15 Agosto 2003
En la última edición de la muestra de Palermo representantes de diferentes países del mundo se sentaron a discutir sobre "La marcha de las negociaciones comerciales internacionales", donde participaron funcionarios y empresarios de Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y la Argentina. Una de las principales conclusiones a que se arribó fue que los mecanismos complejos que los países desarrollados utilizan para proteger a sus productores mediante subsidios, no parece que vayan a desarmarse en el corto plazo, pese a que las discusiones políticas y diplomáticas digan lo contrario.
Este, sin dudas, será el panorama por el que deberán transitar todas aquellas actividades productivas locales que tengan proyección dentro del comercio internacional.
Si bien es cierto que nuestro país no puede hacer nada para impedir el otorgamiento de subsidios a fondo perdido, que los gobiernos de los países más desarrollados otorgan a sus productores para convertirlos en competitivos, sí en cambio la Argentina puede hacer mucho en el establecimiento de un plan estratégico que promueva el crecimiento del sector agropecuario y del agroindustrial.
La Nación debe darse cuenta que, en la peor crisis por la que atravesó el país a lo largo de toda su historia, fue nuevamente el sector agropecuario el que demostró ser la principal fuente generadora de riquezas para el país.
Pero para que la Argentina logre producir en forma competitiva 100 millones de toneladas de granos y más de 3,5 millones de toneladas de carne -además de millones de toneladas de productos frutihortícolas y otros derivados agroindustriales-, el campo deberá contar, en forma urgente, con herramientas válidas que le permitan crecer sostenidamente.
Una meta posible
La Argentina puede convertirse en la principal potencia agrícola mundial porque cuenta con tierras, climas, tecnología y recursos humanos para ser líder en materia de producción y de exportación de agroalimentos. El Gobierno debe aprovechar esta combinación de factores y convertir al campo en el motor de la economía nacional. Pero para ello, tiene que generar un marco de confianza con medidas concretas que permitan reducir paulatinamente las retenciones a las exportaciones; fortalecer la seguridad jurídica; respetar las leyes vigentes y no cambiarlas en forma antojadiza.
Se necesita un futuro previsible y medidas que vuelvan a darle al productor un voto de confianza por este país.
No obstante, el actual Gobierno nacional aún no dio estas señales positivas al hombre de campo, y el propio ministro de Economía, Roberto Lavagna, sigue pensando en el sector agroexportador como la caja de la que se obtendrán recursos para equilibrar las cuentas fiscales. Pero el campo no tiene recursos inagotables y a los productores también se les agota la paciencia.
En Palermo, los hombres de campo no tan sólo recibieron la mala noticia -por parte de las autoridades de Agricultura- de que se mantendrán las retenciones, sino que además se mantendrán el anacrónico régimen de impuestos a las ganancias; la alícuota diferencial del IVA; la falta de créditos para afrontar el capital de trabajo en los actos productivos, y un sinnúmero de medidas que nada tienen que ver con un Gobierno que quiere brindarle al sector reglas claras para que mantenga su competitividad y su crecimiento.
Aumento de las tarifas
Por otra parte, el vicepresidente Daniel Scioli anunció el día martes último en Tucumán que el aumento en las tarifas eléctricas y de gas será el primer paso que dará el Gobierno para acceder a las exigencias del FMI y despertar su confianza. Pero seguramente, por detrás, vendrán una serie de subas en otros servicios que afectarán de manera significativa la competitividad del sector productivo y se trasladarán a toda la cadena de consumo, generando inflación e incertidumbre en las fases productiva y comercial.
El productor quiere crecer, pero parece que el Gobierno no se da cuenta que este tipo de medidas sólo ayuda a ponerle palos en la rueda a sus objetivos, y a frustrarlo en sus intentos.
En el ámbito provincial las notables ausencias del gobernador Julio Miranda y de su sucesor José Alperovich en el reciente "Precoloquio de IDEA", cuyo lema fue "Bases para una Argentina integrada", mostró una vez más la falta de diálogo y de sintonía que existe entre el sector público y el privado tucumano.
Sin compromisos
Fue notable la falta de compromiso por parte de las autoridades constituídas para sentar las bases de un trabajo conjunto e integrado para sacar a Tucumán de su actual postración.
Este hecho, que parece a simple vista ser intrascendente, no lo es. Los empresarios estaban ansiosos por escuchar las palabras del gobernador saliente y de los planes del entrante. Pero este tema quedará para agendas futuras. No obstante, deben entender los futuros funcionarios del sector productivo que darle la espalda a los empresarios en general, y al campo en particular, es darle la espalda al crecimiento sostenido de la región. Estas actitudes deberán revertirse en forma urgente. El futuro gobernador tendrá que articular políticas de Estado en base a las necesidades concretas del sector productivo. Para ello deberá aceitar las relaciones público-privadas, y comenzar a trabajar con aquellos hombres que supieron ser a lo largo de la historia los soportes de la economía y los dinamizadores de los procesos de crecimiento que tuvo Tucumán.
Este, sin dudas, será el panorama por el que deberán transitar todas aquellas actividades productivas locales que tengan proyección dentro del comercio internacional.
Si bien es cierto que nuestro país no puede hacer nada para impedir el otorgamiento de subsidios a fondo perdido, que los gobiernos de los países más desarrollados otorgan a sus productores para convertirlos en competitivos, sí en cambio la Argentina puede hacer mucho en el establecimiento de un plan estratégico que promueva el crecimiento del sector agropecuario y del agroindustrial.
La Nación debe darse cuenta que, en la peor crisis por la que atravesó el país a lo largo de toda su historia, fue nuevamente el sector agropecuario el que demostró ser la principal fuente generadora de riquezas para el país.
Pero para que la Argentina logre producir en forma competitiva 100 millones de toneladas de granos y más de 3,5 millones de toneladas de carne -además de millones de toneladas de productos frutihortícolas y otros derivados agroindustriales-, el campo deberá contar, en forma urgente, con herramientas válidas que le permitan crecer sostenidamente.
Una meta posible
La Argentina puede convertirse en la principal potencia agrícola mundial porque cuenta con tierras, climas, tecnología y recursos humanos para ser líder en materia de producción y de exportación de agroalimentos. El Gobierno debe aprovechar esta combinación de factores y convertir al campo en el motor de la economía nacional. Pero para ello, tiene que generar un marco de confianza con medidas concretas que permitan reducir paulatinamente las retenciones a las exportaciones; fortalecer la seguridad jurídica; respetar las leyes vigentes y no cambiarlas en forma antojadiza.
Se necesita un futuro previsible y medidas que vuelvan a darle al productor un voto de confianza por este país.
No obstante, el actual Gobierno nacional aún no dio estas señales positivas al hombre de campo, y el propio ministro de Economía, Roberto Lavagna, sigue pensando en el sector agroexportador como la caja de la que se obtendrán recursos para equilibrar las cuentas fiscales. Pero el campo no tiene recursos inagotables y a los productores también se les agota la paciencia.
En Palermo, los hombres de campo no tan sólo recibieron la mala noticia -por parte de las autoridades de Agricultura- de que se mantendrán las retenciones, sino que además se mantendrán el anacrónico régimen de impuestos a las ganancias; la alícuota diferencial del IVA; la falta de créditos para afrontar el capital de trabajo en los actos productivos, y un sinnúmero de medidas que nada tienen que ver con un Gobierno que quiere brindarle al sector reglas claras para que mantenga su competitividad y su crecimiento.
Aumento de las tarifas
Por otra parte, el vicepresidente Daniel Scioli anunció el día martes último en Tucumán que el aumento en las tarifas eléctricas y de gas será el primer paso que dará el Gobierno para acceder a las exigencias del FMI y despertar su confianza. Pero seguramente, por detrás, vendrán una serie de subas en otros servicios que afectarán de manera significativa la competitividad del sector productivo y se trasladarán a toda la cadena de consumo, generando inflación e incertidumbre en las fases productiva y comercial.
El productor quiere crecer, pero parece que el Gobierno no se da cuenta que este tipo de medidas sólo ayuda a ponerle palos en la rueda a sus objetivos, y a frustrarlo en sus intentos.
En el ámbito provincial las notables ausencias del gobernador Julio Miranda y de su sucesor José Alperovich en el reciente "Precoloquio de IDEA", cuyo lema fue "Bases para una Argentina integrada", mostró una vez más la falta de diálogo y de sintonía que existe entre el sector público y el privado tucumano.
Sin compromisos
Fue notable la falta de compromiso por parte de las autoridades constituídas para sentar las bases de un trabajo conjunto e integrado para sacar a Tucumán de su actual postración.
Este hecho, que parece a simple vista ser intrascendente, no lo es. Los empresarios estaban ansiosos por escuchar las palabras del gobernador saliente y de los planes del entrante. Pero este tema quedará para agendas futuras. No obstante, deben entender los futuros funcionarios del sector productivo que darle la espalda a los empresarios en general, y al campo en particular, es darle la espalda al crecimiento sostenido de la región. Estas actitudes deberán revertirse en forma urgente. El futuro gobernador tendrá que articular políticas de Estado en base a las necesidades concretas del sector productivo. Para ello deberá aceitar las relaciones público-privadas, y comenzar a trabajar con aquellos hombres que supieron ser a lo largo de la historia los soportes de la economía y los dinamizadores de los procesos de crecimiento que tuvo Tucumán.













