El particular pedido de Falcioni que cambió la rutina del plantel de Atlético Tucumán

  • Julio César Falcioni implementó desde ayer almuerzos obligatorios para el plantel de Atlético Tucumán en el predio Ojo de Agua para fortalecer la convivencia y la identidad grupal.
  • La medida incluyó renovar infraestructura y supervisión nutricional durante una semana de entrenamientos a doble turno, mientras el equipo aguarda fecha para la Copa Argentina.
  • Esta rutina busca profesionalizar hábitos y consolidar la unión del grupo antes de la licencia de mayo, proyectando un equipo competitivo para los desafíos del segundo semestre.

DETRÁS DE ESCENA. La nutricionista Belén Varela (izq.) y el cocinero Lucas Estoica (der.) fueron parte del engranaje que se encargó de cumplir con creces el pedido de Falcioni. DETRÁS DE ESCENA. La nutricionista Belén Varela (izq.) y el cocinero Lucas Estoica (der.) fueron parte del engranaje que se encargó de cumplir con creces el pedido de Falcioni.

El sonido de los tapones contra el cemento del complejo Ojo de Agua ya no marca el final de la jornada para los jugadores de Atlético Tucumán. Desde ayer, el ritual cambió. La tensión acumulada por un torneo Apertura áspero desde los puntos y el rigor de la competencia dieron luz a una nueva etapa sin fútbol, pero mucho más distendida. El nuevo clima se materializa en un pedido expreso de Julio César Falcioni: a partir de ayer, el plantel profesional inauguró la modalidad de almuerzos obligatorios en el predio, una medida que trasciende lo gastronómico para convertirse en un pilar de su gestión: la construcción de identidad grupal a través de la convivencia.

En un contexto donde la actividad futbolística oficial entró en un impasse, el cuerpo técnico identificó una oportunidad de oro para fortalecer los lazos humanos y unificar criterios de conducta. La implementación de esta rutina responde a una filosofía que el “Emperador” ha pregonado a lo largo de su extensa carrera: los partidos se empiezan a ganar en los detalles del día a día.

Una logística de Primera

Para que el comedor estuviera a la altura de las expectativas, la institución debió realizar un movimiento relámpago en sus oficinas administrativas. Entendían que, para que el pedido se cumpla, no se trataba sólo de cocinar, sino también de crear un entorno profesional y saludable para los protagonistas.

Los responsables directos de la operatividad diaria -el colaborador José Luis Medina, los cocineros Silvana Quiroga y Lucas Estoica, junto a la mirada clínica de la nutricionista Belén Varela- realizaron un inventario detallado de lo que faltaba para convertir un salón de usos múltiples en un comedor a la altura del pedido del DT.

El listado llegó a manos del vicepresidente Ignacio Golobisky, quien coordinó la compra inmediata de vajilla, manteles, sillas y tablones nuevos. La inversión, aunque parezca técnica, es una declaración de principios: dotar al complejo Ojo de Agua de una infraestructura que permita al jugador sentir que no necesita salir del club para tener lo mejor. “Con ‘Nacho’ hicimos la movida y se compró todo lo necesario. Hoy el comedor ya está listo para usarse a pleno”, confiaron desde las entrañas del complejo.

Menú de lujo

El estreno del menú fue recibido con entusiasmo por los futbolistas. Bajo la estricta supervisión de Varela, la dieta de ayer consistió en pata muslo deshuesado con papas al horno y chips de batata, acompañados por una variada barra de ensaladas para garantizar la carga de micronutrientes necesaria tras el desgaste físico.

El detalle dulce lo dio el postre “vigilante” (queso con dulce de batata o membrillo), un clásico que permitió una licencia controlada dentro de un régimen estricto en el que el agua mineral es la única bebida permitida. “Si no, nos mata la nutricionista”, bromearon algunos de los colaboradores.

El clima durante el almuerzo fue descrito por los presentes como “espectacular”. Entre las mesas, las risas y las anécdotas fluyeron con naturalidad, cumpliendo el objetivo de Falcioni de generar un espacio de unión y distensión. El cierre de la comida tuvo un tinte emotivo y de reconocimiento: un cerrado aplauso de todo el plantel para Silvana y Lucas, los cocineros, validando el esfuerzo de quienes trabajan detrás de escena.

Mientras los jugadores compartían la sobremesa, Falcioni mantuvo su perfil habitual de líder observador. El DT almorzó en su oficina y se dedicó a planificar a fondo el segundo turno de la tarde, siempre atento a que la “obligación” de quedarse se transformara, orgánicamente, en un momento de disfrute para sus dirigidos.

Agenda

Esta nueva dinámica se enmarca en un microciclo de alta intensidad. El “Decano” se entrena a doble turno (el segundo comienza puntualmente a las 16.30) y mantendrá este ritmo de jueves a domingo. El objetivo es claro: llegar con el ritmo físico al máximo nivel para cuando la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) defina oficialmente la fecha del cruce de 16avos de final contra Talleres de Córdoba por la Copa Argentina.

En este escenario de exigencia, aparece también la figura de una de las noticias más dolorosas que recibió el club en las últimas horas: el estado físico de Gastón Suso, quien se rompió los ligamentos en la histórica victoria sobre River. “Suso está fuerte, es muy profesional”, comentan en el predio. El jugador ha mantenido charlas constantes con Falcioni para alinear expectativas. La meta está fijada en el horizonte de enero: que el central inicie la pretemporada al 100% de sus capacidades, listo para pelear un lugar en el equipo para 2027.

El horizonte cercano

El plantel continuará bajo este régimen de concentración diaria hasta el 24 de mayo, fecha en la que los jugadores entrarán formalmente en licencia. Hasta ese día, el Ojo de Agua será el búnker donde se cocinen -literal y metafóricamente- las aspiraciones de un Atlético que busca recuperar su mejor versión de cara al próximo semestre.

Así, con el grupo unido frente al plato, la disciplina nutricional controlada y la infraestructura renovada, el equipo de Falcioni entiende que la profesionalidad no es un acto, sino un hábito que se cultiva todos los días, incluso después de que el silbato marca el final del entrenamiento.

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