17 Octubre 2003
La importante expansión del área sembrada con soja en el último decenio se logró desplazando la frontera agrícola hacia zonas marginales para su cultivo, y a expensas de un predominio casi excluyente de esta especie en la secuencia de cultivos. Esto equivale a una situación de monocultivo o a un doble cultivo trigo/soja, explicó en su charla el doctor Omar Bachmeier, de la Universidad Nacional de Córdoba.
Si bien los cálculos económicos en que basan sus proyectos de siembra los productores favorecen esta tendencia, debe considerarse el efecto futuro de las decisiones actuales, sobre todo el fuerte impacto que sufre el suelo, el principal bien de capital.
Agregó que el manejo actual del suelo quedará registrado en su historia de degradación, comprometiendo su productividad a mediano y largo plazo. Así las consecuencias soja/soja o trigo-soja/trigo-soja dejará su impronta sobre las variables químicas, físicas y biológicas que determinan la calidad de un suelo. Dentro de esas variables, el tenor de materia orgánica es un indicador del estado del suelo, su contenido y su calidad, que influyen sobre la dinámica de nutrientes, de las propiedades físicas y de la dinámica y actividad microbianas.
De todas las experiencias realizadas se deduce que aquellos sistemas que favorecen la captura de carbono, como la siembra directa, tienden a un aumento gradual del porcentaje de materia orgánica, a la vez que estimulan la formación de complejos arcillo-húmicos al aumentar el contenido de componentes orgánicos asociados a la fracción granulométrica de la materia orgánica vieja.
Este proceso tiene efecto directo sobre el grado de protección de las sustancias húmicas frente a fenómenos de degradación biológica, a la vez que promueven la formación de agregados estables.
Estudios referidos al fosforo extractable revelaron que a mayor participación de la soja en la secuencia de cultivos el nivel de fósforo cae a la mitad comparado con el de las rotaciones con maíz, luego de 18 años de tratamiento, dando cuenta de la fuerte demanda de la soja por este elemento. Cuanto más sea un monocultivo, mayor será la extracción de fósforo del suelo, resaltó Bachmeier.
Si bien los cálculos económicos en que basan sus proyectos de siembra los productores favorecen esta tendencia, debe considerarse el efecto futuro de las decisiones actuales, sobre todo el fuerte impacto que sufre el suelo, el principal bien de capital.
Agregó que el manejo actual del suelo quedará registrado en su historia de degradación, comprometiendo su productividad a mediano y largo plazo. Así las consecuencias soja/soja o trigo-soja/trigo-soja dejará su impronta sobre las variables químicas, físicas y biológicas que determinan la calidad de un suelo. Dentro de esas variables, el tenor de materia orgánica es un indicador del estado del suelo, su contenido y su calidad, que influyen sobre la dinámica de nutrientes, de las propiedades físicas y de la dinámica y actividad microbianas.
De todas las experiencias realizadas se deduce que aquellos sistemas que favorecen la captura de carbono, como la siembra directa, tienden a un aumento gradual del porcentaje de materia orgánica, a la vez que estimulan la formación de complejos arcillo-húmicos al aumentar el contenido de componentes orgánicos asociados a la fracción granulométrica de la materia orgánica vieja.
Este proceso tiene efecto directo sobre el grado de protección de las sustancias húmicas frente a fenómenos de degradación biológica, a la vez que promueven la formación de agregados estables.
Estudios referidos al fosforo extractable revelaron que a mayor participación de la soja en la secuencia de cultivos el nivel de fósforo cae a la mitad comparado con el de las rotaciones con maíz, luego de 18 años de tratamiento, dando cuenta de la fuerte demanda de la soja por este elemento. Cuanto más sea un monocultivo, mayor será la extracción de fósforo del suelo, resaltó Bachmeier.













