10 Enero 2003
Las medidas que estudiaba el Gobierno para frenar los aumentos en los productos más sensibles de la canasta básica alimentaria generaron durante la semana una ola de críticas desde el sector privado, donde empresarios y exportadores hicieron sonar todas sus señales de alarma ante la posibilidad de que se incrementen las retenciones a la exportación.
Pese a que varios miembros del Gabinete indicaron en los últimos días que el Ejecutivo no analiza incrementar la alícuota de las retenciones, desde Economía continuaba la advertencia de incrementar los derechos de exportación para algunos bienes.
Los empresarios buscaban que el Estado no utilice el clásico mecanismo antiinflacionario. El presidente de la Cámara de Exportadores (CERA), Enrique Mantilla, opinó que el posible aumento de las retenciones no es una medida correcta.
El empresario descartó que los incrementos locales respondan a una suba de los precios internacionales, y que la suba de la que habla el Gobierno tiene otra causa. "En el segundo semestre del año pasado el déficit financiero fue de alrededor de $ 2.700 millones, con lo cual estamos ante un problema fiscal, y lo que quieren es un aumento de la recaudación para paliar ese déficit", indicó.
Precio de la harina
La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) consideró que el aumento de retenciones y los nuevos cupos de exportación hubieran traído graves consecuencias para el sector incluyendo el deterioro de los molinos y por ende un mayor desempleo, al tiempo que habría originado una suba de precios de la harina en el mercado interno.
Para FAIM, el abaratamiento de la harina depende de la baja del precio del trigo que representa el 70% del costo de la harina, la unificación de la alícuota del IVA de la cadena trigo/harina/pan al 10,5%, y la reducción de las retenciones de la harina para permitir la exportación.
El problema de la suba de retenciones, especulan sus detractores en el propio Gobierno, es que desalienta la única vía de generación de divisas que subsistió después de la devaluación, y que podría desencadenar reclamos de trato igualitario por parte de otros sectores involucrados.
Por ejemplo, el Gobierno se comprometió con las petroleras a no cambiar impuestos que las afecte a condición de no vuelvan a aplicar subas en los combustibles por 3 meses, resaltaron. "Y si subieran las retenciones de oleaginosas, sería lógico esperar que sus productores y comercializadores protesten por la inequidad", dijeron.
Exigencias adicionales
Pero la suba de retenciones no era la única medida que el Ministerio de Economía iba a llevar adelante. También estaban en agenda la obligación de imprimir en los envases precios sugeridos; la de modificar la liquidación del IVA; generalizarlo en un 10,5%, e iniciar negociaciones particulares para que los productores reduzcan sus precios por la coyuntura.
En ese sentido, José Alvarez, titular del Centro de Industriales Panaderos de la Capital Federal, dijo que la baja del IVA en la harina se trasladaría a toda la cadena de producción del pan.
Pese a que varios miembros del Gabinete indicaron en los últimos días que el Ejecutivo no analiza incrementar la alícuota de las retenciones, desde Economía continuaba la advertencia de incrementar los derechos de exportación para algunos bienes.
Los empresarios buscaban que el Estado no utilice el clásico mecanismo antiinflacionario. El presidente de la Cámara de Exportadores (CERA), Enrique Mantilla, opinó que el posible aumento de las retenciones no es una medida correcta.
El empresario descartó que los incrementos locales respondan a una suba de los precios internacionales, y que la suba de la que habla el Gobierno tiene otra causa. "En el segundo semestre del año pasado el déficit financiero fue de alrededor de $ 2.700 millones, con lo cual estamos ante un problema fiscal, y lo que quieren es un aumento de la recaudación para paliar ese déficit", indicó.
Precio de la harina
La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) consideró que el aumento de retenciones y los nuevos cupos de exportación hubieran traído graves consecuencias para el sector incluyendo el deterioro de los molinos y por ende un mayor desempleo, al tiempo que habría originado una suba de precios de la harina en el mercado interno.
Para FAIM, el abaratamiento de la harina depende de la baja del precio del trigo que representa el 70% del costo de la harina, la unificación de la alícuota del IVA de la cadena trigo/harina/pan al 10,5%, y la reducción de las retenciones de la harina para permitir la exportación.
El problema de la suba de retenciones, especulan sus detractores en el propio Gobierno, es que desalienta la única vía de generación de divisas que subsistió después de la devaluación, y que podría desencadenar reclamos de trato igualitario por parte de otros sectores involucrados.
Por ejemplo, el Gobierno se comprometió con las petroleras a no cambiar impuestos que las afecte a condición de no vuelvan a aplicar subas en los combustibles por 3 meses, resaltaron. "Y si subieran las retenciones de oleaginosas, sería lógico esperar que sus productores y comercializadores protesten por la inequidad", dijeron.
Exigencias adicionales
Pero la suba de retenciones no era la única medida que el Ministerio de Economía iba a llevar adelante. También estaban en agenda la obligación de imprimir en los envases precios sugeridos; la de modificar la liquidación del IVA; generalizarlo en un 10,5%, e iniciar negociaciones particulares para que los productores reduzcan sus precios por la coyuntura.
En ese sentido, José Alvarez, titular del Centro de Industriales Panaderos de la Capital Federal, dijo que la baja del IVA en la harina se trasladaría a toda la cadena de producción del pan.
















