18 Octubre 2002
De los ensayos sobre el manejo de los fertilizantes en campos con trigo se evaluó que el nitrógeno y el fósforo son importantes para lograr un excelente rendimiento, precisó el ingeniero Carlos Fernández, de la Sección Suelos de la EEAOC.
Manteniendo una buena disponibilidad de nitrógeno en el suelo, más el aporte de fósforo, se obtiene una excelente respuesta por parte del cultivo de trigo a la fertilización fosfatada, que generalmente está condicionada al nitrógeno, ya que si no existe una buena disponibilidad de este en el suelo, la respuesta a los aportes de fósforo no serán óptimos.
"Podemos decir que si se aplica fósforo en forma superficial, aplicando unos 100 kilogramos por hectárea de superfosfato triple, se logra una buena respuesta. Pero si localizamos la aplicación a nivel radicular, las dosis de aplicación pueden rondar los 50 kilogramos por hectárea", explicó.
Respecto del nitrógeno, Fernández indicó que es fundamental, si se aplica en forma superficial, aplicar el riego o que llueva para conseguir una buena respuesta en un un suelo con poca humedad. Si no se riega o llueve después de la aplicación superficial del nitrógeno, no se obtendrán buenos resultados."La eficiencia de los fertilizantes esta relacionada a la humedad de los suelos en trigo o en otro cultivo. El momento de aplicación debe darse siempre con agua disponible en el suelo, o bien regarlo después de practicar esa fertilización, procurando incorporar a los nutrientes que se encuentren disponibles en las raíces, después de sufrir todo el proceso químico correspondiente", resaltó el experto.
En relación al momento de aplicación en los cultivos de trigo es fundamental que se realice a la siembra y/o al macollaje. La experiencia indica que es más eficiente el fósforo al momento de la siembra.
"También probamos otros fertilizantes en trigo como los fosfatos naturales o roca fosfórica, pero se debe ir a dosis más altas para tener buenas respuestas. Con azufre también se logran esos resultados, pero siempre y cuando haya buena disponibilidad de fósforo y de nitrógeno en el suelo", indicó Fernández.
Los ensayos de fertilización azufrada ya están generalizados en los cultivos granos y van acompañadas con el nitrógeno, ya que ambos productos participan en la formación de las proteínas, concluyó el ingeniero Fernández.
Influencia de los barbechos invernales
Durante las campañas de trigo de 2000, de 2001 y de 2002 la Sección Suelos y Nutrición Vegetal de la EEAOC estudió la eficiencia de la conservación de agua en los barbechos invernales con cobertura de rastrojo de soja y con control de malezas, respecto del uso que hace el trigo de la humedad del suelo durante su ciclo.
Los estudios realizados consistieron en medir los contenidos de humedad desde la siembra hasta la cosecha, en forma quincenal, en San Patricio y El Diamante (dos situaciones en cada localidad), La Cruz, Monte Redondo y Piedrabuena.
Esos controles se hicieron en forma gravimétrica a las profundidades de 5 cm, 20, 50, 70, 110 y 150 cm. Al mismo tiempo se usó una sonda de neutrones desde los 50 cm en adelante.Los resultados obtenidos en esta campaña ratifican lo observado en la anterior, en el sentido que los barbechos limpios con cobertura de rastrojo conservan una significativa cantidad de agua cuando se comparan con las parcelas ubicadas a la par que fueron sembradas con trigo.
En San Patricio, El Diamante y La Cruz, el contenido hídrico del suelo al momento de la siembra fue alto en ambas campañas como consecuencia de las precipitaciones ocurridas desde febrero a mayo. Comparativamente, en Monte Redondo y Piedrabuena la humedad de suelos a la siembra fue menor en la campaña 2002.
Sin embargo, en todos los casos, la cantidad de agua remanente en el perfil a partir de los 40 cm a 50 cm de profundidad fue significativamente más alta en el barbecho limpio. Sobre este último aspecto, se observó que existen importantes diferencias entre localidades y la fecha de siembra, la distancia entre hileras, y por lo tanto la densidad de plantas, tienen una significativa influencia en el consumo de agua.
Manteniendo una buena disponibilidad de nitrógeno en el suelo, más el aporte de fósforo, se obtiene una excelente respuesta por parte del cultivo de trigo a la fertilización fosfatada, que generalmente está condicionada al nitrógeno, ya que si no existe una buena disponibilidad de este en el suelo, la respuesta a los aportes de fósforo no serán óptimos.
"Podemos decir que si se aplica fósforo en forma superficial, aplicando unos 100 kilogramos por hectárea de superfosfato triple, se logra una buena respuesta. Pero si localizamos la aplicación a nivel radicular, las dosis de aplicación pueden rondar los 50 kilogramos por hectárea", explicó.
Respecto del nitrógeno, Fernández indicó que es fundamental, si se aplica en forma superficial, aplicar el riego o que llueva para conseguir una buena respuesta en un un suelo con poca humedad. Si no se riega o llueve después de la aplicación superficial del nitrógeno, no se obtendrán buenos resultados."La eficiencia de los fertilizantes esta relacionada a la humedad de los suelos en trigo o en otro cultivo. El momento de aplicación debe darse siempre con agua disponible en el suelo, o bien regarlo después de practicar esa fertilización, procurando incorporar a los nutrientes que se encuentren disponibles en las raíces, después de sufrir todo el proceso químico correspondiente", resaltó el experto.
En relación al momento de aplicación en los cultivos de trigo es fundamental que se realice a la siembra y/o al macollaje. La experiencia indica que es más eficiente el fósforo al momento de la siembra.
"También probamos otros fertilizantes en trigo como los fosfatos naturales o roca fosfórica, pero se debe ir a dosis más altas para tener buenas respuestas. Con azufre también se logran esos resultados, pero siempre y cuando haya buena disponibilidad de fósforo y de nitrógeno en el suelo", indicó Fernández.
Los ensayos de fertilización azufrada ya están generalizados en los cultivos granos y van acompañadas con el nitrógeno, ya que ambos productos participan en la formación de las proteínas, concluyó el ingeniero Fernández.
Influencia de los barbechos invernales
Durante las campañas de trigo de 2000, de 2001 y de 2002 la Sección Suelos y Nutrición Vegetal de la EEAOC estudió la eficiencia de la conservación de agua en los barbechos invernales con cobertura de rastrojo de soja y con control de malezas, respecto del uso que hace el trigo de la humedad del suelo durante su ciclo.
Los estudios realizados consistieron en medir los contenidos de humedad desde la siembra hasta la cosecha, en forma quincenal, en San Patricio y El Diamante (dos situaciones en cada localidad), La Cruz, Monte Redondo y Piedrabuena.
Esos controles se hicieron en forma gravimétrica a las profundidades de 5 cm, 20, 50, 70, 110 y 150 cm. Al mismo tiempo se usó una sonda de neutrones desde los 50 cm en adelante.Los resultados obtenidos en esta campaña ratifican lo observado en la anterior, en el sentido que los barbechos limpios con cobertura de rastrojo conservan una significativa cantidad de agua cuando se comparan con las parcelas ubicadas a la par que fueron sembradas con trigo.
En San Patricio, El Diamante y La Cruz, el contenido hídrico del suelo al momento de la siembra fue alto en ambas campañas como consecuencia de las precipitaciones ocurridas desde febrero a mayo. Comparativamente, en Monte Redondo y Piedrabuena la humedad de suelos a la siembra fue menor en la campaña 2002.
Sin embargo, en todos los casos, la cantidad de agua remanente en el perfil a partir de los 40 cm a 50 cm de profundidad fue significativamente más alta en el barbecho limpio. Sobre este último aspecto, se observó que existen importantes diferencias entre localidades y la fecha de siembra, la distancia entre hileras, y por lo tanto la densidad de plantas, tienen una significativa influencia en el consumo de agua.
















