03 Enero 2003
El efecto de la devaluación en la comercialización de granos y del control de la fiebre aftosa en carnes convirtieron a las exportaciones agropecuarias en las principales proveedoras de divisas durante el 2002, a pesar de la especulación que acompañó la oferta del campo y del riesgo, siempre latente, de algún resbalón en materia de sanidad animal.
Las sombrías estimaciones trazadas a principios de año, con la accidentada salida de la convertibilidad, sobre los resultados de la campaña agrícola 2001/02 quedaron plenamente desvirtuadas con una cosecha de 69 millones de toneladas de granos y exportaciones por un monto cercano a los U$S 9.000 millones para 2003.
La devaluación del peso tras casi 11 años de convertibilidad y el aumento de los precios internacionales de los granos, impulsado por las adversidades climáticas registradas en Estados Unidos y en otras zonas productoras del mundo, iluminaron el cielo de los chacareros argentinos.
Sin embargo, esa luz está comenzando a oscurecer, producto de las retenciones a las exportaciones y el aumento de la presión tributaria alentado por el Ministerio de Economía. Sin la garantía del cambio fijo, faltos de crédito bancario y con el sistema financiero en crisis, los chacareros descubrieron que podían guardar dólares en "silos bolsa", y resolvieron mantener sus cosechas en el campo para ir vendiendo los granos a medida que necesitan fondos para pagar viejas deudas o iniciar nuevas inversiones.
La peculiar modalidad comercial, que mezcla el sentido del ahorro con la simple especulación, se reflejó en el comportamiento de los principales mercados de granos del país (trigo, maíz y soja), que hacia fines de año no acumulan el habitual volumen de operaciones por retracción de la oferta. Pero los pronósticos sobre una posible meseta de los precios internacionales, por recuperación de la producción mundial y la contracción de la demanda, junto con una eventual baja del valor del dólar este año que se inicia podría modificar rápidamente la estrategia y terminar con la morosidad de los campesinos. El proceso se muestra más dinámico y lineal con las carnes, donde el control sanitario sobre la fiebre aftosa permitió la reapertura de casi 60 mercados internacionales y exportaciones en 2002 de 300.000 toneladas por unos U$S 500 millones.
La recuperación de la sanidad ganadera permitió la rehabilitación, a partir de febrero pasado, del mercado de la Unión Europa demandante de la apreciada Cuota Hilton y de otros destinos igualmente importantes como Israel, Egipto, países del Caribe y más recientemente Rusia y Chile, que volvieron a comprar en la segunda quincena de diciembre.
Los pronósticos más cautelosos indican que si se logra la reapertura de los Estados Unidos para mediados de 2003 podrían crecer de un 25% a un 30% las exportaciones cárnicas. Es que el mercado estadounidense es el receptor de la llamada cuota americana, segunda en importancia por volumen y precio después de la Hilton, y su reapertura arrastraría a Canadá y a México sus socios del Nafta (North American Free Trade Agreement).
Para medir la importancia de la plaza mexicana, donde ya se entablaron intensas negociaciones, se destaca que el consumo de carne en ese país es de 23,1 kilogramos por habitante/año, mientras que su producción total de 1,9 millones de toneladas lo obliga a importar unas 426.000 toneladas anuales del producto. No obstante, aunque las perspectivas son interesantes, también son inquietantes los inconvenientes que se vislumbran en el horizonte exportador. Para el primer trimestre de 2003 se anuncia la visita al país de los inspectores de la oficina europea de Control de Fraudes alertada por las denuncias de supuestas irregularidades que se cometerían en la tipificación de la calidad de la hacienda utilizada por los frigoríficos locales, para elaborar los cortes Hilton. A la incómoda presencia de los auditories europeos se suman las denuncias judiciales que desde hace dos meses mantienen en jaque al secretario de Agricultura y Ganadería, Haroldo Lebed, poniendo en duda la legalidad del reparto que realiza de la Cuota Hilton.
Aunque ambos hechos corren por cuerda separada, generan un clima poco propicio para negociar con los representantes de la comunidad el agregado, en forma permanente, de las 10.000 toneladas que este año se sumaron con carácter excepcional a las 28.000 de cuota concedida por los europeos.En igual sentido se menciona la situación sanitaria de los rodeos argentinos amenazada por la reaparición de fiebre aftosa en países limítrofes, con el brote registrado en la frontera de Paraguay y Brasil. Si bien los organismos sanitarios de los estados vecinos acordaron programas de cooperación para combatir la enfermedad con criterio regional, la fragilidad de los controles fronterizos, el peso de los intereses en juego y la ausencia de condena a los delitos que permitieron la reinfección argentina en 2001 -por supuesto contrabando de hacienda proveniente de Paraguay-, genera un margen de duda con sensación de riesgo latente.
Las sombrías estimaciones trazadas a principios de año, con la accidentada salida de la convertibilidad, sobre los resultados de la campaña agrícola 2001/02 quedaron plenamente desvirtuadas con una cosecha de 69 millones de toneladas de granos y exportaciones por un monto cercano a los U$S 9.000 millones para 2003.
La devaluación del peso tras casi 11 años de convertibilidad y el aumento de los precios internacionales de los granos, impulsado por las adversidades climáticas registradas en Estados Unidos y en otras zonas productoras del mundo, iluminaron el cielo de los chacareros argentinos.
Sin embargo, esa luz está comenzando a oscurecer, producto de las retenciones a las exportaciones y el aumento de la presión tributaria alentado por el Ministerio de Economía. Sin la garantía del cambio fijo, faltos de crédito bancario y con el sistema financiero en crisis, los chacareros descubrieron que podían guardar dólares en "silos bolsa", y resolvieron mantener sus cosechas en el campo para ir vendiendo los granos a medida que necesitan fondos para pagar viejas deudas o iniciar nuevas inversiones.
La peculiar modalidad comercial, que mezcla el sentido del ahorro con la simple especulación, se reflejó en el comportamiento de los principales mercados de granos del país (trigo, maíz y soja), que hacia fines de año no acumulan el habitual volumen de operaciones por retracción de la oferta. Pero los pronósticos sobre una posible meseta de los precios internacionales, por recuperación de la producción mundial y la contracción de la demanda, junto con una eventual baja del valor del dólar este año que se inicia podría modificar rápidamente la estrategia y terminar con la morosidad de los campesinos. El proceso se muestra más dinámico y lineal con las carnes, donde el control sanitario sobre la fiebre aftosa permitió la reapertura de casi 60 mercados internacionales y exportaciones en 2002 de 300.000 toneladas por unos U$S 500 millones.
La recuperación de la sanidad ganadera permitió la rehabilitación, a partir de febrero pasado, del mercado de la Unión Europa demandante de la apreciada Cuota Hilton y de otros destinos igualmente importantes como Israel, Egipto, países del Caribe y más recientemente Rusia y Chile, que volvieron a comprar en la segunda quincena de diciembre.
Los pronósticos más cautelosos indican que si se logra la reapertura de los Estados Unidos para mediados de 2003 podrían crecer de un 25% a un 30% las exportaciones cárnicas. Es que el mercado estadounidense es el receptor de la llamada cuota americana, segunda en importancia por volumen y precio después de la Hilton, y su reapertura arrastraría a Canadá y a México sus socios del Nafta (North American Free Trade Agreement).
Para medir la importancia de la plaza mexicana, donde ya se entablaron intensas negociaciones, se destaca que el consumo de carne en ese país es de 23,1 kilogramos por habitante/año, mientras que su producción total de 1,9 millones de toneladas lo obliga a importar unas 426.000 toneladas anuales del producto. No obstante, aunque las perspectivas son interesantes, también son inquietantes los inconvenientes que se vislumbran en el horizonte exportador. Para el primer trimestre de 2003 se anuncia la visita al país de los inspectores de la oficina europea de Control de Fraudes alertada por las denuncias de supuestas irregularidades que se cometerían en la tipificación de la calidad de la hacienda utilizada por los frigoríficos locales, para elaborar los cortes Hilton. A la incómoda presencia de los auditories europeos se suman las denuncias judiciales que desde hace dos meses mantienen en jaque al secretario de Agricultura y Ganadería, Haroldo Lebed, poniendo en duda la legalidad del reparto que realiza de la Cuota Hilton.
Aunque ambos hechos corren por cuerda separada, generan un clima poco propicio para negociar con los representantes de la comunidad el agregado, en forma permanente, de las 10.000 toneladas que este año se sumaron con carácter excepcional a las 28.000 de cuota concedida por los europeos.En igual sentido se menciona la situación sanitaria de los rodeos argentinos amenazada por la reaparición de fiebre aftosa en países limítrofes, con el brote registrado en la frontera de Paraguay y Brasil. Si bien los organismos sanitarios de los estados vecinos acordaron programas de cooperación para combatir la enfermedad con criterio regional, la fragilidad de los controles fronterizos, el peso de los intereses en juego y la ausencia de condena a los delitos que permitieron la reinfección argentina en 2001 -por supuesto contrabando de hacienda proveniente de Paraguay-, genera un margen de duda con sensación de riesgo latente.
















