Atlético volvió a tropezar con su viejo problema y la racha afuera se hizo todavía más pesada

Ni el penal atajado por Ingolotti, ni la ausencia de Di María, ni las chances del “Loco” Díaz alcanzaron para que el “Decano” cortara su larga sequía como visitante.

Atlético volvió a tropezar con su viejo problema y la racha afuera se hizo todavía más pesada Foto de Héctor Rio / Especial para La Gaceta.

Tal como se presentó, era la noche ideal para que Atlético diera un golpe sobre la mesa y pusiera el punto final a una increíble racha de más de 14 meses sin ganar como visitante. Pero al “Decano” suelen faltarle “cinco para el peso”, y esta vez, ni la ausencia en Rosario Central de su estrella Ángel Di María, ni el tempranero penal atajado por Luis Ingolotti, ni las clarísimas ocasiones por triplicado de Leandro Díaz para sellar su doblete personal, torcieron el destino de un nuevo regreso a Tucumán con la frente marchita.

A falta de “Fideo”, Jaminton  “Bicho” Campaz hizo magia en el “Gigante”, con dos asistencias notables para que un ícono como Alejo Véliz rompiera dos veces su ayuno goleador que databa de siete partidos. “Loco” Díaz, en cambio, se quedó con las ganas de más, pese a haber aportado su cuota. Fue un 2-1 a favor del “Canalla”, que bien podría haber sido un resultado diferente.

Un gran Ingolotti amenazó con reescribir el guión del partido a los 11 minutos. De “villano” (a los ojos de muchos hinchas “decanos” por algunas pobres actuaciones previas) a “héroe”, por detener el penal de Véliz y, como yapa, por quedarse con el rebote del colombiano Jáminton Campaz.

A partir de entonces, y durante un buen rato, Central estuvo groggy. Atlético dispuso de cuatro chances para empatar, la más clara un travesaño que hizo Nicolás Laméndola.

La visita parecía tener todos los boletos para romper el cero, pero no: también Véliz comenzó a hacer su recorrido de “villano” a “muchachito” de la película, con ese preciso cabezazo a los 30.

El equipo de Julio César Falcioni tuvo un mérito: en lugar de venirse abajo por lo que pudo haber sido y no fue, salió en busca de la igualdad.

Para que ésta se plasmara coadyuvaron dos factores: la tercera “macana” al hilo del joven paraguayo Luca Raffin y el oficio sin época de Díaz a los 37, para sacar provecho de toda oportunidad, como su raza de goleador lo demanda.

La chapa empatada en uno al final del entretiempo le hacía justicia a un primer tiempo entretenido y en el que Atlético había estado a la altura.

En el tablero previo, Falcioni casi no movió fichas, todo lo contrario que su colega Jorge Almirón. El “Emperador” amagó en la semana con presentar una línea de cinco, pero finalmente decidió prescindir del “colectivo”.

En contraposición, Almirón guardó bastante de cara al debut del jueves en Copa Libertadores ante Independiente del Valle, aunque nobleza obliga, las circunstancias fueron “tiranas” con el ex técnico de Boca.

La lista de bajas incluyó a cuatro lesionados, además del desgarrado Di María. Sí sorprendió el entrenador al dejar en el banco a Jeremías Ledesma y apostar por Jorge Broun, vital más tarde.

No tener a “Fideo” enfrente suponía, claro, un alivio para Falcioni y los suyos. Pero con bajas y todo, la jerarquía se le cae de los bolsillos al “Canalla”: Campaz, quien venía de marcar ante Francia con la selección colombiana, la rompió en el complemento.

Los errores del "Decano" en el fondo

El anfitrión se le fue encima al “Decano”, pero con ello también quedó más expuesto atrás. Broun se vengó del “Loco”. Almirón respondió con el ingreso de un segundo nueve. E Ingolotti se mandó otra gran tapada ante un misil de Campaz.

Y Díaz definió mal de zurda en una jugada que podría haber cambiado la historia, y ponerle fin a una mala racha que, hasta el momento, parece no tener fin.

El partido ya estaba inscripto en un ida y vuelta frenético, de trámite indescifrable y resultado incierto. Hasta que otra vez el colombiano desbordó y Véliz empujó al gol.

La derrota condena a Atlético por “eso” que le viene faltando y que lo suele dejar con las manos vacías o llevándose menos de lo merecido. Ni hablar en calidad de visitante.

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