01 Septiembre 2002
La crisis del socialismo real por la implosión del modelo soviético y las concesiones de la socialdemocracia al neoliberalismo, hasta el punto de compartir el pluralismo democrático de las sociedades más evolucionadas son los temas centrales de esta compilación de ensayos de un prestigioso grupo de politólogos con ese ideario. Ese ocaso, sostienen razonablemente los compiladores, ha llevado a la izquierda política al territorio de la socialdemocracia, único espacio ahora para su debate, en el que está terminando por desaparecer el estado de bienestar, tras la proposición de la "tercera vía" del nuevo laborismo británico. La globalización que sucede a la guerra fría -propugnaron Tony Blair y su ideólogo Tony Giddens- es "un estímulo para la modernización" y la oportunidad de hacer reformas estructurales, pues ha llegado el fin de la gestión tradicional de la demanda keynesiana y ya no caben las políticas fiscales anticíclicas.
¿Es posible instaurar la igualdad a costa de la limitación de libertades?, se ha preguntado el socialismo ante una sociedad tan diferente y cuyas reglas de juego tienen una indiscutible paternidad liberal. La respuesta es negativa y ni siquiera la socialdemocracia está en condiciones de modificarla. Por otra parte, el fracaso del socialismo real ha dejado en la mente de sus dirigentes la crisis de sus principios fundamentales, convertidos en tesis de cumplimiento imposible, como la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Se advierte así bastante tarde que las propuestas de Marx apuntaban a la crisis del capitalismo y no a una sociedad como la rusa, prácticamente precapitalista. Esa realidad es advertida por la socialdemocracia al término de la Segunda Guerra Mundial y, consecuentemente, provoca su inserción en los sistemas de democracia de competencia entre representantes. Por ese nuevo cauce, las mejoras de los trabajadores no requieren la abolición del capitalismo sino que, a la inversa, permiten penetrar en el mismo y "socializar" los derechos individuales generalizando su defensa real.
La participación en los sistemas de competencia electoral colocó a la socialdemocracia ante un dilema entre su identidad y el poder. Es decir, la alternativa de un programa radical de cambios sociales a favor de trabajadores y de excluidos, aunque con la relativa probabilidad del respaldo de una mayoría política. El grado de resignación doctrinaria que esa opción plantea, presenta, a cambio, una posibilidad de quebrar la tradicional fortaleza de un liberalismo conservador que, de hecho, limita el ejercicio de los derechos individuales a la burguesía sucesora del poder político. Los ensayos presentados en este interesante y oportuno compendio durante una instancia política argentina como la presente, trazan un panorama sobre las posibilidades del socialismo como alternativa, si bien no se corresponde con el que ruidosamente expone una dirigencia local de ese signo que, salvo excepciones muy calificadas, asocia el ideario socialista contemporáneo con la anacrónica dictadura del proletariado, maquillada con gruesos toques de añoso populismo.
(c) LA GACETA
¿Es posible instaurar la igualdad a costa de la limitación de libertades?, se ha preguntado el socialismo ante una sociedad tan diferente y cuyas reglas de juego tienen una indiscutible paternidad liberal. La respuesta es negativa y ni siquiera la socialdemocracia está en condiciones de modificarla. Por otra parte, el fracaso del socialismo real ha dejado en la mente de sus dirigentes la crisis de sus principios fundamentales, convertidos en tesis de cumplimiento imposible, como la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Se advierte así bastante tarde que las propuestas de Marx apuntaban a la crisis del capitalismo y no a una sociedad como la rusa, prácticamente precapitalista. Esa realidad es advertida por la socialdemocracia al término de la Segunda Guerra Mundial y, consecuentemente, provoca su inserción en los sistemas de democracia de competencia entre representantes. Por ese nuevo cauce, las mejoras de los trabajadores no requieren la abolición del capitalismo sino que, a la inversa, permiten penetrar en el mismo y "socializar" los derechos individuales generalizando su defensa real.
La participación en los sistemas de competencia electoral colocó a la socialdemocracia ante un dilema entre su identidad y el poder. Es decir, la alternativa de un programa radical de cambios sociales a favor de trabajadores y de excluidos, aunque con la relativa probabilidad del respaldo de una mayoría política. El grado de resignación doctrinaria que esa opción plantea, presenta, a cambio, una posibilidad de quebrar la tradicional fortaleza de un liberalismo conservador que, de hecho, limita el ejercicio de los derechos individuales a la burguesía sucesora del poder político. Los ensayos presentados en este interesante y oportuno compendio durante una instancia política argentina como la presente, trazan un panorama sobre las posibilidades del socialismo como alternativa, si bien no se corresponde con el que ruidosamente expone una dirigencia local de ese signo que, salvo excepciones muy calificadas, asocia el ideario socialista contemporáneo con la anacrónica dictadura del proletariado, maquillada con gruesos toques de añoso populismo.
(c) LA GACETA















