Trabaja en un ingenio, juega sin dormir y volvió a Bella Vista para cumplir un sueño
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Nicolás Herrera regresó a Bella Vista para disputar la Liga Tucumana 2024 mientras trabaja en el ingenio local, con el objetivo de consagrarse campeón en su club de origen.
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Luego de un paso por el Federal A en Lincoln, el volante priorizó la estabilidad de su empleo fabril. Hoy entrena con escaso descanso debido a los turnos rotativos de la zafra.
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Su caso expone el sacrificio del deportista del interior que balancea el fútbol con el trabajo. Su presencia eleva las expectativas de éxito para la comunidad de Bella Vista.
DOBLE JORNADA. A la izquierda, Nicolás Herrera traslada la pelota a máxima velocidad con la camiseta de Bella Vista; a la derecha, el volante se gana el pan de cada día en el ingenio de la ciudad.
La banda derecha es, prácticamente, su hábitat natural. Si la pelota viaja al ras del suelo, marca la diferencia con una velocidad eléctrica; si el partido se vuelve áspero y el centro llega por aire, se impone con la fuerza de su salto. Hace tiempo que Nicolás Herrera es reconocido como uno de los grandes talentos del fútbol tucumano. El Club Sportivo Bella Vista lo vio crecer, el ingenio local le da sustento diario y ahora, a los 26 años, el volante regresó a su tierra para cumplir una deuda que siente propia: gritar campeón con la camiseta del “Gaucho”.
Entre el vapor de la zafra y el polvo del potrero, Herrera empezó a cultivar sus sueños desde las inferiores del club sureño. Esperó años el momento de pisar el estadio principal como jugador de Primera y en 2016 lo consiguió. “Son sensaciones muy lindas. De chico iba a la cancha y soñaba con representar a mi pueblo. Cuando debuté sentí algo único; siempre quise jugar en Primera y más en Bella Vista”, confiesa.
Su talento no pasó desapercibido. Herrera siempre fue un jugador distinto, de esos que obligan a los rivales a tomar recaudos especiales. Sus condiciones fueron el motor de aquel equipo que alcanzó el subcampeonato anual en 2021 -año en el que se consagró Unión del Norte- y el argumento principal para disputar múltiples ediciones del Regional Amateur. Hasta que, finalmente, llegó el ansiado salto nacional.
La aventura del Federal A
En 2024 mudó su velocidad a Lincoln, Buenos Aires, para vestir la camiseta de El Linqueño en el Federal A. Sin embargo, el profesionalismo lejos de casa le mostró una cara amarga. “Fue una experiencia única conocer el país y canchas de buen nivel, pero no fue lo que esperaba en cuanto al trato. Por ahí dejás todo por perseguir tus sueños, llegás allá y tenés un maltrato, no tenés la comodidad que prometen y eso te la baja un poco. Tenés que lidiar con eso un año solo y se me fueron las ganas”, asegura con sinceridad.
“Dejar todo por los sueños”, dice Herrera, y no es una frase hecha. Para jugar en Lincoln, debió pedir una licencia especial en el Ingenio Bella Vista, donde trabaja en el área de mantenimiento. Fue una apuesta a todo o nada que le permitió entender dónde estaba parado: “A futuro, el Federal no me salvaba económicamente. Tenía pensado que si me iba bien podía aspirar a más, pero tuve que volver a Tucumán a trabajar. Uno piensa en el mañana y, para mí, el fútbol ya no es para vivir de él, sino para disfrutarlo mientras el trabajo me dé el tiempo”, dice el volante.
El sacrificio de la zafra
La rutina de Herrera es un testimonio del esfuerzo del futbolista del interior. Hace tres años que forma parte de la fábrica y, cuando llega la época de zafra, los turnos rotativos se vuelven un rival más difícil que cualquier marcador de punta. “Una semana entro a las seis de la mañana, la otra a las dos de la tarde y la siguiente a las diez de la noche. A veces salgo de trabajar y tengo que ir directo a entrenar o a jugar. El cuerpo pasa factura”, explica.
Esa fatiga acumulada entre calderas y motores se siente en el campo de juego: “Hubo partidos a los que fui con lo poco que dormí después de trabajar. Ahí te das cuenta de que el cuerpo y la cabeza no reaccionan igual. Uno quiere estar al 100%, pero por ahí llegaba apenas a un 70%”. A sus 26 años, Herrera es consciente de que las prioridades cambiaron: “Mi responsabilidad hoy es el trabajo. El fútbol son momentos de felicidad, pero a veces pienso que ya se me pasó la edad para aspirar a más”.
Vuelta al pago
Tras un paso fugaz por Talleres de Perico para disputar el Regional Amateur -donde alcanzó la final y cayó por penales ante Tucumán Central-, el volante decidió que era momento de volver a las fuentes. “Volví a Bella Vista más que nada por el trabajo y para no andar a las apuradas. La gente me pedía que regrese y quiero devolverles ese cariño”, afirma.
Hoy, mientras alterna su trabajo en pleno ritmo de zafra con los entrenamientos y los partidos, “Nico” no deja de pensar en cada fin de semana. El “Gaucho” ya está en competencia en la Liga Tucumana y él es una pieza clave de esa ilusión. Entre el calor del ingenio y el verde del césped, Herrera sigue corriendo con la misma velocidad de aquel chico que iba a la tribuna, pero con la madurez de quien entiende que la gloria más linda es la que se festeja con los propios. En Bella Vista, el sueño de la corona está más vivo que nunca.




















