21 Marzo 2003
El doctor Luis Salado Navarro, experto en soja, señaló que la sequía afecta más a la fijación simbiótica de nitrógeno en la soja que a la fotosíntesis. En efecto, la fijación del nitrógeno comienza a declinar cuando el suelo pierde un 20% del total del agua útil que puede almacenar, mientras que la fotosíntesis recién disminuye a partir de la pérdida del 50% de dicha agua.
El efecto del estrés hídrico se acentúa porque la mayoría de los nódulos fijadores de nitrógeno están en las raíces cercanas a la superficie y, tal como se reportó, muchos de los suelos del este tucumano carecen de humedad hasta los 80 centímetros de profundidad.
Los daños por sequía varían en intensidad y en duración, con el período fenológico de la planta. La fotosíntesis, al ser también afectada, disminuye el alto suministro energético requerido por la formación de granos de soja con 20% de aceite.
Este grano tiene, además, un 40% de proteína y, por ende, un alto contenido de nitrógeno, mucho mayor que el maíz, trigo o poroto. Por eso, la demanda de nitrógeno de la soja durante el llenado de granos es muy alta, y esto sucede durante el período crítico.
El nitrógeno de la planta es removilizado, y comienza desde las hojas bajeras hacia las vainas. Por ello, se observó la caída precoz de hojas bajeras en las plantas de variedades tardías que comenzaron a formar vainas. De manera que resultaron plantas tipo palmerita, con solo las hojas superiores y pocas vainas formadas.
Si hay lluvias posteriores, estas plantas podrían compensar bastante el rendimiento mediante un significativo incremento del tamaño del grano.
Lamentablemente, si la sequía continuara, los daños en las variedades tardías podrían ser irreversibles. Las variedades más precoces que ya estaban llenando granos cuando ocurrió la sequía severa, ofrecen un panorama más dramático ya que su demanda de nitrógeno es mayor en ese estadio y, en consecuencia, se defolian totalmente y más rápido.
Si en cambio, la sequía hubiera ocurrido en marzo, las variedades tardías habrían sido más afectadas que las precoces ya que estas últimas habrían estado más cercanas a la madurez, y hubieran superado estas crisis produciendo granos más chicos.
Salado Navarro señaló que los campos con varios años de siembra directa tuvieron un mejor comportamiento ante la sequía, y que los síntomas del estrés hídrico y térmico se retrasaron allí, debido al efecto benéfico de la cobertura del suelo bajo siembra directa.
Los hechos muestran claramente, una vez más, que en el NOA los pronósticos de lluvias para la campaña, efectuados en pre-siembra, son erráticos.
La variabilidad de las lluvias estivales es lo que predomina e impide hacer planes con meses de anticipación.
Dado que al momento de la siembra de soja es difícil adivinar cuándo habrá sequía, el productor para cubrirse de este riesgo tendría que combinar fechas de siembra y/o variedades de diferentes ciclos, en las zonas más húmedas.
Las áreas tradicionalmente más secas son de mayor riesgo, porque tienen un período húmedo más corto y más variable aún. Por ende, allí suelen adaptarse mejor las variedades precoces, que son las que pueden terminar su ciclo durante el período húmedo de unos 100 días de los años "normales".
Lamentablemente, cuando la sequía es tan severa y prolongada como la que sufrimos actualmente, cualquier estrategia puede fallar, concluyó el doctor Salado Navarro.
El efecto del estrés hídrico se acentúa porque la mayoría de los nódulos fijadores de nitrógeno están en las raíces cercanas a la superficie y, tal como se reportó, muchos de los suelos del este tucumano carecen de humedad hasta los 80 centímetros de profundidad.
Los daños por sequía varían en intensidad y en duración, con el período fenológico de la planta. La fotosíntesis, al ser también afectada, disminuye el alto suministro energético requerido por la formación de granos de soja con 20% de aceite.
Este grano tiene, además, un 40% de proteína y, por ende, un alto contenido de nitrógeno, mucho mayor que el maíz, trigo o poroto. Por eso, la demanda de nitrógeno de la soja durante el llenado de granos es muy alta, y esto sucede durante el período crítico.
El nitrógeno de la planta es removilizado, y comienza desde las hojas bajeras hacia las vainas. Por ello, se observó la caída precoz de hojas bajeras en las plantas de variedades tardías que comenzaron a formar vainas. De manera que resultaron plantas tipo palmerita, con solo las hojas superiores y pocas vainas formadas.
Si hay lluvias posteriores, estas plantas podrían compensar bastante el rendimiento mediante un significativo incremento del tamaño del grano.
Lamentablemente, si la sequía continuara, los daños en las variedades tardías podrían ser irreversibles. Las variedades más precoces que ya estaban llenando granos cuando ocurrió la sequía severa, ofrecen un panorama más dramático ya que su demanda de nitrógeno es mayor en ese estadio y, en consecuencia, se defolian totalmente y más rápido.
Si en cambio, la sequía hubiera ocurrido en marzo, las variedades tardías habrían sido más afectadas que las precoces ya que estas últimas habrían estado más cercanas a la madurez, y hubieran superado estas crisis produciendo granos más chicos.
Salado Navarro señaló que los campos con varios años de siembra directa tuvieron un mejor comportamiento ante la sequía, y que los síntomas del estrés hídrico y térmico se retrasaron allí, debido al efecto benéfico de la cobertura del suelo bajo siembra directa.
Los hechos muestran claramente, una vez más, que en el NOA los pronósticos de lluvias para la campaña, efectuados en pre-siembra, son erráticos.
La variabilidad de las lluvias estivales es lo que predomina e impide hacer planes con meses de anticipación.
Dado que al momento de la siembra de soja es difícil adivinar cuándo habrá sequía, el productor para cubrirse de este riesgo tendría que combinar fechas de siembra y/o variedades de diferentes ciclos, en las zonas más húmedas.
Las áreas tradicionalmente más secas son de mayor riesgo, porque tienen un período húmedo más corto y más variable aún. Por ende, allí suelen adaptarse mejor las variedades precoces, que son las que pueden terminar su ciclo durante el período húmedo de unos 100 días de los años "normales".
Lamentablemente, cuando la sequía es tan severa y prolongada como la que sufrimos actualmente, cualquier estrategia puede fallar, concluyó el doctor Salado Navarro.













