01 Septiembre 2002
Durante las últimas décadas, el estudio de las Relaciones Internacionales (RRII) ha experimentado un rápido y notable desarrollo. Esta novedosa especialidad, que se originó en la década de los años 20, se difundió rápidamente en distintas universidades y centros de investigación, la mayoría de ellos anglosajones. Según sus autores, los estímulos más importantes fueron dos: por un lado, la incertidumbre provocada por la creciente fragilidad del sistema internacional y por otro, la búsqueda de mecanismos que contribuyeran a armonizar la convivencia planetaria, a establecer la paz y a solucionar los problemas globales.
En realidad, la nueva ciencia -nacida de las angustias provocadas por la Gran Guerra- creció a partir del esfuerzo de algunos intelectuales, dispuestos a dilucidar las causas de las grandes hecatombes y a encontrar los instrumentos que limitaran sus nefastas consecuencias.En la misma época, y como resultado de una serie de esfuerzos coordinados, se produjeron también las primeras formulaciones que conducirían a la definición de la Historia de las Relaciones Internacionales; un área nacida de la Historia, pero cuyos estudios eran enfocados a través del prisma de las relaciones entre los pueblos y los Estados. Pierre Renouvin y su sucesor, Jean Baptiste Duroselle -dos de sus investigadores más relevantes- fueron pioneros de esta temática específica. Ya en 1925 Renouvin trabajaba en la Sorbona desde una cátedra y publicaba sus artículos, en los que proponía el análisis de una serie de categorías tan novedosas como polémicas. Una de ellas, el estudio de las denominadas "Fuerzas profundas", constituyó uno de los ejes clave que habría de conducir a la reformulación de toda una serie de perspectivas de análisis.
En los últimos años -y como resultado lógico del progreso de la disciplina- se ha incrementado su producción bibliográfica. Entre los libros más novedosos e importantes se encuentra la Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, que reúne la producción de 25 especialistas españoles.
Indudablemente, se trata de una significativa contribución al conocimiento del tema y se destaca como la primera de sus obras escrita en castellano. Estructurada en 6 secciones -en las que se incluyen los 27 capítulos- contiene un minucioso análisis de la Historia de las RRII occidentales entre los años de 1814 y 2000. Sus dos primeros capítulos son teóricos y los restantes están dedicados al estudio de los procesos históricos correspondientes a los siglos XIX y XX. Elaborada sobre un esquema básicamente diacrónico, formula problemas e hipótesis que facilitan la extracción de conclusiones. El penúltimo capítulo se refiere a la situación de Rusia y de la Europa del Este entre 1990 y 2000 -tema que preocupa notablemente a los analistas españoles- y el último, a los problemas actuales de las RRII. Escrita en un lenguaje accesible y dinámico, es fundamental para la consulta de los especialistas, pero también puede ser aconsejada para el gran público. Proporciona una bibliografía recomendada por capítulo y otra general, ambas actualizadas, y de muy buen nivel. En cuanto a las razones que motivaron la concreción de esta obra, se puede afirmar que se trata de un claro esfuerzo de los especialistas españoles por recuperar el liderazgo intelectual en materia de análisis internacional. En efecto -y según declaraciones del propio Pereira- es necesario que los investigadores hispanoamericanos desarrollen estudios serios que puedan constituir una opción hermenéutica a las corrientes norteamericanas, las cuales prácticamente han monopolizado la conducción de estos estudios.Finalmente, una observación crítica. En esta obra se ha omitido el tratamiento de un tema central: el problema del Cercano Oriente. A nuestro entender esto representa una carencia significativa, no sólo por su relevancia intrínseca en la realidad internacional actual, sino, sobre todo, porque esta cuestión constituye un caso paradigmático de análisis. En otras palabras, el estudio del conflicto palestino-israelí hubiera sido clave para valorar la relevancia funcional y hermenéutica de los estudios históricos internacionales.La realidad internacional actual configura una compleja red de actores y relaciones que no parece estar en vías de estabilizarse. En efecto, los cambios y los conflictos son tan súbitos como impredecibles y desafían, cotidianamente, la capacidad de los expertos para explicar, interpretar y anticipar sus comportamientos. Sin embargo, el incremento del terrorismo internacional, la pobreza global y la degradación ambiental son problemas lo suficientemente significativos como para perseverar en los análisis y en la búsqueda de respuestas y soluciones. Todas las contribuciones son importantes pero, tanto las RRII como su Historia, son dos de los instrumentos más idóneos para operar eficazmente sobre la praxis. Hoy -como ayer- es necesario conocer y entender el mundo en el que vivimos; sólo así estaremos en condiciones de humanizarlo.
(c) LA GACETA
En realidad, la nueva ciencia -nacida de las angustias provocadas por la Gran Guerra- creció a partir del esfuerzo de algunos intelectuales, dispuestos a dilucidar las causas de las grandes hecatombes y a encontrar los instrumentos que limitaran sus nefastas consecuencias.En la misma época, y como resultado de una serie de esfuerzos coordinados, se produjeron también las primeras formulaciones que conducirían a la definición de la Historia de las Relaciones Internacionales; un área nacida de la Historia, pero cuyos estudios eran enfocados a través del prisma de las relaciones entre los pueblos y los Estados. Pierre Renouvin y su sucesor, Jean Baptiste Duroselle -dos de sus investigadores más relevantes- fueron pioneros de esta temática específica. Ya en 1925 Renouvin trabajaba en la Sorbona desde una cátedra y publicaba sus artículos, en los que proponía el análisis de una serie de categorías tan novedosas como polémicas. Una de ellas, el estudio de las denominadas "Fuerzas profundas", constituyó uno de los ejes clave que habría de conducir a la reformulación de toda una serie de perspectivas de análisis.
En los últimos años -y como resultado lógico del progreso de la disciplina- se ha incrementado su producción bibliográfica. Entre los libros más novedosos e importantes se encuentra la Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, que reúne la producción de 25 especialistas españoles.
Indudablemente, se trata de una significativa contribución al conocimiento del tema y se destaca como la primera de sus obras escrita en castellano. Estructurada en 6 secciones -en las que se incluyen los 27 capítulos- contiene un minucioso análisis de la Historia de las RRII occidentales entre los años de 1814 y 2000. Sus dos primeros capítulos son teóricos y los restantes están dedicados al estudio de los procesos históricos correspondientes a los siglos XIX y XX. Elaborada sobre un esquema básicamente diacrónico, formula problemas e hipótesis que facilitan la extracción de conclusiones. El penúltimo capítulo se refiere a la situación de Rusia y de la Europa del Este entre 1990 y 2000 -tema que preocupa notablemente a los analistas españoles- y el último, a los problemas actuales de las RRII. Escrita en un lenguaje accesible y dinámico, es fundamental para la consulta de los especialistas, pero también puede ser aconsejada para el gran público. Proporciona una bibliografía recomendada por capítulo y otra general, ambas actualizadas, y de muy buen nivel. En cuanto a las razones que motivaron la concreción de esta obra, se puede afirmar que se trata de un claro esfuerzo de los especialistas españoles por recuperar el liderazgo intelectual en materia de análisis internacional. En efecto -y según declaraciones del propio Pereira- es necesario que los investigadores hispanoamericanos desarrollen estudios serios que puedan constituir una opción hermenéutica a las corrientes norteamericanas, las cuales prácticamente han monopolizado la conducción de estos estudios.Finalmente, una observación crítica. En esta obra se ha omitido el tratamiento de un tema central: el problema del Cercano Oriente. A nuestro entender esto representa una carencia significativa, no sólo por su relevancia intrínseca en la realidad internacional actual, sino, sobre todo, porque esta cuestión constituye un caso paradigmático de análisis. En otras palabras, el estudio del conflicto palestino-israelí hubiera sido clave para valorar la relevancia funcional y hermenéutica de los estudios históricos internacionales.La realidad internacional actual configura una compleja red de actores y relaciones que no parece estar en vías de estabilizarse. En efecto, los cambios y los conflictos son tan súbitos como impredecibles y desafían, cotidianamente, la capacidad de los expertos para explicar, interpretar y anticipar sus comportamientos. Sin embargo, el incremento del terrorismo internacional, la pobreza global y la degradación ambiental son problemas lo suficientemente significativos como para perseverar en los análisis y en la búsqueda de respuestas y soluciones. Todas las contribuciones son importantes pero, tanto las RRII como su Historia, son dos de los instrumentos más idóneos para operar eficazmente sobre la praxis. Hoy -como ayer- es necesario conocer y entender el mundo en el que vivimos; sólo así estaremos en condiciones de humanizarlo.
(c) LA GACETA















