07 Febrero 2003
POR TOMAS G. AZCARATE Y MARINA MASTROSTESFANO
DIRECCION DE AGRICULTURA EUROPEA
El dinamismo del sector de frutas y hortalizas en el mundo queda demostrado si se observa la evolución tanto del consumo como de la producción. El consumo de frutas como el de hortalizas ha aumentado inexorablemente durante los últimos 20 años. Asia es el continente que más consume (56,5%). La Unión Europea consume el 10,4%, mientras que EE.UU. no llega al 10% (9,4). Si observamos zonas menos desarrolladas como América del Sur y el Caribe (8,9%), Africa (8,9%) vemos que su consumo está también muy por debajo del europeo. El incremento mundial del consumo, por notable que sea, ha sido más lento que el incremento de la producción. En la producción de frutas, los países más dinámicos han sido los del continente asiático. De especial relevancia es el aumento productivo en China (227% entre 1990 y 2000), India (61%) e Irán (50%) En tanto que EE.UU. (34%) y Brasil (19,7%) han mostrado un gran dinamismo. El sector hortícola ha sido igualmente dinámico y competitivo, destacándose de sobremanera los países asiáticos como China (aumento del 117% entre 1990 y 2000), Corea (22%) y Turquía (22%).
Así es como los países del hemisferio sur se presentan como las mayores amenazas al sector europeo. En otras regiones del mundo, países como Brasil (27% entre 1990 y 2000) o Egipto han volcado sus esfuerzos en la producción de hortalizas.
El destino comercial
El mercado europeo es uno de los grandes objetivos comerciales de casi todos los países con capacidad exportadora, porque se trata de la primera potencia mundial en cuanto a la importación de productos agrarios se refiere; es un gran mercado con muchos consumidores, que pagan en divisas convertibles. Es un mercado relativamente conocido con el cual se puede trabajar y en el que no suelen acontecer malas sorpresas, tales como cierres masivos de frontera.
Europa es, también, una red comercial relativamente abierta en cuanto a protección arancelaria se refiere, y que participa en un proceso activo de apertura de sus mercados tanto a raíz de los compromisos multilaterales asumidos (Organización Mundial del Comercio) como de los acuerdos e iniciativas bilaterales o regionales. El objetivo de competitividad es, en este contexto, una condición necesaria aunque no suficiente para la existencia de un sector hortofrutícola europeo.
La competencia externa
Este reto al que está confrontado el sector frutihortícola europeo no es, en lo esencial, diferente del que vive el resto del sector agrario. El mercado europeo es el centro de atención de los productores de frutas y hortalizas del resto del mundo.
Europa es una gran zona comercial, solvente económicamente. Es el primer importador y el segundo exportador mundial de productos agrarios. Existe un amplio consenso político y social sobre lo mucho que tiene que ganar el mundo en estabilidad y crecimiento, y nuestro viejo continente en bienestar, con el desarrollo del comercio y la apertura de los mercados.
La globalización de la economía empezó el día en que los primeros agricultores produjeron lo suficiente para poder intercambiar sus excedentes productivos con otros productos. En 1987, Eric Hobsbawn escribió que "el acontecimiento más importante en el Siglo XIX es la creación de un mercado global, que penetró de forma progresiva en los rincones más remotos del mundo, con un tejido cada vez más denso de transacciones económicas, comunicaciones y movimiento de productos". La globalización no es pues un fenómeno nuevo pero está cobrando nuevas dimensiones: el desarrollo cuantitativo se transforma en desarrollo cualitativo; está afectando de lleno a las mercancías pero mucho menos a la mano de obra. El problema, pues, no es la inevitable globalización sino su desarrollo desequilibrado y la carencia de reglas claras y de voluntad política consecuente, que permitan canalizarla y corregir sus efectos colaterales.
DIRECCION DE AGRICULTURA EUROPEA
El dinamismo del sector de frutas y hortalizas en el mundo queda demostrado si se observa la evolución tanto del consumo como de la producción. El consumo de frutas como el de hortalizas ha aumentado inexorablemente durante los últimos 20 años. Asia es el continente que más consume (56,5%). La Unión Europea consume el 10,4%, mientras que EE.UU. no llega al 10% (9,4). Si observamos zonas menos desarrolladas como América del Sur y el Caribe (8,9%), Africa (8,9%) vemos que su consumo está también muy por debajo del europeo. El incremento mundial del consumo, por notable que sea, ha sido más lento que el incremento de la producción. En la producción de frutas, los países más dinámicos han sido los del continente asiático. De especial relevancia es el aumento productivo en China (227% entre 1990 y 2000), India (61%) e Irán (50%) En tanto que EE.UU. (34%) y Brasil (19,7%) han mostrado un gran dinamismo. El sector hortícola ha sido igualmente dinámico y competitivo, destacándose de sobremanera los países asiáticos como China (aumento del 117% entre 1990 y 2000), Corea (22%) y Turquía (22%).
Así es como los países del hemisferio sur se presentan como las mayores amenazas al sector europeo. En otras regiones del mundo, países como Brasil (27% entre 1990 y 2000) o Egipto han volcado sus esfuerzos en la producción de hortalizas.
El destino comercial
El mercado europeo es uno de los grandes objetivos comerciales de casi todos los países con capacidad exportadora, porque se trata de la primera potencia mundial en cuanto a la importación de productos agrarios se refiere; es un gran mercado con muchos consumidores, que pagan en divisas convertibles. Es un mercado relativamente conocido con el cual se puede trabajar y en el que no suelen acontecer malas sorpresas, tales como cierres masivos de frontera.
Europa es, también, una red comercial relativamente abierta en cuanto a protección arancelaria se refiere, y que participa en un proceso activo de apertura de sus mercados tanto a raíz de los compromisos multilaterales asumidos (Organización Mundial del Comercio) como de los acuerdos e iniciativas bilaterales o regionales. El objetivo de competitividad es, en este contexto, una condición necesaria aunque no suficiente para la existencia de un sector hortofrutícola europeo.
La competencia externa
Este reto al que está confrontado el sector frutihortícola europeo no es, en lo esencial, diferente del que vive el resto del sector agrario. El mercado europeo es el centro de atención de los productores de frutas y hortalizas del resto del mundo.
Europa es una gran zona comercial, solvente económicamente. Es el primer importador y el segundo exportador mundial de productos agrarios. Existe un amplio consenso político y social sobre lo mucho que tiene que ganar el mundo en estabilidad y crecimiento, y nuestro viejo continente en bienestar, con el desarrollo del comercio y la apertura de los mercados.
La globalización de la economía empezó el día en que los primeros agricultores produjeron lo suficiente para poder intercambiar sus excedentes productivos con otros productos. En 1987, Eric Hobsbawn escribió que "el acontecimiento más importante en el Siglo XIX es la creación de un mercado global, que penetró de forma progresiva en los rincones más remotos del mundo, con un tejido cada vez más denso de transacciones económicas, comunicaciones y movimiento de productos". La globalización no es pues un fenómeno nuevo pero está cobrando nuevas dimensiones: el desarrollo cuantitativo se transforma en desarrollo cualitativo; está afectando de lleno a las mercancías pero mucho menos a la mano de obra. El problema, pues, no es la inevitable globalización sino su desarrollo desequilibrado y la carencia de reglas claras y de voluntad política consecuente, que permitan canalizarla y corregir sus efectos colaterales.















