El 13 de agosto de 2025, Osvaldo Jaldo hizo público un movimiento que, con el diario del lunes, devino en un triunfo categórico. “La oferta electoral conseguida pone a Tucumán como la primera provincia del país con un 100% de unidad peronista”, sentenció aquel día al presentar la fórmula que él mismo encabezaba.
En aquel momento, el gobernador celebraba un peronismo provincial “más unido que nunca”, logrando que incluso los sectores más críticos y cercanos al kirchnerismo se sentaran a la misma mesa bajo el sello de “Tucumán Primero”. En cualquier distrito, el movimiento peronista -amplio en lo ideológico y generoso en subdivisiones- funciona como la regla de tres simple: la X se despeja cuando se multiplica y se divide.
Jaldo logró una operación perfecta el año pasado: cosechó casi el 51% de los votos con una lista que aglutinó desde los “anti-Milei” más radicales hasta los dialoguistas del partido de Perón. Sin embargo, esa foto de familia hoy tiene los bordes quemados.
Aquella cohesión que el tranqueño defendía como un escudo ante las turbulencias nacionales empezó a mostrar sus grietas. El diputado nacional Pablo Yedlin no anduvo con vueltas en el noticiero de LA GACETA Play: aseguró que no habrá una réplica de esa alianza de cara a 2027. La razón, según el médico, es el incumplimiento de la palabra. Yedlin sostiene que el gobernador dinamitó los puentes de confianza al no cumplir con las condiciones que aceitaron el acuerdo del 25.
Para el diputado, la unidad no puede ser un cheque en blanco ni un simple “amontonamiento electoral”. “La unidad tiene que tener un rumbo claro; no puede estar a costa de los objetivos que tenemos”, venía advirtiendo. La crítica de fondo es que, mientras Jaldo se abraza a la gestión de la Casa Rosada para garantizar la “paz social” y el pago de sueldos, ciertos sectores sienten que se están entregando las banderas históricas.
“El éxito que tuvimos en la última elección -fruto del acuerdo entre Jaldo, Juan Manzur y Javier Noguera- después no se respetó. El gobernador no cumplió: Noguera debía integrar el bloque de Unión por la Patria y, si el peronismo sumaba otras bancas, se irían al bloque Independencia. Eso fue lo pactado y no se cumplió. Eso, dos veces no va a pasar”, afirmó Yedlin, quien dijo que ya trabaja en la construcción de un peronismo nítidamente opositor.
Inestabilidad manifiesta
De esta manera, el diputado expuso en público lo que se mascullaba en privado: la unidad de 2025 fue volátil y el presente es de una inestabilidad manifiesta. Varios factores alimentan esta “interna fría” en el peronismo comarcano.
Uno es el laberinto nacional. El justicialismo hoy convive entre el liderazgo de Cristina Kirchner, la gestión de Axel Kicillof, la búsqueda de resurrección de Sergio Massa y la resistencia de gobernadores como Ricardo Quintela. En ese tablero, la división le suma a Milei y le resta al PJ. También a Jaldo. El gobernador sufre ese desconcierto identitario porque hay quienes apuestan a ubicar como enemigos a los mandatarios dialoguistas, golpeándolos por sus yerros de gestión como una vendetta por su sintonía con la Casa Rosada. Fuego amigo.
Bajo el paraguas de “Tucumán Primero”, Jaldo intenta surfear los chirlos de sus compañeros, argumentando que prioriza la gestión provincial por sobre lo ideológico. Pero el descontento también brota desde abajo. Hay dirigentes que se autoperciben claves en el triunfo de 2023 y que, tras dos elecciones, siguen esperando que las mieles del poder los alcancen. En cambio, se encuentran con el desierto del ajuste. “Jaldo los tiene secos”, grafican en los pasillos de la Legislatura, en cuyas poltronas se sientan varios “descontentos”. En lo ideológico, otro sector interpreta lo mismo. Ahí entra el discurso de Yedlin, cuyas palabras resumen lo que en algunos ámbitos de poder se murmura: Jaldo no representa al peronismo tradicional, que no admite un Gobierno central que protesta de la justicia social, de los derechos de los trabajadores y de la universidad pública y gratuita.
Una variable más conspira contra el peronismo de unidad que supo forjar Jaldo: el factor Chahla. La intendenta de San Miguel de Tucumán mantiene un silencio que parece distraído, pero es más bien prudente o programado. La jefa municipal recibió más empujones que mimos desde el 26 de octubre del año pasado desde el entorno del mandamás de la Casa de Gobierno. En el edificio central del poder interpretan que en realidad es al revés. Sea como fuera, el resultado de un quiebre político entre Chahla y Jaldo es incierto. ¿Quién podría perder más? ¿Quién de afuera se beneficiaría más?
Son especulaciones que agitan el calendario electoral de 2027, cuyos tiempos se anticiparon (en Tucumán se votaría entre abril y junio) y cuya pirotecnia pública solo parece amainar ante la tregua obligada por los fuegos de artificio del Mundial 2026. La duda persiste: cuando la pelota deje de rodar, ¿quiénes quedarán en la cancha para jugar el segundo tiempo del peronismo tucumano?






















