03 Mayo 2002
El sector agroalimentario sigue produciendo, y cuánto. La cosecha de trigo no fue récord porque los rendimientos sufrieron por causa del agua. El total del área sembrada se incrementó respecto de la campaña anterior. Se espera otro récord en la producción de soja (aunque al momento del cierre de este informe las lluvias hacían peligrar este pronóstico). En general, los márgenes brutos de todos los cultivos mejorarían notablemente a partir de la devaluación, aún con las retenciones y el aumento de los insumos importados.
Asimismo, se reabrieron mercados de carne luego de haberse controlado el brote de fiebre aftosa. Las 10.000 toneladas adicionales de la cuota Hilton permitiría recuperar, en parte, las pérdidas del año pasado. El problema que está enfrentando el sector es la insuficiencia de predios inscriptos y autorizados para proveer ganado a la Unión Europea, lo que podría dificultar el cumplimiento de la cuota Hilton.
El tema que ha copado los titulares es el de la lechería. Los precios recibidos por los tamberos disminuyó notablemente y, aducen los productores, no cubren los costos de producción. El tema es complicado por varias razones: primero, se está produciendo al estilo norteamericano con una curva de oferta más o menos constante a lo largo del año, incluido el invierno, lo que encarece la producción. Si se copiara a Nueva Zelanda, la producción de leche seguiría la producción de pasturas y así se abaratarían costos. En segundo lugar, al no haber ninguna regulación ni diferenciación de precios para leches con distintos destinos, cualquiera puede entrar a producirla, incrementando la oferta. Esto, frente a una demanda más o menos estabilizada -el mercado interno, aún sin crisis, no absorbe nuevos productos luego de la década pasada y la exportación enfrenta mercados muy protegidos- lleva, necesariamente, a la baja de precios.
Tercero, la demanda a tambos es oligopsónica, la oferta está totalmente atomizada, no existe regulación ninguna -como si sucede en todos los países productores- por lo que la capacidad de negociación es muy baja. El precio mínimo reclamado ahora, sin venir acompañado de cambios estructurales del sector, como los mencionados, no parece una solución sustentable a mediano plazo.
Por el lado de los competidores, Estados Unidos aprobó una nueva ley agrícola que significaría un incremento en el precio sostén del trigo de $15,43 por tonelada, lo que seguramente redundará en un incremento del área sembrada y una mayor oferta en los mercados internacionales.
En soja, podría bajar el precio sostén y revertirse así la tendencia histórica al incremento de oferta. China, por su parte, estaría aplicando nuevamente normas para OGM que podrían afectar las exportaciones argentinas a ese país. Brasil sigue en una fuerte campaña de incremento de su producción cárnica y se consolida como un importante competidor en volumen y precios. No en calidad.
Seguimos preguntando si no es hora de pensar seriamente en una venta de carnes "Río de la Plata", donde el volumen de la cuenca, vendido en forma conjunta, daría una enorme fuerza de negociación y de promoción. Cada país tiene algo que ofrecer al conjunto: Brasil, volumen de producción, Uruguay, credibilidad y la Argentina, calidad.
La industria alimentaria tuvo una importante caída en los dos primeros meses del año. La devaluación ya comenzó a reflejarse en el incremento de precios internos. Según el indicador que se tome y los productos incluidos, se estiman subas que oscilan entre el 6% y el 50%.
Finalmente, pareciera que las exportaciones comienzan, tímidamente, a repuntar.
Seguimos teniendo una visión optimista respecto de las exportaciones basados en: mejora de competitividad por la devaluación en todo el conjunto de productos, a lo que se añade el recupero de precios mundiales de algunos productos y la reapertura de mercados de carnes para la Argentina. En síntesis, el peor trimestre de los últimos años, pero con algunos síntomas positivos en lo productivo, que, en definitiva, es lo que crea la riqueza necesaria.
Asimismo, se reabrieron mercados de carne luego de haberse controlado el brote de fiebre aftosa. Las 10.000 toneladas adicionales de la cuota Hilton permitiría recuperar, en parte, las pérdidas del año pasado. El problema que está enfrentando el sector es la insuficiencia de predios inscriptos y autorizados para proveer ganado a la Unión Europea, lo que podría dificultar el cumplimiento de la cuota Hilton.
El tema que ha copado los titulares es el de la lechería. Los precios recibidos por los tamberos disminuyó notablemente y, aducen los productores, no cubren los costos de producción. El tema es complicado por varias razones: primero, se está produciendo al estilo norteamericano con una curva de oferta más o menos constante a lo largo del año, incluido el invierno, lo que encarece la producción. Si se copiara a Nueva Zelanda, la producción de leche seguiría la producción de pasturas y así se abaratarían costos. En segundo lugar, al no haber ninguna regulación ni diferenciación de precios para leches con distintos destinos, cualquiera puede entrar a producirla, incrementando la oferta. Esto, frente a una demanda más o menos estabilizada -el mercado interno, aún sin crisis, no absorbe nuevos productos luego de la década pasada y la exportación enfrenta mercados muy protegidos- lleva, necesariamente, a la baja de precios.
Tercero, la demanda a tambos es oligopsónica, la oferta está totalmente atomizada, no existe regulación ninguna -como si sucede en todos los países productores- por lo que la capacidad de negociación es muy baja. El precio mínimo reclamado ahora, sin venir acompañado de cambios estructurales del sector, como los mencionados, no parece una solución sustentable a mediano plazo.
Por el lado de los competidores, Estados Unidos aprobó una nueva ley agrícola que significaría un incremento en el precio sostén del trigo de $15,43 por tonelada, lo que seguramente redundará en un incremento del área sembrada y una mayor oferta en los mercados internacionales.
En soja, podría bajar el precio sostén y revertirse así la tendencia histórica al incremento de oferta. China, por su parte, estaría aplicando nuevamente normas para OGM que podrían afectar las exportaciones argentinas a ese país. Brasil sigue en una fuerte campaña de incremento de su producción cárnica y se consolida como un importante competidor en volumen y precios. No en calidad.
Seguimos preguntando si no es hora de pensar seriamente en una venta de carnes "Río de la Plata", donde el volumen de la cuenca, vendido en forma conjunta, daría una enorme fuerza de negociación y de promoción. Cada país tiene algo que ofrecer al conjunto: Brasil, volumen de producción, Uruguay, credibilidad y la Argentina, calidad.
La industria alimentaria tuvo una importante caída en los dos primeros meses del año. La devaluación ya comenzó a reflejarse en el incremento de precios internos. Según el indicador que se tome y los productos incluidos, se estiman subas que oscilan entre el 6% y el 50%.
Finalmente, pareciera que las exportaciones comienzan, tímidamente, a repuntar.
Seguimos teniendo una visión optimista respecto de las exportaciones basados en: mejora de competitividad por la devaluación en todo el conjunto de productos, a lo que se añade el recupero de precios mundiales de algunos productos y la reapertura de mercados de carnes para la Argentina. En síntesis, el peor trimestre de los últimos años, pero con algunos síntomas positivos en lo productivo, que, en definitiva, es lo que crea la riqueza necesaria.















