07 Noviembre 2003
"Tenemos un país con una extensión territorial importante y con regiónes climáticas muy distintas que nos permitirían, a partir de una clasificación climática, encontrar las zonas aptas para los distintos cultivos. Este hecho sería muy importante, porque entrarían a los principales mercados productos de distintas zonas. Y el país da para esto", señaló a LA GACETA Rural la ingeniera agrónoma Libertad Mascarini, profesora de la cátedra de Floricultura de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.
Apuntó que a través de las distintas jornadas para el sector que se realizaron hasta el momento, los profesionales vienen especializándose en cultivos que los van difundiendo en diversas zonas del país. "Este perfil, que se destacó en el foro realizado en Tucumán, hay que completarlo", remarcó. Indicó que deben generalizarse esos datos, para saber, por ejemplo, cuándo la rosa en determinada época viene bien para una zona u otra y así planificar para todo el año los distintos cultivos. "La idea es abastecer el mercado interno todo el año y que no haya esos baches de producción que tenemos actualmente", indicó. En cuanto a la bibliografía disponible, en principio -apuntó- se publicaron los trabajos presentados en las jornadas nacionales anteriores. "Estamos generando un ámbito de discusión y de edición de trabajos científicos para floricultura, que no había, y esto es puro esfuerzo de esos encuentros realizados", precisó.
Mascarini explicó que ya se publicó el primer libro de floricultura argentina, una compilación de investigaciones presentadas el año pasado.
Apoyo oficial
En cuanto al apoyo oficial para el desarrollo del sector, la profesora de la UBA dijo que si bien hay muchas instituciones que participan, aún falta una planificación general y el respaldo con políticas para el desarrollo, como ocurre con otras actividades productivas. "Hay mucho esfuerzo privado que necesita también del apoyo de las instituciones financieras, con créditos", subrayó.
Sobre las posibilidades de expansión de la actividad en el NOA, Mascarini mencionó, en general, a la flor de corte. "Existe un movimiento de productores, incluso de Buenos Aires, que están viendo al norte como la posibilidad de realizar sus producciones evitando gastos de calefacción", dijo.
"Por eso, los productores locales deben conocer este potencial que tienen y explotarlo. La región posee mejor radiación, mayor cantidad de luz para los cultivos y además, distintos microclimas y zonas libres de heladas", indicó.
Según Mascarini, faltaría un estudio a fondo de las zonas y ver el potencial para los distintos cultivos. "Pero climáticamente hablando el Noroeste es mucho más apto que Buenos Aires. Por eso sería importante volcar esfuerzos hacia el desarrollo de los cultivos en el NOA, sobre todo en las épocas frías que es cuando se paga el precio más alto del mercado", explicó la especialista.
Finalmente, instó a los productores del NOA a capacitarse y reclamó créditos para las inversiones del sector.
De a poco se forman equipos técnicos para investigar y transferir tecnología
Históricamente, la floricultura se desarrolló en base de conocimientos acelerados de prueba y error, con muy poco apoyo y a través de especialistas o de gente dedicada a la experimentación, investigación y extensión.
"Esta situación se está revirtiendo y estas jornadas lo confirman. Se van perfilando grupos de técnicos que, en diferentes ámbitos, están confluyendo en trabajos que van consolidandose y serán en el futuro de gran interés", señaló a LA GACETA Rural el ingeniero Agrónomo Roberto Fernández, coordinador de Floricultura del INTA, en el Programa Nacional Hortalizas y Flores.
En este sentido hay avances en las distintas instituciones de investigación y transferencia tecnológica. "En el INTA, por caso, la incorporación de la actividad al trabajo programático es una señal, si bien esto es incipiente. También fue un aporte la relación con los técnicos japones del JICA, que fueron el motor dentro del INTA con su centro de investigación, que el año próximo pasará al INTA. Y estas son señales muy positivas", precisó Fernández.
Pero todo este impulso del sector de experimentación, investigación y extensión lógicamente hay que unirlo con los intereses sectoriales que están más con el comercio, con la actividad. Fernández opina que debe apuntalarse el interés regional para consolidar un trabajo integral que produzca un mayor involucramiento del sector y los productores tengan las cosas más claras.
Si bien el negocio interno de la floricultura históricamente fue de oportunidades, una futura posibilidad de exportación va a llevar a sentar en la misma mesa a gente que está en diferentes ramas del sector, algo que teóricamente aún no se hizo, dijo Fernández.
¿Cuál sería entonces el compromiso del INTA?, se le consultó. "Por un lado es un organismo de generación y transferencia de tecnología. No es el ejecutor de políticas agropecuarias. Pero tiene la obligación de servir como nexo a la formación de estos foros o jornadas para que todas las partes del sector, desde la visión de cada uno, se ordene la floricultura", respondió.
Fernández anticipó que se inició la formación de grupos para la experimentación e investigación. "Ahora, con este Instituto de Floricultura que funcionará en el Centro Castelar del INTA, habrá una base importante para consolidar otros equipos de trabajo y tratar de desarrollar centros regionales, involucrar gente y conformar una red de experimentación nacional", concluyó.
Apuntó que a través de las distintas jornadas para el sector que se realizaron hasta el momento, los profesionales vienen especializándose en cultivos que los van difundiendo en diversas zonas del país. "Este perfil, que se destacó en el foro realizado en Tucumán, hay que completarlo", remarcó. Indicó que deben generalizarse esos datos, para saber, por ejemplo, cuándo la rosa en determinada época viene bien para una zona u otra y así planificar para todo el año los distintos cultivos. "La idea es abastecer el mercado interno todo el año y que no haya esos baches de producción que tenemos actualmente", indicó. En cuanto a la bibliografía disponible, en principio -apuntó- se publicaron los trabajos presentados en las jornadas nacionales anteriores. "Estamos generando un ámbito de discusión y de edición de trabajos científicos para floricultura, que no había, y esto es puro esfuerzo de esos encuentros realizados", precisó.
Mascarini explicó que ya se publicó el primer libro de floricultura argentina, una compilación de investigaciones presentadas el año pasado.
Apoyo oficial
En cuanto al apoyo oficial para el desarrollo del sector, la profesora de la UBA dijo que si bien hay muchas instituciones que participan, aún falta una planificación general y el respaldo con políticas para el desarrollo, como ocurre con otras actividades productivas. "Hay mucho esfuerzo privado que necesita también del apoyo de las instituciones financieras, con créditos", subrayó.
Sobre las posibilidades de expansión de la actividad en el NOA, Mascarini mencionó, en general, a la flor de corte. "Existe un movimiento de productores, incluso de Buenos Aires, que están viendo al norte como la posibilidad de realizar sus producciones evitando gastos de calefacción", dijo.
"Por eso, los productores locales deben conocer este potencial que tienen y explotarlo. La región posee mejor radiación, mayor cantidad de luz para los cultivos y además, distintos microclimas y zonas libres de heladas", indicó.
Según Mascarini, faltaría un estudio a fondo de las zonas y ver el potencial para los distintos cultivos. "Pero climáticamente hablando el Noroeste es mucho más apto que Buenos Aires. Por eso sería importante volcar esfuerzos hacia el desarrollo de los cultivos en el NOA, sobre todo en las épocas frías que es cuando se paga el precio más alto del mercado", explicó la especialista.
Finalmente, instó a los productores del NOA a capacitarse y reclamó créditos para las inversiones del sector.
Históricamente, la floricultura se desarrolló en base de conocimientos acelerados de prueba y error, con muy poco apoyo y a través de especialistas o de gente dedicada a la experimentación, investigación y extensión.
"Esta situación se está revirtiendo y estas jornadas lo confirman. Se van perfilando grupos de técnicos que, en diferentes ámbitos, están confluyendo en trabajos que van consolidandose y serán en el futuro de gran interés", señaló a LA GACETA Rural el ingeniero Agrónomo Roberto Fernández, coordinador de Floricultura del INTA, en el Programa Nacional Hortalizas y Flores.
En este sentido hay avances en las distintas instituciones de investigación y transferencia tecnológica. "En el INTA, por caso, la incorporación de la actividad al trabajo programático es una señal, si bien esto es incipiente. También fue un aporte la relación con los técnicos japones del JICA, que fueron el motor dentro del INTA con su centro de investigación, que el año próximo pasará al INTA. Y estas son señales muy positivas", precisó Fernández.
Pero todo este impulso del sector de experimentación, investigación y extensión lógicamente hay que unirlo con los intereses sectoriales que están más con el comercio, con la actividad. Fernández opina que debe apuntalarse el interés regional para consolidar un trabajo integral que produzca un mayor involucramiento del sector y los productores tengan las cosas más claras.
Si bien el negocio interno de la floricultura históricamente fue de oportunidades, una futura posibilidad de exportación va a llevar a sentar en la misma mesa a gente que está en diferentes ramas del sector, algo que teóricamente aún no se hizo, dijo Fernández.
¿Cuál sería entonces el compromiso del INTA?, se le consultó. "Por un lado es un organismo de generación y transferencia de tecnología. No es el ejecutor de políticas agropecuarias. Pero tiene la obligación de servir como nexo a la formación de estos foros o jornadas para que todas las partes del sector, desde la visión de cada uno, se ordene la floricultura", respondió.
Fernández anticipó que se inició la formación de grupos para la experimentación e investigación. "Ahora, con este Instituto de Floricultura que funcionará en el Centro Castelar del INTA, habrá una base importante para consolidar otros equipos de trabajo y tratar de desarrollar centros regionales, involucrar gente y conformar una red de experimentación nacional", concluyó.












