16 Mayo 2003
En un artículo publicado en LA GACETA Rural del 4 de abril pasado, la sección Suelos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) advirtió sobre el escaso contenido de humedad de los suelos del área productora de granos y sus implicancias en la siembra de trigo.
Los bajos contenidos hídricos registrados a fines de marzo de este año en los siete lugares donde se llevaron a cabo controles semanales durante el ciclo de la soja, obedecían a las escasas precipitaciones ocurridas desde fines de enero al 25 de marzo, fecha de la última determinación realizada hasta ese momento.
Durante abril se registraron lluvias superiores, y en algunas localidades muy por arriba de las medias dentro de esta área. En el infograma muestra datos de las precipitaciones en varias localidades de la zona productora norte tucumana, en relación a los promedios de 30 años.
Esto elevó significativamente la humedad en los primeros 40 a 70 centímetros de perfil, lo que da un cierto beneficio para el cultivo de trigo.
Agua almacenada
Sin embargo, por debajo de esta profundidad los contenidos hídricos siguen siendo inferiores a los alcanzados en los mismos puntos al momento de la siembra en las tres campañas anteriores.
Los estudios que la Eeaoc viene realizando desde 2000 indican que, en los suelos donde no existen limitaciones para el crecimiento radicular, el trigo toma el agua almacenada en forma significativa hasta aproximadamente 170 centímetros de profundidad, y que en gran parte de los casos llega a agotar el agua disponible de los primeros 120 centímetros, lo que resalta la importancia de tener agua disponible en todo el perfil del suelo.
Esto destaca la importancia de contar con un perfil húmedo hasta 170 centímetros al momento de la siembra, tomando en cuenta que las precipitaciones que ocurren durante su ciclo constituyen solo una parte poco significativa del total requerido por este cereal.
El relevamiento efectuado en 15 localidades de los departamentos de Burruyacu y de Cruz Alta entre 5 y el 9 de mayo de este año, que incluye los 7 puntos donde se hacen controles de humedad durante el cultivo de trigo desde 2000, muestra una gran diversidad de situaciones.
En términos generales, el agua disponible en los primeros 60 centímetros es similar a la de años anteriores, con valores ligeramente más altos en la zona oeste del área triguera respecto de los ubicados al este.
Las diferencias aparecen entre los 60 y los 80 centímetros y ponen de manifiesto que los contenidos hídricos son significativamente menores en la campaña que se inicia.
Comparando el agua útil almacenada en 170 centímetros de perfil, las diferencias varían entre los 80 y 170 milímetros como valores más frecuentes.
Esto indica que los rendimientos estarán fuertemente condicionados a las precipitaciones de fines de invierno y de comienzos de primavera, por cuanto el agua útil almacenada se agotará con anticipación en comparación a años anteriores, al momento en que los cultivos requieren del agua suficiente para culminar su ciclo.
Los bajos contenidos hídricos registrados a fines de marzo de este año en los siete lugares donde se llevaron a cabo controles semanales durante el ciclo de la soja, obedecían a las escasas precipitaciones ocurridas desde fines de enero al 25 de marzo, fecha de la última determinación realizada hasta ese momento.
Durante abril se registraron lluvias superiores, y en algunas localidades muy por arriba de las medias dentro de esta área. En el infograma muestra datos de las precipitaciones en varias localidades de la zona productora norte tucumana, en relación a los promedios de 30 años.
Esto elevó significativamente la humedad en los primeros 40 a 70 centímetros de perfil, lo que da un cierto beneficio para el cultivo de trigo.
Agua almacenada
Sin embargo, por debajo de esta profundidad los contenidos hídricos siguen siendo inferiores a los alcanzados en los mismos puntos al momento de la siembra en las tres campañas anteriores.
Los estudios que la Eeaoc viene realizando desde 2000 indican que, en los suelos donde no existen limitaciones para el crecimiento radicular, el trigo toma el agua almacenada en forma significativa hasta aproximadamente 170 centímetros de profundidad, y que en gran parte de los casos llega a agotar el agua disponible de los primeros 120 centímetros, lo que resalta la importancia de tener agua disponible en todo el perfil del suelo.
Esto destaca la importancia de contar con un perfil húmedo hasta 170 centímetros al momento de la siembra, tomando en cuenta que las precipitaciones que ocurren durante su ciclo constituyen solo una parte poco significativa del total requerido por este cereal.
El relevamiento efectuado en 15 localidades de los departamentos de Burruyacu y de Cruz Alta entre 5 y el 9 de mayo de este año, que incluye los 7 puntos donde se hacen controles de humedad durante el cultivo de trigo desde 2000, muestra una gran diversidad de situaciones.
En términos generales, el agua disponible en los primeros 60 centímetros es similar a la de años anteriores, con valores ligeramente más altos en la zona oeste del área triguera respecto de los ubicados al este.
Las diferencias aparecen entre los 60 y los 80 centímetros y ponen de manifiesto que los contenidos hídricos son significativamente menores en la campaña que se inicia.
Comparando el agua útil almacenada en 170 centímetros de perfil, las diferencias varían entre los 80 y 170 milímetros como valores más frecuentes.
Esto indica que los rendimientos estarán fuertemente condicionados a las precipitaciones de fines de invierno y de comienzos de primavera, por cuanto el agua útil almacenada se agotará con anticipación en comparación a años anteriores, al momento en que los cultivos requieren del agua suficiente para culminar su ciclo.















