La subsistencia del papero es cada vez más difícil

El nuevo contexto económico no se presenta auspicioso para que el productor encare una campaña en la que logre altos rendimientos.

19 Julio 2002
Es indiscutible la relevancia que tuvo y tiene el productor papero del sudeste de la provincia de Buenos Aires en la historia de la economía regional y del país. Este protagonismo requirió de mucho esfuerzo de su parte, y se profundizó en la década de los 90, coincidente con el plan de convertibilidad.
La política económica de aquella década fue clave para la desaparición de muchos de los típicos productores de papa y la aparición de nuevos actores en la actividad.
Hasta el año pasado, la posibilidad de financiamiento a través de diferentes canales, permitió que aquel productor que tenía inconvenientes financieros subsistiera en el sistema hasta lograr una campaña aceptable para recomponer sus finanzas.
La posibilidad de obtener la semilla a devolver a cosecha, hacer contratos con industrias (con sus teóricos beneficios de asistencia en insumos y asesoramiento), obtener productos de la agronomía a pagar en "junio",etc., sin dudas permitió alargar la agonía de varios de esos productores que hoy no están en la actividad. Es sabido que el costo de producción por bolsa en general siempre superó los U$S4 en chacra. Sin embargo, en los últimos 10 años son contados los momentos en que el precio de venta estuvo por encima de ese valor.
¿Qué permitió que parte de los productores aún teniendo importantes pérdidas, lograran subsistir? Precisamente todas esas alternativas de financiamiento ya mencionadas. ¿Es posible entonces pensar en que fue racional ese productor durante este ciclo? Seguramente si le permitió seguir en la producción y no poner en juego parte de su activo fijo se podría suponer que actuó racionalmente. Pero, si se considera que un gran porcentaje desapareció como productor y otro tanto comprometió gran parte de su capital de trabajo, sencillamente podemos concluir que no fue del todo racional.
Como ocurrió en otras actividades agropecuarias, este sector se ve seriamente afectado y deberá enfrentar la nueva campaña en un escenario para nada auspicioso: falta de financiamiento, y en caso de existir, con altas tasas de interés; volatilidad del dólar, lo que implica alto costo de los insumos; precio del producto dependiente de una demanda interna en crisis; inadecuado grado de articulación entre producción primaria e industria; falta de conciencia exportadora; posible incremento de costos fijos; continuidad de poca transparencia de mercados; IVA del 21% en los insumos y del 10,5 % en la venta; y probable reiteración de fenómenos climáticos adversos.
¿Es posible -entonces- que la bolsa de papa supere los U$S4 en la próxima campaña? Esta incógnita en parte se dilucidó este año, donde a pesar del fracaso productivo, con momentos de casi desabastecimiento tanto en el mercado de fresco como en la industria, el precio no superó en ningún momento esa cotización. ¿Qué puede cambiar, en un país en crisis con 50% de desocupados y subocupados y sueldos congelados? ¿Qué puede cambiar, con industrias que no pueden ofrecer contratos para obtener un mínimo margen para el productor, aduciendo problemas de costos? ¿Qué puede cambiar, con la falta de reacción de nuestro histórico comprador que fue Brasil, que a pesar del favorable tipo de cambio no importó prácticamente nada, y con una economía interna que no se vislumbra muy alentadora?
Este panorama, aunque negativo, es favorable para que el típico productor papero demuestre que es tan racional como cualquier empresario o productor exitoso, y que los fracasos se debieron en gran parte a factores extrínsecos, a condiciones que él no pudo manejar. Queda en el productor reconvertirse, trasladándose a actividades más estables o al menos con mercados dolarizados, o bien continuando en la producción de papa tomando ciertos recaudos: sembrando menos; haciendo alianzas estratégicas con otros actores de la cadena comercial y agroindustrial; haciéndoles entender a estos que el riesgo debe ser compartido, y otras tantas propuestas que no pasan seguramente por reducir el costo.
Es sabido que el cultivo de papa es insumo dependiente, y la única forma de reducir el costo por unidad de producto es aumentando el costo por hectárea, asegurándose altos rendimientos. ¿Es posible usar los insumos mínimos indispensables y tener un rendimiento aceptable? Claro que es posible, pero dejando pura y exclusivamente en manos del azar el éxito del cultivo.
¿Cuál es el costo de producción de una hectárea de papa con 750 bolsas de rendimiento? Tal como se presenta este escenario económico, con un dólar a $4, el costo de una hectárea de papa puesta en el mercado y/o en la fábrica, ronda los $7.700 ó alrededor de 10 $/bolsa. ¿Es posible reducir ese costo? Sí. Superando ese rendimiento.

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