Conocé el rincón de Colalao del Valle que da nombre a una bodega que nació con una historia de amor

  • Javier Díaz y Elena Trejo fundaron en 2014 Finca La Orilla, una bodega boutique en Colalao del Valle, Tucumán, que combina producción vitivinícola propia con enoturismo regional.
  • Surgida de una historia de amor, la bodega hoy posee tres etiquetas y un viñedo de casi una hectárea. Ofrecen experiencias turísticas con degustaciones y comidas típicas al fuego.
  • El emprendimiento fortalece la oferta de enoturismo en el Valle Calchaquí. Representa el crecimiento de pequeños productores locales que apuestan a la calidad y el desarrollo rural.

PAREJA. Elena Trejo y Javier Díaz son quienes producen los vinos de la bodega colaleña. PAREJA. Elena Trejo y Javier Díaz son quienes producen los vinos de la bodega colaleña.
Edu Ruiz
Por Edu Ruiz Hace 2 Hs

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"La finca donde vivimos y pensamos hacer el proyecto queda en la orilla del pueblo de Colalao del Valle. La gente le dice a ese sector 'la orilla'. Después el pueblo se expandió un poco más, pero quedó así". Con esa explicación sencilla y de arraigo popular, Javier Díaz revela el origen del nombre de su bodega: Finca La Orilla. El proyecto nació en 2014 junto a su esposa Elena Trejo y hoy produce 4.000 litros de vino al año, entre malbec, cabernet sauvignon y un reconocido torrontés cosecha tardía que bautizó como Helena.

"Finca La Orilla es un pequeño proyecto que nace en 2014. Elena y yo empezamos a comprar uva. Empezamos con poquito, 100 litros en ese año. Me acuerdo que era un vino enológicamente correcto. No estaba tan rico, pero tampoco tenía defectos", recuerda Díaz, de 43 años, en diálogo con LA GACETA.

El nombre del primer vino no fue casualidad. "Mi cuna" se llamó aquel malbec, y la elección de la palabra fue doblemente significativa: su esposa estaba embarazada de Francisca, su primera hija, y al mismo tiempo hacía referencia a la tierra donde nacía ese vino. "Mi cuna es una frase ambigua por el nacimiento, y también hace referencia a la tierra donde nace este vino", explica el enólogo.

Hoy, la bodega ofrece tres etiquetas principales. El emblemático "Mi cuna", un malbec 100% joven, sin paso por madera, que Díaz define como "un malbec típico de nuestros vinos de altura, con mucho cuerpo, mucho aroma, nos representa totalmente el terroir de acá". En 2016, con el nacimiento de Ernestina, la segunda hija del matrimonio, surgió "Finca La Orilla Blend", un malbec-cabernert sauvignon que descansa seis meses en roble francés: "Nos gusta la madera, pero que no tape lo frutal ni las especias", aclara. Y el "Helena", un torrontés cosecha tardía (vino dulce) que nació como un regalo de cumpleaños para su esposa. "Mi esposa se llama Elena, pero yo le puse ‘Helena’ con H, como Helena de Troya. Ese vino se fue haciendo reconocido en Tucumán, igual que el ‘Mi cuna’", cuenta orgulloso.

Además, un año elaboraron "Coya", un vino de uva criolla cuya etiqueta tenía un chullo (gorro con orejeras tejido en lana de alpaca) y se volvió un fenómeno comercial. "Se vendía mucho por la etiqueta. Llevábamos 50 cajas a Buenos Aires y era el primer vino que se terminaba, porque entraba mucho por la vista. Y es un vino de uva criolla, más fácil de tomar para la gente que no está en el mundo del vino", recuerda Díaz.

Si bien la bodega compra uva a productores de la zona y trabaja bajo el sistema de maquila (los productores entregan la uva y reciben vino), hace un par de años Díaz y Trejo decidieron dar un paso más: plantar sus propias vides. "Pusimos nuestro viñedito acá en Colalao, son plantas chiquitas. Ya plantamos casi una hectárea", explica. Las cepas elegidas son malbec y cabernet sauvignon. "El Malbec es la cepa emblemática, y el Cabernet Sauvignon a mí me gusta particularmente", agrega.

La producción fue creciendo con los años. En 2024 alcanzaron su máximo histórico: 7.000 litros. En 2025, por un problema familiar, no elaboraron. Este año retomaron con 4.000 litros. "Participamos en varios eventos y concursos en Mendoza, ganamos premios", cuenta Díaz, quien además es docente en la carrera de Enología del Instituto de Educación Superior de Colalao del Valle, una escuela que él mismo vio nacer.

La apuesta al enoturismo

Javier y Elena no solo venden vino. Hace años abrieron las puertas de su bodega para recibir turistas. "Donde hacemos el vino hacemos degustaciones. Trabajamos mucho con maridajes, hacíamos eventos, almuerzos. Recibimos contingentes de 10, 15, 20 personas. A mí me gusta cocinar, así que hago costillar, pizzas a la parrilla, todo lo que se hace con fuego", describe.

La bodega está ubicada en Colalao del Valle, "pasando la plaza yendo a Cafayate, una cuadra pasando la plaza, frente al hospital, frente al CAPS". El lugar es un fondo amplio con pileta mucha sombra. "Ahí recibimos a los turistas", comenta el propietario de la bodega y detalla que las degustaciones con comida se hacen principalmente por encargo, aunque en fines de semana largos, vacaciones de verano o eventos como el Día del Malbec, suelen estar más abiertos al público.

A futuro, el proyecto apunta a consolidarse en el enoturismo. "La idea es más adelante hacer un tipo barcito, una bodega, una enoteca. Apostar al enoturismo. Apostar a vender no solo el vino afuera, sino que sea acá", afirma Díaz.

Para el enólogo, la identidad de nuestro vino está clara: "Son perfiles de vinos de altura. El “Helena” es un vino dulce, se siente la característica típica de esta cepa, con mucha fruta como durazno". Y sobre el “Mi cuna”, sentencia: "Es un malbec típico de altura, con mucho cuerpo y aroma. Representa totalmente el terroir".

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