La ilusión de la grieta en Tucumán y el enigma de los 10 puntos

Las encuestas comienzan a dar indicios sobre lo que podría suceder en los comicios provinciales de 2027. Sin embargo, los escenario son diversos y, por ende, los resultados aún inciertos

La ilusión de la grieta en Tucumán y el enigma de los 10 puntos
Indalecio Francisco Sanchez
Por Indalecio Francisco Sanchez 21 Abril 2026

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

Las encuestas que hoy permiten contar con algunos indicios sobre la política tucumana son observadas con atención desde los despachos de la Casa de Gobierno y desde las oficinas porteñas de La Libertad Avanza, más allá que suelen ser interpretadas como un duelo de titanes en el vacío.

Los informes de Hugo Haime y Julio Burdman proponen una provincia partida al medio, un ring donde solo respiran Osvaldo Jaldo y Lisandro Catalán. Sin embargo, en esta geografía donde el “aparato” y la “revolución” se miran con recelo, la clave de la supervivencia no reside en la polarización extrema, sino en la administración inteligente de las fugas. La verdadera batalla por el 2027 no se librará en el centro de la escena, sino en los bordes: allí donde habitan esos alrededor de 10 puntos porcentuales que hoy parecen huérfanos pero que tienen el poder de ungir a un ganador o sepultar un proyecto de poder.

Miremos el tablero opositor bajo la lupa de la “tercera vía”. El radicalismo, hoy desdibujado en las encuestas binarias, conserva en la figura de Roberto Sánchez un capital que nadie debería subestimar. Si el exintendente de Concepción decide capitalizar su imagen positiva -que ronda el 40%, según Haime- para estructurar una candidatura propia, el efecto sobre las aspiraciones libertarias sería importante. En Tucumán, un “tercer hombre” que capture ese voto que busca un cambio racional, pero que aún desconfía del vértigo de Catalán y Javier Milei, actúa como un techo de cristal para la oposición. Paradójicamente, una oferta electoral potente de la UCR o de un frente intermedio terminaría siendo el mejor seguro de vida para el oficialismo provincial, fragmentando el voto “no peronista” y facilitado la continuidad del jaldismo en el poder. Ese es uno de los escenarios.

¿Todos juntos?

Por el otro lado, el oficialismo tucumano camina sobre un cristal igualmente delgado: la fantasía del peronismo monolítico. La historia nos enseña que en Tucumán el PJ solo pierde cuando se parte, y hoy existen sectores que miran con extrañeza el idilio estratégico entre Jaldo y la Casa Rosada. Si en 2027 aparece una vertiente más recostada en la identidad doctrinaria o kirchnerista que decida “jugar por afuera” -aunque sea para marcar terreno-, el drenaje de votos podría ser resultar complejo para el jaldismo. De hecho, el diputado nacional Pablo Yedlin ya avisó que de cara a los comicios provinciales del año próximo no será tan sencillo llegar a un acuerdo con el espacio que lidera el gobernador. Yedlin incluso sostuvo que se incumplieron acuerdos internos del peronismo a los que se había llegado el año pasado, en las elecciones de medio término, por lo que el sector del justicialismo que está en las antípodas de Milei parece dispuesto a complicar la unidad del espacio para el año próximo

Bastaría con que esa disidencia le arrebate ocho o 10 puntos al oficialismo para que la ventaja territorial se acorte. En ese escenario de atomización peronista, los 30 puntos que hoy proyecta el “viento de cambio” libertario serían suficientes para obtener un triunfo. Es, hasta aquí, otra foto de lo que podría ocurrir el 2027.

La economía, como bien marcan ambos consultores, será el verdugo o el motor de estas estrategias. Si la recesión se profundiza y el “voto esperanza” de LLA empieza a desteñirse, los libertarios necesitarán imperiosamente que no aparezca un Sánchez que les dispute la bandera del cambio. Por el contrario, si la gestión de Jaldo sufre el desgaste de la falta de recursos nacionales, su única tabla de salvación será garantizar que la oposición llegue al cuarto oscuro dividida en tres o cuatro pedazos. La política tucumana ha dejado de ser una autopista de dos carriles para convertirse en una mesa de tres patas donde el equilibrio es precario; quien logre que la tercera silla sea ocupada por alguien funcional a sus intereses, habrá ganado la mitad de la elección antes de que se abra la primera urna.

Finalmente, cabe el análisis de que las encuestas de Haime y Burdman son mapas de un territorio que todavía está en plena mutación geológica. Lo que hoy se presenta como un mano a mano excluyente es, en realidad, una fase de ablande donde ambos bandos intentan asustar a los indecisos y disciplinar a los propios. El desafío para Jaldo es que su alianza con la Rosada no lo desdibuje hasta volverlo irreconocible para el peronista de base; para Catalán, el reto es convencer al círculo rojo de que el “aparato” no es invencible y que su candidatura tiene piso pero también techo. Mientras tanto, en los márgenes del 10%, se cocina la verdadera noticia: en Tucumán, el que sabe dividir al adversario suele ser el que termina multiplicando sus propias chances de victoria.

Comentarios