21 Marzo 2003
La prolongada falta de lluvias durante el último verano repercutió desfavorablemente en el sector ganadero, lo que ocasionó una importante disminución de la producción de pasturas, que fue estimada en un 50% por los profesionales que trabajan en el marco del convenio para el desarrollo ganadero de Tucumán.
De este acuerdo participan el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) seccional Famaillá, la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) de Tucumán y la Facultad de Agronomía y Zootecnia (FAZ) de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).
En este marco se desarrolló una reunión que concentró a productores y a profesionales del sector ganadero local -en la sede de la Eeaoc-, que fue organizada por los representantes de las instituciones integrantes del convenio, los ingenieros Gabriela Alcocer, por la EEAOC; Fernando García Posse, por el INTA, y Pedro Pérez, por la FAZ-UNT.
En esta oportunidad, el problema fue abordado por los ingenieros zootecnistas Manuela Toranzos y Pedro Pérez, quienes remarcaron las características de la sequía, a la que consideraron como un fenómeno particularmente complejo.
Esta conclusión surgió porque se trata de una de las anomalías ambientales más difícil de evaluar por su gran complejidad, pues a la vez que depende de las escasas o ausentes precipitaciones en un período, también se relaciona con la capacidad de almacenamiento del suelo y la ocurrencia del fenómeno en relación con el ciclo vegetativo anual.
Se remarcó particularmente la necesidad de tener una actitud proactiva, anticipatoria y con involucramiento directo de los afectados.Tomar decisiones en el ámbito de este fenómeno meteorológico requiere de un punto de partida inexcusable: el inventario de recursos.
No se podrá tomar ninguna decisión respecto de las ventas, las reducciones de stock o restricciones a alguna categoría del rodeo, si no se dispone de una análisis pormenorizado de los recursos alimenticios disponibles. Otro de los puntos relevantes considerados en las presentaciones fue la necesidad de tomar decisiones y actuar con la mayor anticipación posible, debido a que debe contemplarse un rápido período de recuperación al reiniciarse el ciclo húmedo.
Además, tendrá que estar preparado para capitalizar, en la forma más efectiva posible, la ocurrencia de probables precipitaciones que pudieran producirse en el transcurso de marzo -próximo a terminar- y de abril.
Las consecuencias de la inactividad se verán reflejadas en una serie de efectos y consecuencias: a) la disminución de la disponibilidad forrajera para consumo del ganado; b) aumento de la mortalidad de los planteles de animales; c) deterioro de los índices de productividad (fertilidad, peso, edad de matanza) y, d) aumento de los costos por alimentación, agua y traslado de los animales desde los rodeos hasta los campos de pastoreo.
También se discutió en el foro profesional la necesidad de programar el acopio y el uso de alimentos comprados para aumentar su eficiencia en la utilización, tratando de evitar una situación comprometida -a tal nivel- que obligue a la compra de alimentos de volumen.
Asimismo, los conferencistas que participaron del cónclave en el organismo provincial -la Estación Experimental- señalaron que las improvisaciones pueden desembocar en comportamientos imprudentes que pongan en riesgo el medio ambiente y afecten el futuro económico de las actividades involucradas.
Con las últimas lluvias registradas la situación no cambió demasiado en lo referente a la posibilidad de diferir mayor volumen de pastura para el invierno, debido a que esas precipitaciones se presentaron cuando el ciclo de crecimiento de las pasturas habían terminando.
Esto hace que se reconsideren las medidas para poder afrontar un invierno critico.
De este acuerdo participan el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) seccional Famaillá, la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) de Tucumán y la Facultad de Agronomía y Zootecnia (FAZ) de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).
En este marco se desarrolló una reunión que concentró a productores y a profesionales del sector ganadero local -en la sede de la Eeaoc-, que fue organizada por los representantes de las instituciones integrantes del convenio, los ingenieros Gabriela Alcocer, por la EEAOC; Fernando García Posse, por el INTA, y Pedro Pérez, por la FAZ-UNT.
En esta oportunidad, el problema fue abordado por los ingenieros zootecnistas Manuela Toranzos y Pedro Pérez, quienes remarcaron las características de la sequía, a la que consideraron como un fenómeno particularmente complejo.
Esta conclusión surgió porque se trata de una de las anomalías ambientales más difícil de evaluar por su gran complejidad, pues a la vez que depende de las escasas o ausentes precipitaciones en un período, también se relaciona con la capacidad de almacenamiento del suelo y la ocurrencia del fenómeno en relación con el ciclo vegetativo anual.
Se remarcó particularmente la necesidad de tener una actitud proactiva, anticipatoria y con involucramiento directo de los afectados.Tomar decisiones en el ámbito de este fenómeno meteorológico requiere de un punto de partida inexcusable: el inventario de recursos.
No se podrá tomar ninguna decisión respecto de las ventas, las reducciones de stock o restricciones a alguna categoría del rodeo, si no se dispone de una análisis pormenorizado de los recursos alimenticios disponibles. Otro de los puntos relevantes considerados en las presentaciones fue la necesidad de tomar decisiones y actuar con la mayor anticipación posible, debido a que debe contemplarse un rápido período de recuperación al reiniciarse el ciclo húmedo.
Además, tendrá que estar preparado para capitalizar, en la forma más efectiva posible, la ocurrencia de probables precipitaciones que pudieran producirse en el transcurso de marzo -próximo a terminar- y de abril.
Las consecuencias de la inactividad se verán reflejadas en una serie de efectos y consecuencias: a) la disminución de la disponibilidad forrajera para consumo del ganado; b) aumento de la mortalidad de los planteles de animales; c) deterioro de los índices de productividad (fertilidad, peso, edad de matanza) y, d) aumento de los costos por alimentación, agua y traslado de los animales desde los rodeos hasta los campos de pastoreo.
También se discutió en el foro profesional la necesidad de programar el acopio y el uso de alimentos comprados para aumentar su eficiencia en la utilización, tratando de evitar una situación comprometida -a tal nivel- que obligue a la compra de alimentos de volumen.
Asimismo, los conferencistas que participaron del cónclave en el organismo provincial -la Estación Experimental- señalaron que las improvisaciones pueden desembocar en comportamientos imprudentes que pongan en riesgo el medio ambiente y afecten el futuro económico de las actividades involucradas.
Con las últimas lluvias registradas la situación no cambió demasiado en lo referente a la posibilidad de diferir mayor volumen de pastura para el invierno, debido a que esas precipitaciones se presentaron cuando el ciclo de crecimiento de las pasturas habían terminando.
Esto hace que se reconsideren las medidas para poder afrontar un invierno critico.













