17 Mayo 2002
Durante esta campaña de granos se pudo comprobar la presencia de muchas plagas en el cultivo de soja, las que en general fueron controladas en forma eficiente por los productores. En la etapa inicial, los curculiónidos Promecops carinicollis y Sternechus pingui, vulgarmente conocidos como picudos, mostraron una distribución más generalizada que en campañas anteriores, informó la EEAOC.
En el primer caso, el efecto de defoliación produce un retardo considerable en el crecimiento de la planta que puede agudizarse cuando coincide con períodos secos o de escasas lluvias, llevando a la pérdida de las plantas. En el caso de Sternechus, la situación puede agravarse ya que ataca al cultivo durante todo el ciclo.
En las primeras etapas de desarrollo, el deshilachado producido por el adulto, en los pequeños tallos, puede llegar a secar la planta. Cuando el tallo tiene mayor volumen produce un anillado donde la hembra ovipone. La planta se debilita cuando las larvas emergentes se alimentan en el interior, formando agallas que dificultan la circulación de agua y de los nutrientes, por lo que la planta puede quebrarse por acción del viento o de otros factores mecánicos.
Para el control de estas plagas, aquellos productores que tuvieron antecedentes en otras campañas recurrieron al uso de insecticidas curasemillas (tiametoxan e imidacloprid) que tuvieron en general un buen comportamiento.
Cabe señalar que en algunos casos no se alcanzaron los resultados esperados por el uso de dosis inadecuadas o a fallas durante el proceso de curado. El tiempo de protección obtenido oscila entre 20 y 30 días, según el grado de infestación de los lotes.
A partir de la pérdida de efectividad de los curasemillas se hicieron aplicaciones foliares con productos de contacto como piretroides (lambdacialotrina, cipermetrina) u organofosforados (clorpirifos, metamidofos). Para el caso de Sternechus, la aplicación adecuada cuando el cultivo aun permitía una buena penetración del caldo de pulverización, contribuyó significativamente a mantener bajas las poblaciones de esta plaga, y si bien se observaron daños al final del cultivo, no fueron de consideración.
En el primer caso, el efecto de defoliación produce un retardo considerable en el crecimiento de la planta que puede agudizarse cuando coincide con períodos secos o de escasas lluvias, llevando a la pérdida de las plantas. En el caso de Sternechus, la situación puede agravarse ya que ataca al cultivo durante todo el ciclo.
En las primeras etapas de desarrollo, el deshilachado producido por el adulto, en los pequeños tallos, puede llegar a secar la planta. Cuando el tallo tiene mayor volumen produce un anillado donde la hembra ovipone. La planta se debilita cuando las larvas emergentes se alimentan en el interior, formando agallas que dificultan la circulación de agua y de los nutrientes, por lo que la planta puede quebrarse por acción del viento o de otros factores mecánicos.
Para el control de estas plagas, aquellos productores que tuvieron antecedentes en otras campañas recurrieron al uso de insecticidas curasemillas (tiametoxan e imidacloprid) que tuvieron en general un buen comportamiento.
Cabe señalar que en algunos casos no se alcanzaron los resultados esperados por el uso de dosis inadecuadas o a fallas durante el proceso de curado. El tiempo de protección obtenido oscila entre 20 y 30 días, según el grado de infestación de los lotes.
A partir de la pérdida de efectividad de los curasemillas se hicieron aplicaciones foliares con productos de contacto como piretroides (lambdacialotrina, cipermetrina) u organofosforados (clorpirifos, metamidofos). Para el caso de Sternechus, la aplicación adecuada cuando el cultivo aun permitía una buena penetración del caldo de pulverización, contribuyó significativamente a mantener bajas las poblaciones de esta plaga, y si bien se observaron daños al final del cultivo, no fueron de consideración.















