02 Agosto 2002
Los valles irrigados del norte de la Patagonia se desarrollaron alrededor de la fruticultura de pepita, la cual aún actualmente constituye el eje de la economía regional. Esta agroindustria floreció en base a las exportaciones, siendo la pera la que posee un mayor crecimiento y demanda internacional, quizás porque supo adaptarse a los cambios que imponía la demanda año a año. El saber adaptarse a las exigencias internacionales hizo que la pera producida en el sur del país se destinase un 19% al mercado interno, 23% a la industria y 58% a exportación. Se destacaron las variedades Williams y Packham's Triumph, de gran preferencia en el mercado internacional.
En cuanto a las manzanas el panorama es muy diferente. En 1977 la Argentina exportaba el 53% de lo producido en el país, era el líder del Hemisferio Sur, y un claro ejemplo de calidad por sus exportaciones, superando a los grandes monstruos como Sudáfrica, Chile, Australia y Nueva Zelanda. Ultimamente, la situación cambió: las exportaciones de manzana representan tan sólo el 16% de lo que se produce en el país. Es evidente, además, la pérdida de participación relativa de Argentina en el mercado internacional de esta especie.
Las causas más importantes fueron el incremento de las exportaciones de otros países productores del Hemisferio Sur, la escasa diversificación varietal y la pérdida de calidad debida, entre otros motivos, al atraso tecnológico y a la existencia de numerosos montes frutales tradicionales de bajos rendimientos, altos costos de producción y variedades de menor valor comercial. También influyó el bajo precio pagado por la fruta que se destinaba a industria, a la mala relación de productores e industriales, y al exceso de oferta de fruta para industria en momentos puntuales.
Líderes regionales
Actualmente, la pera al igual que el limón son los frutos que se destacan en las economías regionales por ser, además, dos líderes en el mundo en cuanto a sus exportaciones de productos frescos y derivados industriales.
La pera al igual que el limón y el limón al igual que la pera, supieron adaptarse a los cambios, lo que les permitió crecer también en base a las exportaciones. A pesar de que no analizo en particular la evolución del sector de las peras, sí lo hago con el del limón, y es preocupante ver cómo año a año los conflictos internos y externos golpean muy fuerte a la actividad de los agrios, y le van haciendo perder competitividad en un mundo globalizado que cada vez exige más calidad, y a su vez está dispuesto a pagar el precio más bajo por la mercadería que se lleva.
A pesar de que los volúmenes exportados en la última década crecieron en forma considerable, los conflictos y el choque de intereses se incrementaron en forma proporcional.
Trazar estrategias
Tomando la experiencia negativa de las manzanas y la positiva de las peras, el sector limonero hoy más que nunca debería sentarse a trazar una estrategia clara, concreta, y aunque deberá ser ambiciosa, también debería ser realista en base a los tiempos que nos toca vivir. Es preciso encontrar el rumbo de la actividad en el corto y mediano plazo y conciliar todas las relaciones comerciales que están rotas.
Si no queremos ver a un sector que año a año pierda peso relativo en el mercado internacional, si no queremos ser cómplices de la escasa o nula incorporación tecnológica, o ver cómo los productores independientes arrojan sus frutas fueras de normas en acequias, ríos o banquinas, porque las fábricas no las pueden recibir, por todo ello y mucho más, es preciso que el sector trace estrategias pensando en un futuro promisorio para el limón.
En cuanto a las manzanas el panorama es muy diferente. En 1977 la Argentina exportaba el 53% de lo producido en el país, era el líder del Hemisferio Sur, y un claro ejemplo de calidad por sus exportaciones, superando a los grandes monstruos como Sudáfrica, Chile, Australia y Nueva Zelanda. Ultimamente, la situación cambió: las exportaciones de manzana representan tan sólo el 16% de lo que se produce en el país. Es evidente, además, la pérdida de participación relativa de Argentina en el mercado internacional de esta especie.
Las causas más importantes fueron el incremento de las exportaciones de otros países productores del Hemisferio Sur, la escasa diversificación varietal y la pérdida de calidad debida, entre otros motivos, al atraso tecnológico y a la existencia de numerosos montes frutales tradicionales de bajos rendimientos, altos costos de producción y variedades de menor valor comercial. También influyó el bajo precio pagado por la fruta que se destinaba a industria, a la mala relación de productores e industriales, y al exceso de oferta de fruta para industria en momentos puntuales.
Líderes regionales
Actualmente, la pera al igual que el limón son los frutos que se destacan en las economías regionales por ser, además, dos líderes en el mundo en cuanto a sus exportaciones de productos frescos y derivados industriales.
La pera al igual que el limón y el limón al igual que la pera, supieron adaptarse a los cambios, lo que les permitió crecer también en base a las exportaciones. A pesar de que no analizo en particular la evolución del sector de las peras, sí lo hago con el del limón, y es preocupante ver cómo año a año los conflictos internos y externos golpean muy fuerte a la actividad de los agrios, y le van haciendo perder competitividad en un mundo globalizado que cada vez exige más calidad, y a su vez está dispuesto a pagar el precio más bajo por la mercadería que se lleva.
A pesar de que los volúmenes exportados en la última década crecieron en forma considerable, los conflictos y el choque de intereses se incrementaron en forma proporcional.
Trazar estrategias
Tomando la experiencia negativa de las manzanas y la positiva de las peras, el sector limonero hoy más que nunca debería sentarse a trazar una estrategia clara, concreta, y aunque deberá ser ambiciosa, también debería ser realista en base a los tiempos que nos toca vivir. Es preciso encontrar el rumbo de la actividad en el corto y mediano plazo y conciliar todas las relaciones comerciales que están rotas.
Si no queremos ver a un sector que año a año pierda peso relativo en el mercado internacional, si no queremos ser cómplices de la escasa o nula incorporación tecnológica, o ver cómo los productores independientes arrojan sus frutas fueras de normas en acequias, ríos o banquinas, porque las fábricas no las pueden recibir, por todo ello y mucho más, es preciso que el sector trace estrategias pensando en un futuro promisorio para el limón.











