Deben prevenirse los daños que provoca el viento sobre los citrus

Una lucha directa. En la presente campaña limonera se detectó que la fruta está siendo afectada en varias zonas. El efecto de las derivas químicas.

14 Junio 2002
Son numerosos los efectos positivos que causa el viento en la agricultura, aunque precisamente por su habitualidad estos pasan desapercibidos y sólo parecen ser importantes cuando el mismo ocasiona daños de índole materiales y económicos. No obstante está claro que los efectos positivos o negativos del viento son el resultado de la función de sus componentes fundamentales: la velocidad y la dirección.
La velocidad del viento nos indica su fuerza y la posibilidad de daños por efectos físicos especialmente en zonas citrícolas y hortícolas, pues los vientos fuertes provocan daños sensibles a la fruta, sobre todo cuando está próxima a la madurez o ya sobrepasada la misma.
Actualmente en nuestra provincia, y según lo que se pudo observar en la presente campaña, los daños en la fruta provocados por el viento son de una magnitud bastante considerable en algunas zonas citrícolas. Este daño ocasiona no tan sólo una pérdida económica en el productor, por la depreciación en la calidad de su fruta, sino que todos los daños provocados (heridas) son una puerta de entrada a los patógenos, muchos de ellos altamente nocivos para la vida del árbol frutal. Es normal también que los vientos fuertes causen la caída de limones y defoliaciones severas. Estos daños provocados en las plantaciones citrícolas de Tucumán, de índole mecánicos debido a la fuerte velocidad, provocan la caída de frutos, rameado en los mismos y rotura de ramas. En la provincia existen también daños de orden químicos producidos por la deriva de herbicidas que provocan quemaduras por fitotoxicidad y pérdida de flores y frutos por derrame. Además, están los daños provocados por el viento que derivan en daños fisiológicos que provocan deshidratación y daños en frutos, ramas y hojas, defoliaciones y colapsos de plantas enfermas.

Prevención
Los productores tienen a su alcance dos tipos de medidas en su lucha contra los daños provocados por el viento en Tucumán. Estos daños, que son importantes desde el punto de vista económico, sobre todo por su incidencia en el rameado y consecuente pérdida comercial por los frutos dañados, suelen ser subestimados por los productores.
No obstante es válido afirmar que una de las principales acciones a seguir deben ser tenidas en cuenta desde el mismo momento en que se diseña una plantación, y se las debe planificar de tal manera que los futuros árboles ofrezcan la menor resistencia posible a los vientos dominantes peligrosos. Entonces, se puede afirmar que de los métodos de lucha directa contra los daños ocasionados por el viento, el que se ha mostrado desde siempre más eficaz es la instalación de "cortinas rompevientos" o "cortavientos",que es todo obstáculo que se dispone artificialmente para restar velocidad al viento.
Los resultados alcanzados en el mundo dan claras muestras que la utilización de las barreras en los montes frutales son esenciales para disminuir el nivel de daño y mejorar el rendimiento de la fruta a exportar.

Resultados positivos
La instalación de una protección con cortina rompevientos está referida a lograr una reducción más o menos sensible de la fuerza del viento, pero no a su total anulación. Está plenamente comprobado que aquellas plantaciones comerciales que poseen cortinas rompevientos naturales o artificiales, cuentan con frutos de mejor calidad con una piel prácticamente sin daño lo que mejora considerablemente el rendimiento del embalado de la fruta a cosechar.

Trabajan para exportar limón de la mejor calidad
"La idea de concretar un nuevo emprendimiento tuvo siempre como premisa salir de Buenos Aires, un gran pulpo que acapara la atención y opaca el esfuerzo enorme que hacen las provincias por crecer y lograr nuevos objetivos", comentó el productor citrícola Néstor Vellido, sobre como surgió la idea de desarrollar con un socio su empresa productora de limones. El desafío era instalar en el interior del país una empresa en un sector relacionado con la tierra y con un trabajo agrícola de primer nivel. Tuvo prioridad el limón porque es una planta que devuelve con creces lo que se le da.
"Ligados a Tucumán por vínculos familiares y afectivos, fue nuestra primera escala y encontramos en la provincia no sólo la tierra apta para el cultivo, sino también toda una infraestructura de apoyo a la producción formada por profesionales de primer nivel, centros de estudios, laboratorios de análisis, la EEAOC y el Senasa, entre otros", destacó el empresario.
Vellido relató que visitaron algunos campos y en unos de ellos, el actual, se encontraron con un campo abandonado con caña de azúcar no levantada en años, pero un lugar enmarcado por los nevados del Aconquija al oeste, los picos del cerro Nuñorco al norte, el río Pueblo Viejo al sur y la ruta interpueblos al este.
"Todo allí hacía a la cultura agrícola y nativa de nuestras raíces; su nombre, Yacuchina (arroyo de mujer), su pequeña y espesa selva subtropical encerrada en medio del campo y flanqueada por dos arroyos, y las pequeñas vasijas y restos de elementos indios encontrados, nos adoptaron definitivamente", relató.
El lugar, poblado de arboles autóctonos como cedros, nogales, laureles, pacarás y tipas, fueron respetados en el diseño de la plantación y, con un clima benigno y con lluvias necesarias, nos dieron la zona ideal para realizar el proyecto limonero, comentó.
"Sin duda no fue fácil realizarlo; debimos traer la luz eléctrica, hacer un pozo de agua, procurar plantines antes de tener los propios, ahuyentar las corzuelas sin espantarlas y mantener lo mejor posible el equilibrio ecológico dentro de nuestro emprendimiento", reconoció.

Los frutos
"Con los primeros brotes llegaron los primeros azahares y cualquiera que haya plantado un árbol sabe perfectamente lo que se siente al respirar su perfume", observó el productor.
Todo creció armoniosa y rápidamente, siguió relatando el productor. "Se diseñó un vivero, se construyó un empaque artesanal y se desarrolló una clientela en el país y en el mundo plantando la bandera tucumana en los distintos centros de consumo, siguiendo los pasos de los precursores del limón tucumano de los cuales tomamos el ejemplo, sin por eso perder la identidad", dijo.
Todo fue armado pensando no en exportar la mayor cantidad, sino en exportar la mejor calidad y sanidad, dando creatividad y continuidad en los mercados y haciendo conocer las virtudes del limón tucumano y mostrando al exterior la fecundidad de la tierra y la grandeza de la gente.
"El trabajo no termina nunca, ya que debemos seguir innovando y abriendo nuevos mercados para satisfacer las exigencias de los consumidores", reconoció.

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