17 Octubre 2003
En los Estados Unidos se estima que la mitad del volumen de comercialización de las principales hortalizas tiene algún tipo de procesamiento.
El 50% del consumo de papa se realiza bajo la forma de fritas en bastones o rodajas y puré deshidratado. Las arvejas, espárragos, porotos chauchas, lentejas, garbanzos, cebollas y por supuesto, el infaltable tomate, se consumen industrializados en el país del norte.
Venezuela, Colombia, Brasil y algunos países centroamericanos tienen una demanda firme de 7.000 toneladas mensuales de papa para industria, y el consumo de tomates procesados supera los 10 kilogramos por habitante y por año.
Los mayores mercados de consumo de hortalizas congeladas son Francia con el 22 % del volumen total consumido y el Reino Unido con el 18 %. En el caso de Argentina, la incorporación de alimentos congelados en los hábitos alimentarios se dio recién a partir de 1994, con un consumo que ronda los 300 g/hab/año.
Para la industria
El tomate junto con la arveja, son las hortalizas que presentan mayor insumo industrial relativo en Argentina. El tomate, en particular, ocupa el segundo lugar en términos absolutos de producción con destino a industria entre todas las frutas y hortalizas del país, después de la uva. En la última década del siglo pasado, el consumo de tomate industrializado en Argentina aumentó de 2,2 kg/hab/año a casi 5 kg/hab/año, mientras que el consumo en fresco bajó de 12 kg/hab/año a 10 kg/hab/año.
Mercado en alza
En 1999 la producción argentina de hortalizas congeladas promedió las 6.500 toneladas y en la actualidad supera las 10.500 toneladas. Es decir que se registró un importante incremento, por lo que aprovechar esta tendencia para profundizar el desarrollo del proceso de este tipo de hortalizas.
Las plantas de productos congelados instaladas en la Argentina procesan hortalizas de producción local. Por lo tanto siguen la estacionalidad de las mismas, produciendo en función de los meses de cosecha.
El 50% del consumo de papa se realiza bajo la forma de fritas en bastones o rodajas y puré deshidratado. Las arvejas, espárragos, porotos chauchas, lentejas, garbanzos, cebollas y por supuesto, el infaltable tomate, se consumen industrializados en el país del norte.
Venezuela, Colombia, Brasil y algunos países centroamericanos tienen una demanda firme de 7.000 toneladas mensuales de papa para industria, y el consumo de tomates procesados supera los 10 kilogramos por habitante y por año.
Los mayores mercados de consumo de hortalizas congeladas son Francia con el 22 % del volumen total consumido y el Reino Unido con el 18 %. En el caso de Argentina, la incorporación de alimentos congelados en los hábitos alimentarios se dio recién a partir de 1994, con un consumo que ronda los 300 g/hab/año.
Para la industria
El tomate junto con la arveja, son las hortalizas que presentan mayor insumo industrial relativo en Argentina. El tomate, en particular, ocupa el segundo lugar en términos absolutos de producción con destino a industria entre todas las frutas y hortalizas del país, después de la uva. En la última década del siglo pasado, el consumo de tomate industrializado en Argentina aumentó de 2,2 kg/hab/año a casi 5 kg/hab/año, mientras que el consumo en fresco bajó de 12 kg/hab/año a 10 kg/hab/año.
Mercado en alza
En 1999 la producción argentina de hortalizas congeladas promedió las 6.500 toneladas y en la actualidad supera las 10.500 toneladas. Es decir que se registró un importante incremento, por lo que aprovechar esta tendencia para profundizar el desarrollo del proceso de este tipo de hortalizas.
Las plantas de productos congelados instaladas en la Argentina procesan hortalizas de producción local. Por lo tanto siguen la estacionalidad de las mismas, produciendo en función de los meses de cosecha.
















