Atlético Tucumán: un equipo que resiste, pero no sabe ganar

El “Decano” volvió a caer como visitante ante Argentinos y expuso un problema de fondo: su plan le alcanza para resistir, pero no tiene respuestas cuando necesita ir a buscar el partido.

NO PUEDE CORTAR LA MALA RACHA. El último triunfo del Decano fuera de casa fue el 24 de enero de 2025, cuando venció por la mínima a San Martín de San Juan. NO PUEDE CORTAR LA MALA RACHA. El último triunfo del "Decano" fuera de casa fue el 24 de enero de 2025, cuando venció por la mínima a San Martín de San Juan. Hernán Mauricio/ Especial para LA GACETA.
Benjamín Papaterra
Por Benjamín Papaterra 18 Abril 2026

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Atlético tiene una propuesta clara: anular al rival. Es una marca registrada de Julio César Falcioni. Lo hizo en todos sus equipos y no parece dispuesto a cambiar. Es su libreto. Esa apuesta, guste o no, tiene un límite evidente: puede servir para rescatar algún punto, pero cuando el equipo queda en desventaja, no tiene respuestas. Se ahoga, se plancha y termina vacío. Y, hasta ahora, no le está dando resultados al “Decano”: sigue sin levantar de visitante, no suma fuera de casa desde agosto de 2025 (la última vez fue en el 2-2 frente a Sarmiento de Junín) y volvió a dejar una imagen pobre fuera de Tucumán. Esta vez cayó 1-0 ante Argentinos, en un partido en el que mostró muy poco.

No se le exige dominar todos los partidos. Pero sí buscar ganar. Y ese impulso parece haberse perdido hace tiempo. No es un problema nuevo: lo padecieron Facundo Sava, Lucas Pusineri, Hugo Colace y ahora Falcioni. Como si fuera un ciclo que se repite en 25 de Mayo y Chile. En La Paternal volvió a quedar expuesto. Intentó sorprender en el arranque con la velocidad de Nicolás Laméndola y una aparición de Renzo Tesuri, pero fue apenas un espejismo. Un oasis en medio de un desierto de creatividad. Después, todo fue resistir: cerrar espacios, correr detrás de la pelota y esperar. Una propuesta demasiado corta para un equipo que necesita volver a ganar. Sí, porque el triunfo es más urgente que sumar puntos. ¿Por qué? La respuesta es simple: el “Decano” tiene que volver a creer en sí mismo, y volver a ser ese equipo que le plantaba cara a cualquier rival fuera de casa.

Argentinos tuvo la pelota, pero tampoco fue profundo. Circuló, buscó por afuera y llenó el área de centros sin destino claro. Pero aun así, le alcanzó. Porque del otro lado, Atlético nunca encontró una forma de competir el partido desde otro lugar. El equipo de Falcioni estaba un ritmo abajo.

La imagen más clara se dio en el carril derecho: Facundo Jainikoski fue una pesadilla para Maximiliano Villa. El uruguayo intentó amedrentarlo en los primeros minutos con una dura patada, pero ese golpe tuvo el efecto contrario: en vez de apagarlo, lo encendió. Y empezó una función en la que mostró recursos técnicos (como un sombrerito) y centros con mucha peligrosidad. Y esa diferencia de velocidad no solo se vio en ese sector, sino en casi toda la cancha.

Las malas noticias tampoco tardaron en llegar: además de la lesión de Kevin Ortiz (desafectado en la previa), Tesuri sufrió una molestia en pleno partido. Ramiro Ruiz Rodríguez intentó cambiar la imagen y le imprimió mayor velocidad al ataque, pero sin alterar demasiado la estructura. Argentinos, por su parte, aceleró y terminó encontrando el gol a través de un cabezazo de Tomás Molina.

Ese golpe obligó a Atlético a salir un poco más. Intentó adelantarse, empujar, buscar alguna fisura en la defensa rival. Pero no tuvo herramientas. Leandro Díaz no gravitó, Laméndola no logró desequilibrar y el mediocampo nunca pudo soltarse. Todo quedó en intentos aislados, sin continuidad ni profundidad.

Ahí está el problema de fondo. Atlético juega a no perder, pero no sabe cómo ganar. Y en el fútbol actual, ese equilibrio es cada vez más difícil de sostener. Porque cuando el plan se rompe (y siempre se rompe en algún momento), el equipo queda expuesto, sin variantes, sin reacción.

El resultado de todo esto es claro: el “Decano”, luego de los dos partidos que tiene por delante (Banfield, en casa, y River, en el Monumental), entrará en un largo período de inactividad. Y no hay nada peor para un equipo que quedarse sin competencia o peor aún, sin objetivos. Porque cuando ya no se pelea por nada, el vacío pesa más que cualquier derrota.

Falcioni tiene una idea clara. El plantel la ejecuta. Pero el contexto exige algo más. Exige riesgo, ambición, decisión. Exige volver a competir desde otro lugar. Porque si no, cada salida fuera de Tucumán será una repetición de la misma historia: un equipo que resiste y que termina cediendo. Y cada semana sin competir puede transformarse en un paso más hacia ese vacío que hoy empieza a asomar.

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