La sequía estacional puede afectar la cosecha de limones

La recuperación del nivel hídrico en los citrus no sólo depende del volumen de las lluvias, sino también de la distribución de esas precipitaciones.

07 Febrero 2003
En su libro "Citricultura", Manuel Agustí señala que las necesidades hídricas de los cítricos, estimadas según sus pérdidas por evapotranspiración, se establecen entre los 7.500 y los 12.000 m3/ha/año, lo que equivale a una pluviometría anual de entre los 750 y los 1.200 mm. Pero una condición para que ésta satisfaga las exigencias del cultivo es su adecuada distribución.
En el área citrícola de Tucumán, si bien es cierto que en la mayoría de los casos los volúmenes de agua aportados por lluvias superan estos valores, también es cierto que por lo general la distribución de dichos aportes suelen ser muy irregulares. Concretamente, a partir de la primavera pasada, numerosas plantaciones citrícolas locales sufrieron por la escasez de agua habiendo perdido muchas de ellas un importante volumen de carga floral y de frutos que, seguramente, se harán sentir en la próxima cosecha.
Este efecto climatológico adverso fue superado por aquellos citricultores que contaban con equipos de riegos en sus predios, que les ayudaron a compensar las pérdidas de agua por evapotranspiración con el aporte complementario de agua. Los que invirtieron en riego seguramente no se arrepentirán y menos aún en años como los actuales.
Y cuando todo parecía solucionado, nuevamente surgieron algunos problemas. La sequía estacional que se creía haber sido superada durante noviembre y diciembre, luego de la sequía de inicios de primavera, volvió a golpear a algunas plantaciones citrícolas de Tucumán, sobre todo las más recostadas al norte y al este, con un nuevo déficit hídrico estacional sufrido a partir del 20 de enero en casi toda la provincia.
A este factor se debió sumar el fuerte estrés térmico que sufrieron vastas plantaciones de limoneros, por las elevadas temperaturas que reinaron no tan sólo durante el día sino durante gran parte de la noche.

Predicciones
Es muy difícil predecir o cuantificar las potenciales pérdidas productivas en el limón, ya que dicho cultivo es muy noble en su reacción y posee una recuperación magnífica cuando las condiciones vuelven a ser óptimas para el crecimiento y desarrollo de los frutos.
Todo esto debe llevar a replantear el manejo de muchas fincas limoneras y, por consiguiente, deberá llevar a que los productores se planteen nuevas inversiones en riego que otros años no la habían pensado por los mejores aportes hídricos ocasionados por las precipitaciones naturales.

El factor "lluvia"
La lluvia ejerce su mayor influencia con el aporte de humedad al suelo, y aunque este aspecto puede ser teóricamente sustituido por el riego, en la práctica las cosechas y la calidad de los frutos suelen ser mejores en años moderadamente lluviosos. A pesar de ello, es muy difícil estimar la influencia que sobre la calidad tiene la lluvia, ya que aspectos como la textura y la estructura del suelo, las pérdidas por escorrentía o percolación, la presencia de cubierta natural, las variedades y porta injertos, tienen una marcada importancia en la eficiencia de las lluvias.
Por otra parte, el desarrollo del fruto depende del aporte de agua y de la disponibilidad de carbohidratos, por lo que un déficit en el aporte de agua podría afectar seriamente el desarrollo de las futuras cosechas.
Ante estos acontecimientos, el escenario de una actividad agroexportadora como la que plantea el limón, debe llevar a que los productores piensen más en los años off de precipitaciones como el presente y se decidan a invertir en equipos de riego, que serán los únicos que le garantizarán obtener cosechas seguras con una calidad de lo producido que estará a la altura de las mejores exigencias de la demanda mundial.

Estrés térmico
Probablemente la variable climática más importante en la determinación del desarrollo vegetativo, de la floración, del cuajado y de la calidad de los frutos es la temperatura.
Valores térmicos que varían entre los 25 y los 30 grados centígrados se consideran óptimos para la actividad fotosintética, mientras que temperaturas de 35 grados centígrados o superiores la reducen.
Este efecto fue el que se vivió en la provincia a partir del 20 de enero pasado, cuando se registraron temperaturas extremas que llegaron a superar en la provincia los 35 grados en vastas regiones, provocando un fuerte estrés térmico en las plantaciones de citrus.
Si al estrés hídrico expresado anteriormente le sumamos el estrés térmico, la mezcla puede ser explosiva para los especímenes vegetales si las condiciones climáticas no mejoran.
No obstante, estos factores llevarán a que la cosecha se retrase en la mayor parte del área citrícola tucumana.
Muchos esperan que las condiciones climáticas mejoren, con mayores aportes de agua y con temperaturas más moderadas. Esto permitirá mejorar la perfomance de las futuras cosechas.

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