Comercializar caracoles es negocio

La creciente demanda y el relevante valor económico de los caracoles comestibles impulsaron el desarrollo del sistema de crianza.

24 Enero 2003
POR RUTH MACEDO// INGENIERA ZOOTECNISTA
La helicicultura cuenta con los requisitos necesarios para ser considerada como un verdadero emprendimiento. Es que criar caracoles comestibles, en cautiverio, a escala comercial, es una actividad que le permite al productor utilizar su ingenio y su creatividad en una alternativa prometedora.
El consumo de caracoles tiene una larga tradición en Europa. Si nos remontamos a épocas prehistóricas, en varias cavernas del viejo continente se hallaron restos de caparazón. Los antiguos romanos lo difundieron por todo su imperio (lo asaban con manteca, ajo y aceite) pero fue en las primeras décadas del siglo XIX, con la gran hambruna que sufría Francia, que su consumo se hizo popular y hoy es considerado un verdadero manjar.
El valor nutritivo de su carne, dado por su elevado nivel proteico y por la calidad de las proteínas que contiene (el 98% de los aminoácidos esenciales para el ser humano); su bajo aporte en grasa y colesterol; su rico contenido en sales minerales y vitaminas; y su gran versatilidad gastronómica, justifica su revalorización en las dietas modernas.
La creciente demanda y su relevante valor económico, impulsaron el desarrollo de sistema de crianza y la instalación de criaderos en Europa, estableciéndose como una actividad zootécnica reconocida internacionalmente. Si bien la Argentina esta actividad esta difundiéndose, cuenta con ventajas ecológicas optimas para la cría. A esto se suman la posibilidad de producción en contraestación con el continente europeo y el de estar autorizado por la Unión Europea para exportar. De manera que se crea un panorama alentador para su comercialización.

Tamaño texto
Comentarios