Nobleza obliga: Leandro Díaz, el goleador que Atlético necesita pero que el hincha no perdona

  • Leandro Díaz es el goleador clave de Atlético Tucumán esta temporada, participando en el 43% de los goles del equipo pese a mantener una relación quebrada con la hinchada local.
  • La tensión surgió por altercados con socios y conflictos contractuales. No obstante, la escasez de otros delanteros con gol vuelve indispensable su presencia en el once titular.
  • La permanencia y éxito del Decano dependen hoy de la efectividad de Díaz. El club deberá equilibrar el clima hostil en la tribuna con la necesidad deportiva de sus anotaciones.

GOLEADOR. Leandro Díaz, con cinco tantos, es el goleador de Atlético Tucumán esta temporada. GOLEADOR. Leandro Díaz, con cinco tantos, es el goleador de Atlético Tucumán esta temporada.

En la sociedad feudal, la frase “nobleza obliga” significaba que los nobles debían protección y trato justo a quienes estaban bajo su dominio, independientemente de la clase social. Hoy en día, se usa como una forma elegante de reconocer méritos ajenos, admitir un error o actuar con honestidad. Para el hincha de Atlético Tucumán, nobleza obliga considerar que Leandro Díaz es el arma goleadora más importante que tiene el equipo.

A pesar de que hace tiempo su relación con la tribuna “decana” está rota -especialmente por acontecimientos que trascienden su rendimiento en la cancha- los números revelan que a través del “Loco” llega la gran mayoría de los goles del equipo esta temporada.

Entre el Apertura y la Copa Argentina, Atlético convirtió 14 goles. En seis de ellos (43%), Díaz tuvo participación directa: anotó cinco tantos y brindó una asistencia en sólo ocho titularidades. Nobleza obliga también destacar que tres de sus anotaciones llegaron desde el punto penal y que malogró, justamente, una gran oportunidad desde los 12 pasos en la agonía del empate frente a Aldosivi.

Sin embargo, las estadísticas reflejan una realidad: el delantero tucumano representa una parte fundamental del peso ofensivo, más aún en tiempos donde la falta de precisión aquejó la efectividad del plantel. Para dar una idea de cómo Díaz absorbe casi la totalidad de la responsabilidad, basta ver quiénes lo siguen en la tabla de artilleros; el dato es elocuente: ninguno supera la barrera de los dos goles.

Clever Ferreira -defensor que anotó en los últimos dos partidos- suma dos tantos; Franco Nicola, Nicolás Laméndola, Renzo Tesuri, Maximiliano Villa y Carlos Abeldaño llevan uno cada uno. Así, si el “Loco” no está en su día, a Atlético le cuesta más de la cuenta empujar la pelota al fondo de la red.

¿Cómo le fue al equipo cuando Leandro no fue titular? Perdió dos partidos y empató uno (el mencionado ante Aldosivi). En esos encuentros, ningún otro delantero pudo convertir, salvo Martín Benítez, de penal, en el 1-3 ante Belgrano.

El argumento no se agota en la estadística: se percibe en el campo. Cuando Díaz se ausentó por lesión, Abeldaño mostró entrega e incluso marcó en la derrota contra Instituto, pero pareció faltarle compañía y peso en el área. Al mirar el banco, las opciones se agotan: Ramiro Ruiz Rodríguez no es considerado como “9” y Manuel Brondo, la última alternativa, no ha logrado ganar el puesto con los minutos sumados desde el banco.

El balón detenido

Sacando a Díaz de la ecuación, aparece otro dato importante: de los 14 goles de la temporada, ocho fueron producto de acciones de balón detenido (cuatro penales, tres tiros de esquina y un tiro libre). El equipo genera ocasiones mediante juego fluido, pero no es eficiente al traducirlas en el marcador. El resultado es una dependencia del 57% de la pelota parada.

Una relación quebrada

El mal vínculo entre Díaz y el hincha no es casual. El punto más álgido se produjo en octubre del año pasado, cuando el delantero intentó agredir a un plateísta en un contexto de tensión por un conflicto de premios entre el plantel y la dirigencia. Aunque Atlético aseguró su permanencia, algo cambió con el jugador que supo ser referente: el apoyo incondicional mutó en abucheos y silbidos.

Tras anunciar en redes que se iría, Díaz dio un giro inesperado, solucionó diferencias con la CD y renovó contrato. “No podía irme así”, dijo, buscando empatía. Pero el fanático no olvida. En el debut ante Huracán, debió patear un penal bajo una oleada de murmullos. Convirtió, pero los gestos no bastaron. En marzo, tras el duelo ante Racing, sumó un nuevo capítulo negativo al ser denunciado por un socio tras un altercado a la salida del estadio.

Pese a todo, los días pasan y los números confirman que, por más que al hincha le cueste admitirlo, el equipo lo sigue necesitando. Nobleza obliga: Leandro Díaz es una pieza fundamental del ataque y, de su efectividad, depende gran parte de la tranquilidad del “Decano”.

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