21 Marzo 2003
Está comprobado que la agricultura tradicional produce grandes alteraciones en los ecosistemas. Los impactos negativos derivan del uso indiscriminado de agroquímicos, generando los siguientes problemas: 1) aparición de resistencias, como de la mosca blanca al butocarboxim, o de ácaros a dicofol y a tetradifón, etc; 2) aparición de nuevas plagas o intensificación del ataque de plagas existentes; 3) aumento de la contaminación ambiental; 4) presencia de residuos en la fruta.
Según la Comisión Europea, un 35% de las muestras (frutas y verduras) contenían residuos, y un 4,3% excedían el "límite máximo de residuo permitido" (LMR).
Esta situación se va agravada aún más debido a que las normas sobre los LMR no son coincidentes al momento de considerar al consumidor final, existiendo en los distintos países fuertes divergencias que implican graves problemas en el comercio.
La influencia de la globalización, la rapidez y accesibilidad de la información -entre otros factores- han llevado al consumidor a tomar conciencia acerca de los beneficios o potenciales desventajas del consumo de determinados alimentos. Esto ha provocado un aumento considerable de productos "diferenciados", basados en diversos atributos, como: calidad intrínseca del alimento (composición, características sensoriales, presencia o no de ciertas sustancias), sanidad, packaging y trazabilidad en la producción.
Los países desarrollados han avanzado en los últimos años en la implementación de programas de aseguramiento de la calidad: Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), HACCP, series ISO, Producción Orgánica (PO) y Producción Integrada (PI).
Existe, además, la certificación de normas propias de hipermercados; normas de algunos países como AgriConfiance (Francia); Certificación de Origen, etc.; con el fin de prevenir los efectos perjudiciales de los sistemas de producción y fabricación tradicionales.
La filosofía europea es que el agricultor debe aplicar metodologías que se engloben dentro de las BPA, sin recibir ningún tipo de contraprestación. Es decir, será la condición mínima necesaria que deberá cumplir para ofrecer al consumidor un alimento seguro.
Según la Comisión Europea, un 35% de las muestras (frutas y verduras) contenían residuos, y un 4,3% excedían el "límite máximo de residuo permitido" (LMR).
Esta situación se va agravada aún más debido a que las normas sobre los LMR no son coincidentes al momento de considerar al consumidor final, existiendo en los distintos países fuertes divergencias que implican graves problemas en el comercio.
La influencia de la globalización, la rapidez y accesibilidad de la información -entre otros factores- han llevado al consumidor a tomar conciencia acerca de los beneficios o potenciales desventajas del consumo de determinados alimentos. Esto ha provocado un aumento considerable de productos "diferenciados", basados en diversos atributos, como: calidad intrínseca del alimento (composición, características sensoriales, presencia o no de ciertas sustancias), sanidad, packaging y trazabilidad en la producción.
Los países desarrollados han avanzado en los últimos años en la implementación de programas de aseguramiento de la calidad: Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), HACCP, series ISO, Producción Orgánica (PO) y Producción Integrada (PI).
Existe, además, la certificación de normas propias de hipermercados; normas de algunos países como AgriConfiance (Francia); Certificación de Origen, etc.; con el fin de prevenir los efectos perjudiciales de los sistemas de producción y fabricación tradicionales.
La filosofía europea es que el agricultor debe aplicar metodologías que se engloben dentro de las BPA, sin recibir ningún tipo de contraprestación. Es decir, será la condición mínima necesaria que deberá cumplir para ofrecer al consumidor un alimento seguro.













