en juego el habitual orgullo de cada enfrentamiento entre Barrio Norte y Ciudadela, sino también el deseado liderazgo del campeonato local.
Mientras otros resultados de la jornada pasaban inadvertidos, como el 3-3 entre All Boys y Bomberos o el triunfo de Central Norte ante Obras Sanitarias, el Monumental era una olla a presión. “Es que el clásico tenía que ser eso. No sólo porque los viejos rivales llevan siempre más masa voluminosa; sino porque había una razón tan justificada y poderosa como la igualdad de posiciones de los dos tradicionales contenedores de nuestro fútbol”, rezaba la crónica del día.
El equipo albiceleste supo canalizar esa tensión ambiental y la transformó en una exhibición de fútbol desde el primer movimiento de la pelota.
Un baile inobjetable
El silbato sonó a las 15.30 y, aunque el 6-0 final sugiera un trámite sencillo de punta a punta, la primera parte tuvo cierta cuota de suspenso y paridad. Atlético golpeó temprano, casi desde el vestuario: a los 10 minutos, el santiagueño Loto marcó el primero y desató el festejo contenido. Sin embargo, San Martín resistió el resto de la etapa gracias a una actuación consagratoria de su arquero, Cesarini, quien con intervenciones estelares mantuvo el 1-0 hasta el descanso, dejando una sensación de final abierto.
Pero en el complemento, la resistencia se desmoronó como un castillo de naipes. El “Santo” intentó salir con otra postura, adelantando sus líneas para empujar a Atlético contra su arco, pero esa ráfaga de esperanza fue el principio del fin. Como bien describió la pluma de la época: “Pareció como si San Martín hubiese echado allí toda su reserva de recursos, para comenzar la caída ruidosa que luego debió soportar”.
Lo que siguió fue un vendaval celeste y blanco. Atlético se convirtió en una máquina de ataque directo. El concepcionense Leónidas Van Gelderen anotó el segundo y el tercero de manera consecutiva, quebrando la columna vertebral y la moral del rival. Con un San Martín ya desmoralizado y sin respuestas físicas, Donato Penella -quien supo salir campeón con Boca- puso el cuarto. Loto volvió a aparecer para firmar el quinto tanto del equipo y, finalmente, el histórico goleador Santiago Michal selló la historia desde el punto del penal. Los seis gritos completaron una tarde que rozó la perfección táctica y física.
“La victoria alcanzada ayer a la tarde por el cuadro de Atlético Tucumán frente al de San Martín, es de esas victorias concluyentes, sin peros, sin manchas, sin observaciones”, sintetizó LA GACETA el día después del partido, tal vez aún sin tomar noción de que aquel resultado pasaría a la historia grande del clásico tucumano.
El legado de una era
Más allá del festejo desmedido en las calles de la ciudad, el triunfo tuvo un valor estadístico fundamental para la campaña. Con esos dos puntos (la unidad de medida de aquel tiempo), Atlético pasó a ocupar el primer puesto del certamen de la Federación y se encaminó sin escalas hacia el título anual de 1935.
Aquel 6-0 no fue solo un resultado abultado en una tarde inspirada. Fue la tarde en la que el “Decano” demostró que su ambición no tenía techo. Hoy, esa herida aún está latente en el corazón “santo” y presente en los archivos dorados de la provincia. Así, el domingo 28 de julio permanece como el testimonio más fiel de una de las jornadas más gloriosas de Atlético ante su eterno rival.























