Cómo el CPU puede reducir la exclusión social en la capital tucumana

Arquitectos enumeraron propuestas para el próximo marco urbanístico de la ciudad en el Concejo. ¿Qué pasa con los barrios populares?.

ANÁLISIS URBANÍSTICO. Profesionales de distintos sectores trabajan en la reforma del Código de Planeamiento para San Miguel de Tucumán. la gaceta / foto de diego aráoz ANÁLISIS URBANÍSTICO. Profesionales de distintos sectores trabajan en la reforma del Código de Planeamiento para San Miguel de Tucumán. la gaceta / foto de diego aráoz

Desde la incorporación de infraestructura ferroviaria hasta la creación de un banco de experiencias para eficientizar la inversión en los barrios populares. En el último debate por la reforma del Código de Planeamiento Urbano (CPU), el análisis del sector arquitectónico fue más allá de las reglas de edificación y abordó propuestas para reducir la fragmentación social en San Miguel de Tucumán.

El Concejo Deliberante capitalino es sede de las audiencias públicas que planifican el marco urbanístico que regirá en las próximas décadas. Esta semana, la comisión especial presidida por el edil Facundo Vargas Aignasse e integrada por el asesor municipal Luis Lobo Chaklian recibió a Paula Boldrini, docente e investigadora del Conicet-UNT, y a Guillermo Soler, del Colegio de Arquitectos de Tucumán.

Boldrini partió de un diagnóstico del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap) que indica que 71 de los 150 barrios populares del Gran San Miguel de Tucumán (más de 20.000 familias) se encuentran en la Capital. “La ciudad tiene la posibilidad ejemplificadora de hacer algo para generar procesos de integración sociourbana”, resaltó.

Motor de participación

La arquitecta mencionó que una de las potencialidades que existen en los sectores más empobrecidos son las necesidades identificadas allí, entendidas como “motores de procesos participativos”. “Cada barrio tiene una necesidad que lo caracteriza y que permitiría generar procesos con rescate de identidades. Hay cohesión social, solo que está deteriorada. En los barrios populares lo primero que nos piden es trabajar sobre el espacio público”, contó Boldrini, que participa de proyectos en las zonas vulnerables.

La profesional buscó desestigmatizar a este sector de la población y separarlos del flagelo de la droga. “En los barrios populares hay muchísimo interés por participar de procesos que los saquen de esa situación, el tema es qué tipo de recursos estamos dispuestos a poner a disposición para ellos”, planteó.

Además, Boldrini ofreció como propuestas la creación de un banco de experiencias autogestivas para priorizar la inversión de los recursos públicos (“la gente sabe lo que quiere y cómo, ¿por qué no escucharlos?”, dijo) y el armado de una red productiva para transformar las estructuras delictivas. “La única manera que tiene de desarrollarse un territorio equilibrado es con fuentes de trabajo, porque es el desmantelamiento de la estructura productiva lo que llevó a que tengamos la población concentrada en ciudades y, aún superior, lo que genera el avance de las drogas y el microtráfico”, fundamentó.

La arquitecta agregó: “la verdadera integración no es solamente generar puentes, sino generar sectores que se vinculen con otros. Ese nivel de alienación es un nivel desconocido para muchos sectores y profesionales que después van a trabajar en estos barrios y no saben cómo operar”.

Transporte alternativo

En tanto, el arquitecto Soler expuso sobre qué hace falta en la Capital para una mejor explotación del espacio urbanístico. En primer lugar, resaltó que el éxito del área metropolitana dependerá, en gran medida, de los enfoques que se le dé a la movilidad urbana. Consideró que debería desincentivarse el uso del automóvil, y en cambio, potenciar el uso de bicicletas y transportes alternativos.

Así fue como llegó a la sugerencia de incorporar infraestructura ferroviaria dentro del ámbito metropolitano. “A nivel de movilidad va a ser extraordinario este cambio para el área metropolitana, resucitando el tren de cercanías”, indicó.

Asimismo, Soler propuso fortalecer el sistema de transporte público de pasajeros; exigir cocheras para la construcción de inmuebles; promover la construcción de edificios para estacionamientos sin afectar el pulmón de manzana, “para que desaparezca el estacionamiento en la calle”, y fomentar un modelo de desarrollo urbano basado en la capacidad de soporte de la infraestructura.

Durante su exposición, el representante del Colegio de Arquitectos sostuvo que la conectividad digital debe ser planteada como un servicio básico y que se debe tener en cuenta el impacto ambiental en las condiciones de edificación. Habló de coordinar con el Siprosa y con el cuerpo de bomberos voluntarios nuevos cuarteles que se acerquen a los distintos barrios, y también de incentivar la unificación de lotes y la construcción de torres de perímetro libre.

Soler aconsejó dividir la ciudad en distritos temáticos. Según su visión, podría existir un distrito histórico “que incentive el mantenimiento de las características identitarias de Tucumán”, y luego uno de innovación tecnológica, como los que poseen las ciudades más importantes.

El arquitecto también sugirió la creación de un “distrito del río Salí”. “Sería una idea más ambiciosa para generar una reserva ecológica y manejar el tema de los asentamientos en la ribera del río”, explicó. Por último, Soler consideró que un distrito de la economía naranja debería explotar toda la oferta cultural de San Miguel de Tucumán. “La Municipalidad tiene que aprovechar ese enorme capital”, resaltó.

Comentarios