De capitán de Los Pumitas a dejar el rugby en pleno crecimiento: la historia de Santiago Guzmán

  • Santiago Guzmán, ex-capitán de Los Pumitas en el Mundial 2009, es recordado en Tucumán tras el retiro obligado que sufrió en 2010 por una grave lesión cervical en pleno crecimiento.
  • Durante la formación del sistema PladAR, Guzmán lideró al seleccionado juvenil. Sin embargo, un diagnóstico de canal cervical estrecho en Francia truncó su carrera a los 21 años.
  • El surgimiento de nuevos líderes como Tomás Dande reactiva el legado de Guzmán. Su historia resalta la importancia de la salud en el alto rendimiento y la vigencia del rugby tucumano.

Santiago Guzmán. Santiago Guzmán.
Hace 1 Hs

El nombre de Santiago Guzmán vuelve a tomar fuerza en Tucumán cada vez que aparece un nuevo capitán en Los Pumitas. No es casual: durante años, fue el último representante de la provincia en llevar la cinta del seleccionado juvenil, hasta la reciente designación de Tomás Dande para el Rugby Championship M-20.

Su historia mezcla orgullo, liderazgo y un final abrupto que todavía resuena en el rugby tucumano. “Fue una experiencia muy grande, una responsabilidad enorme representar a tu club, a tu provincia, a tu familia y a tus amigos”, recuerda sobre el Mundial M-20 de 2009, disputado en Japón. “Para mí fue un orgullo muy grande y una alegría poder asumir ese rol”, indica.

Guzmán llegó a ese torneo como parte de una generación que empezó a transitar una transformación clave en el rugby argentino: el desarrollo del alto rendimiento. “En esos años se empezaba a formar todo lo que hoy es el sistema del PladAR. Ya teníamos otra base, otra preparación, y eso nos permitía llegar mejor a este tipo de competencias”, explica.

La capitanía no fue una sorpresa aislada, sino el resultado de un proceso. Ya había sido líder en etapas previas, pero la confirmación llegó en una gira antes del Mundial. “Nos lo comunicaron los entrenadores en una charla con todo el grupo. Fue un momento muy especial, porque se dio delante de todos, en un espacio de mucha confianza”, cuenta.

Ese equipo, según describe, tenía algo que iba más allá de lo técnico. “Había un grupo muy bien preparado y un clima humano muy bueno. Eso hacía que todo fuera más fácil: cada uno sabía lo que tenía que hacer y la responsabilidad que teníamos”, señala.

Las giras previas, como una por Francia antes del Mundial, ayudaron a consolidar ese sentido de pertenencia. “Se fue generando una base de grupo muy fuerte. Compartir tanto tiempo juntos te da un conocimiento distinto del compañero”, agrega.

Sin embargo, el liderazgo a esa edad también implicaba desafíos. “Muchas cosas las vas aprendiendo con la experiencia. Lo importante es transmitir compromiso, actitud y responsabilidad”, reflexiona. “Seguramente me equivoqué en algunas cosas, pero eso también es parte del aprendizaje”.

Más de una década después, Guzmán mira el presente con otra perspectiva. “Hoy los chicos llegan más preparados, con más herramientas, incluso desde lo psicológico. El rugby también evolucionó en ese sentido”, analiza.

Lo que no sabía -y que lo sorprendió- es el peso simbólico que había tenido su capitanía. “No sabía que había sido el último tucumano en ese rol”, admite. Y enseguida valora la aparición de nuevas camadas: “Tucumán siempre fue una cuna de grandes jugadores. Que vuelva a haber un capitán de la provincia es algo muy lindo para todos”.

Pero su historia no se explica solo por lo que logró, sino también por lo que no pudo continuar.

En 2010, cuando apenas tenía 21 años, viajó a Francia para sumarse al Stade Français. Allí, en una revisión médica, recibió un diagnóstico que cambiaría su carrera: canal cervical estrecho. Se trata de una condición en la que el conducto medular es más angosto de lo normal, lo que puede generar riesgos graves ante impactos.

Desde el club francés le advirtieron que difícilmente podría volver a jugar. Ya de regreso en Argentina, estudios realizados junto al cuerpo médico de Los Pumas confirmaron el diagnóstico, aunque con un enfoque menos terminante. Aun así, el riesgo era alto. Y la decisión, inevitable.

Guzmán tuvo que dejar el rugby, en pleno crecimiento deportivo. “Me alejé un tiempo, porque fue algo muy de golpe”, cuenta. “Era muy chico y tuve que dejar de un día para el otro”, dice.

Con el tiempo, el vínculo con Tucumán Rugby volvió a aparecer. “El club es mi segunda casa. Me formó, me dio amigos, me enseñó mucho”, dice. Hoy sigue ligado desde otro lugar: trabaja en la cantina y colabora con divisiones formativas. “Trato de aportar desde donde me toque. Es algo recíproco: cuando sos chico te forman, después te toca devolver”, cuenta.

Su recorrido quedó marcado por una carrera corta, pero intensa. “Tuve el privilegio de formar parte de grandes equipos y conocer grandes personas. Todo eso me quedó para la vida”, asegura.

La historia de Santiago Guzmán es, en definitiva, la de un capitán que representó a toda una provincia y que, pese a un final inesperado, sigue siendo una referencia silenciosa. Porque en el rugby, como en la vida, no todo se mide en años de carrera. A veces, alcanza con haber dejado una huella.

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