El drama de la familia de Leonel Vega: el ómnibus se rompió y temen no llegar al duelo entre Atlético y Talleres

  • La familia de Leonel Vega viaja de Tucumán a Rosario en un colectivo que se rompió, peligrando su llegada al debut del volante de Atlético ante Talleres en la Copa Argentina.
  • Un desperfecto varó el micro por cuatro horas, extendiendo el viaje a 18 horas. Su familia intenta acelerar el trayecto y oculta el percance al volante para no desconcentrarlo.
  • La travesía expone el esfuerzo a pulmón y el trasfondo humilde de las familias de futbolistas del interior para acompañar el debut de sus hijos en el máximo nivel nacional.

SONRÍEN A PESAR DE TODO. Los padres y la novia de Leonel Vega no ven las horas de llegar a Rosario para poder ver en acción al volante tucumano. SONRÍEN A PESAR DE TODO. Los padres y la novia de Leonel Vega no ven las horas de llegar a Rosario para poder ver en acción al volante tucumano. Foto de Diego Caminos

La imagen es elocuente. Sólo seis personas copan un colectivo de línea que viaja desde Tucumán con destino a Rosario. Entre los pasajeros, César Vega, Rosa Salinas y Nicole Vier se desparraman sin cesar en sus asientos. Pasan un mate, comparten una galletita y se levantan para hablar con el chofer. El viaje estima unas cuatro horas de demora debido a un inconveniente técnico en el camino, lo que significa que la familia de Leonel Vega , el "5" tucumano que será titular en el esquema de Julio César Falcioni frente a Talleres , podría no llegar a tiempo para ver al protagonista desplegar su juego en el césped del Coloso del Parque Independencia.

Rosa, su madre, intenta complotar al resto de los pasajeros para que el transporte no realice ninguna parada técnica en el camino. “Nos dicen que son 15 minutos, pero ese tiempo a nosotros nos sirve muchísimo”, dice con desesperación. El trayecto para ver por primera vez a su hijo jugar en Primera División fuera de la provincia se extenderá de las 14 horas habituales a casi 18 de travesía. La impaciencia y la ansiedad crecen con el pasar de los minutos.

“Estamos un poco nerviosos a ver si llegamos a la cancha en horario. Tuvimos un inconveniente con el colectivo y todavía faltan varias horas para arribar a Rosario, pero Dios quiera que podamos estar a tiempo para hacerle el aguante a Atlético, a ‘Leo’ y a todos los chicos. Estoy recontra ansioso, ya no veo la hora de entrar al estadio y verlo a él”, confiesa César, su papá, mientras las palabras le salen solas, casi como un mecanismo de descarga para ganarle al silencio.

Cuando ve al cronista de LA GACETA acercarse a su asiento, Rosa sonríe. Sabe que tiene un aliado más en esa unidad, alguien que necesita llegar a destino con la misma urgencia. Casi con intenciones de juntar firmas, vuelve a pararse para hablar con el conductor. Siente que el vehículo se mueve demasiado lento; pide, al menos, aumentar la velocidad de 90 km/h a 92 km/h.

“Ahora tengo una mezcla de sentimientos. Estoy ansiosa, tengo un poquitito de miedo, pero tratamos de sacar el temor y confiamos en que vamos a llegar en horario. Parece que el colectivo no se mueve más, va a paso de tortuga. La ansiedad es porque estoy acostumbrada siempre a estar una hora o media hora antes en la cancha para verlo, no me gusta llegar sobre la hora. Estoy ansiosa por entrar al estadio y por verlo jugar”, explica la mamá, cuya única contención actual es aferrarse a la fe.

VARADOS. El ómnibus en el que viajan los padres de Leonel Vega estuvo al costado de la ruta durante cuatro horas, debido a un desperfecto técnico. VARADOS. El ómnibus en el que viajan los padres de Leonel Vega estuvo al costado de la ruta durante cuatro horas, debido a un desperfecto técnico. Foto de Diego Caminos

Lujos ausentes y la estrategia del engaño

En el asiento de atrás, su novia Nicole no sabe si intentar dormirse o fingir estar distraída con la pantalla de su celular. Unos segundos más tarde, revela que se encuentra chateando con el volante tucumano de 22 años, aunque con una estrategia particular. “Le estoy mandando mensajes diciéndole que ya vamos a llegar. Él no va a estar tranquilo hasta que no sepa que ya estamos en el estadio, porque está acostumbrado a que siempre estemos temprano. La verdad es que tengo miedo y quiero llegar ya para verlo y esperarlo afuera como siempre", cuenta sobre su plan para no alterar la concentración del mediocampista en la previa del encuentro.

La charla en el pasillo del ómnibus gira inevitablemente hacia él. La escena lo pide de forma orgánica: dos padres y una pareja haciendo un viaje interminable para presenciar noventa minutos de fútbol. Estamos hablando de un futbolista de la máxima categoría, pero en este rincón de la ruta no existen los aviones privados, los vuelos chárter ni los lujos de primera línea. Hay humildad. Es una familia de trabajadores acompañando a pulmón el sueño de su hijo, quien hoy vivirá su debut absoluto en el gran escenario de la Copa Argentina.

"Para mí esto es un sueño. Es un sueño verlo acá, lo que él está viviendo y pasando, porque pasó por muchas cosas y mucho sacrificio. Siendo un papá futbolero, para mí es emocionante y muy gratificante verlo dónde está”, relata César con un orgullo que le rebalsa en la mirada.

“Nos tocó pasar por momentos muy difíciles. Superó obstáculos que por ahí quizás otro chico no lo hubiese logrado. A sus 13 años se fue a vivir solo a Córdoba para jugar en Talleres y bueno, después le tocó quedar libre. Luego jugó en Newell's, pero por un tema de la pandemia se tuvo que volver. Yo pienso que ahí aprendió muchísimas cosas, a ser fuerte y a saber superarse día a día. Ahí se terminó dando cuenta de que su sueño era jugar al fútbol y vivir todo lo que está viviendo ahora”, repasa el padre del volante.

La personalidad de Leo dentro de la cancha es otro de los puntos que sostiene la charla en medio del asfalto. “A mí me sorprende su carácter. Gracias a Dios, estando en momentos tan difíciles, que creo que no son para cualquiera, él lo tomó con mucha tranquilidad. Contra Gimnasia nos emocionamos todos en la tribuna cuando terminó el partido. Y contra Banfield, cuando le tocó entrar a la cancha, se le cayeron las lágrimas. Nos hizo emocionar a todos porque se le pasaron millones de cosas por la cabeza, según me contó. Verlo ahí es algo inexplicable”, agrega Vega.

El don de la paciencia y el soporte familiar

Con el correr de los kilómetros, el diálogo adquiere un tono más íntimo. Preguntar sobre las raíces del futbolista enciende de inmediato las emociones de una madre que sabe de distancias. "Con Leonel tengo una relación muy linda. Tuvimos mucho tiempo de estar separados cuando él estuvo en Córdoba, pero hoy por hoy puedo hablar mucho con mi hijo de muchísimas cosas. Me aboco mucho a tratar de fortalecerlo en cuanto a su pensamiento, a que él entienda que este camino que eligió es una carrera difícil en todos los ámbitos, pero que tiene que tener mucha fe. Mucha fe y mucha confianza en lo que Dios le dio a él, que es un don que no todos tienen. Desde el lado de mamá, estoy ahí acompañando, dándole amor, mimándolo y dando lo mejor de mí, porque es lo que hace una madre".

A su lado, Nicole (23) se suma como el eslabón necesario para el soporte anímico diario. ”Ser la pareja de un futbolista requiere tener mucha paciencia. Hay veces en que las cosas por ahí no salen dentro de la cancha y tenés que estar ahí para apoyarlo, motivándolo para que esté bien y levantándole la cabeza. Por ahí viene con algunos bajones y una tiene que saber cómo levantarlo como sea. Prácticamente estamos juntos todos los días y él, sin dudarlo, siempre recurre a mí, a su mamá, a su papá y a sus hermanos. Como él dice, son una familia de cinco y cuando está bajón, encuentra la tranquilidad en nosotros".

El micro continúa avanzando por la ruta nacional, ajeno al torbellino de emociones que se vive en su interior. Quedan kilómetros por recorrer, el segundero no detiene su marcha y el inicio del partido se aproxima de forma inexorable. Mientras tanto, en los asientos, desparramados, la familia Vega sigue pasando el mate, mirando de reojo el velocímetro del tablero y controlando la pantalla del celular. El "5" de Atlético saltará a la cancha a jugar una “final” por la Copa Argentina; mientras en la ruta, su círculo más íntimo corre su propia carrera contra el reloj, empujando el colectivo con el deseo intacto de ocupar sus lugares en la tribuna del Marcelo Bielsa antes de que comience a rodar la pelota.

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