Luego de que el 30 de abril el Organismo Regulador de Seguridad de Presas (Orsep) informara que no hay inconvenientes para elevar el nivel del embalse El Cadillal hasta la cota máxima (607,50 metros sobre el nivel del mar), se han dado por completados los trabajos realizados para solucionar las filtraciones en la presa número 3. Consecuentemente, se realizó el martes un acto, encabezado por el gobernador Osvaldo Jaldo, junto a funcionarios, por la finalización de las obras de reparación y remediación de la presa, ejecutada, según se destacó, con recursos propios tras la falta de respuesta del Estado nacional y de la empresa concesionaria del complejo.
El problema se había detectado hace tiempo aunque se hizo público en 2023. En ese momento hubo gran inquietud, si bien se especificó qe no había riesgo de rotura del dique, y las tareas, con idas y vueltas, insumieron una inversión que superó los $15.000 millones y permitió recuperar plenamente la operatividad del embalse, fundamental para el abastecimiento de agua potable y la actividad productiva de Tucumán.
Según se informó, el deterioro de la estructura incluía filtraciones y asentamiento en el murallón. Debido a esa situación, el Orsep había reducido la cota máxima del embalse a 604 metros, una diferencia de 3,50 metros en toda la extensión del lago. Además, las filtraciones alcanzaban los 15 litros por segundo. Tras la ejecución de los trabajos, ese volumen descendió a 2,50 litros por segundo.
El gobernador explicó que la Provincia solicitó autorización al Orsep para avanzar con la obra y anticipó que se inició un reclamo judicial contra la concesionaria Hodroeléctrica Tucumán para recuperar los fondos invertidos. Durante el acto, Jaldo remarcó que tanto el mantenimiento como la reparación de la represa correspondían al Gobierno nacional y a la empresa privada concesionaria, pero aseguró que ninguna de las partes actuó a tiempo.
El ministro de Obras Públicas, Marcelo Nazur, detalló que la obra incluyó más de 8.000 metros de perforaciones y la inyección de más de 500 toneladas de lechada de cemento para rellenar cavidades generadas durante los 60 años de funcionamiento de la represa.
El dique abastece de agua potable al 70% de la población del Gran San Miguel de Tucumán y también provee recursos hídricos a industrias, ingenios azucareros, la producción citrícola y el sistema de riego agrícola.
Tras el fin de la emergencia, corresponde atender varias cuestiones de importancia. Una es programar acerca de lo que se requiere en el embalse, que ya se encuentra colmatado casi en un 50%, y que es la principal fuente de agua potable en la provincia, mientras se espera que avancen las obras del nuevo acueducto de Vipos. Otra es la situación de la Hidroeléctrica, cuya concesión vence dentro de muy poco tiempo y aunque pudiera ser renovada, se plantea el debate sobre qué condiciones e inversiones hacen falta para mantener el embalse. Tal como se ha visto en ese conflicto, alguien deberá hacerse cargo y esa gran discusión debe estar en la política oficial sobre el agua.

















