10 Mayo 2002
En Tucumán, los cultivos hortícolas bajo cubierta se realizan en módulos de 1.000 m2 de superficie, implantando la misma especie y variedad en cada uno de ellos para facilitar el manejo agronómico. La tecnología aplicada en estos cultivos es muy compleja y de avanzada, aspecto que difiere en gran medida con la producción al aire libre. En efecto, el uso de híbridos con alto potencial de rinde y la fertirrigación localizada en el manejo del ambiente dentro de los módulo, alargan las distancias entre un sistema y otro. De esta manera, las expectativas de producción se multiplican por tres, cuando se trata de producción forzada. De igual modo, la calidad de los frutos obtenidos se acerca a los estándares exigidos para exportar.
Por lo expuesto, se podría inferir que nos encontramos ante un sistema de producción perfecto. Pero la realidad muestra otra cosa.
El microclima que rodea a las hortalizas en el invernadero se caracteriza por una elevada humedad relativa y temperaturas que fluctúan entre mínimas cercanas a 0ºC, durante la noche, y mayores a los 40ºC en mediodías soleados, lo que favorece el desarrollo de enfermedades fúngicas y bacterianas. La presencia de hongos como Fusarium, Sclerotinia, Fitoftora y bacterias como Erwinia y Peseudomonas, es común en los módulos de tomate, pimiento o melón. Por lo general, las medidas de control son preventivas para evitar el desarrollo de estos inóculos de difícil erradicación.
Sintomatología
La tarea de control químico preventiva a un ritmo semanal, se ha hecho una rutina en el manejo de los invernaderos, y no se ha tenido en cuenta que muchas veces los síntomas observados corresponden a desórdenes fisiológicos.
Por ejemplo, los síntomas de la podredumbre apical de los frutos de tomate y pimiento son parecidos a los causados por Fitoftora. Lo que ocurre en realidad es una deficiencia de calcio en la planta, que provoca rotura en la pared celular y los tejidos de la parte opuesta al cáliz del fruto se necrosan y ennegrecen. La deficiencia de magnesio provoca amarillamiento basal de las hojas y ablandamiento de los tomates, lo que se confunden con algunas bacteriosis.
Por lo expuesto, se podría inferir que nos encontramos ante un sistema de producción perfecto. Pero la realidad muestra otra cosa.
El microclima que rodea a las hortalizas en el invernadero se caracteriza por una elevada humedad relativa y temperaturas que fluctúan entre mínimas cercanas a 0ºC, durante la noche, y mayores a los 40ºC en mediodías soleados, lo que favorece el desarrollo de enfermedades fúngicas y bacterianas. La presencia de hongos como Fusarium, Sclerotinia, Fitoftora y bacterias como Erwinia y Peseudomonas, es común en los módulos de tomate, pimiento o melón. Por lo general, las medidas de control son preventivas para evitar el desarrollo de estos inóculos de difícil erradicación.
Sintomatología
La tarea de control químico preventiva a un ritmo semanal, se ha hecho una rutina en el manejo de los invernaderos, y no se ha tenido en cuenta que muchas veces los síntomas observados corresponden a desórdenes fisiológicos.
Por ejemplo, los síntomas de la podredumbre apical de los frutos de tomate y pimiento son parecidos a los causados por Fitoftora. Lo que ocurre en realidad es una deficiencia de calcio en la planta, que provoca rotura en la pared celular y los tejidos de la parte opuesta al cáliz del fruto se necrosan y ennegrecen. La deficiencia de magnesio provoca amarillamiento basal de las hojas y ablandamiento de los tomates, lo que se confunden con algunas bacteriosis.















