14 Noviembre 2003
El ingresar con cítricos frescos a un determinado mercado es difícil, y mucho más aún cuando el cliente pertenece a un país sumamente exigente en calidad, ya que además cuenta con uno de los mayores estándares de vida del planeta. Este hecho quedó en claro este año a través de la experiencia llevada a cabo por un grupo de citricultores del NOA que enviaron sus producciones de limones, naranjas y pomelos hacia el exigente mercado japonés.
De los 47 contenedores de cítricos exportados desde Argentina (39 de ellos con limones), solamente 33 llegaron a los puertos japoneses de Kobe y Yokohama. El resto, es decir 14 contenedores, quedaron en el camino por no haber podido sobrepasar las inspecciones realizadas por las autoridades del Ministerio de Agricultura del Japón (MAFF).
La fruta no había podido cumplir la exigente cuarentena de frío (1,9ºC) exigida por las autoridades sanitarias del país de destino. El rechazo de la fruta en tránsito se debió básicamente a problemas en el manejo del frío dentro de los contenedores, responsabilidad que recae directamente sobre la compañía encargada del tráfico de los cítricos. Por otra parte, sobre estos 33 contenedores arribados, si bien es cierto que algunos se pudieron vender bien, la mayoría del limón desembarcado en Japón presentaba serios problemas originados por daños por frío.Entre los factores intervinientes, podrían mencionarse la elevada sensibilidad de los limones a las bajas temperaturas sumado a esto la propia inexperiencia en el manejo de la fruta cítrica en tránsito bajo condiciones extremas de muy bajas temperaturas. Según registros de la Eeaoc, el viaje del limón demoró un promedio de 45 días desde que salió de los puertos de Argentina hasta su arribo a tierras japonesas.
Desde el NOA
Los cítricos del NOA habían sido seleccionados con los más estrictos controles de calidad en origen y cosechados en los mejores campos de la región para garantizar el envío de la excelencia.
La calidad embalada fue inigualable, además de resaltar que la fruta era muy fina, con un excelente color y con abundante jugo, aspectos muy valorados por los consumidores japoneses.
No obstante el frío no perdonó y las características propias de la fisiología del limón no pudieron superar el fuerte estrés impuesto por los tratamientos cuarentenarios contra la mosca de la fruta. España lleva más de 30 años intentando exportar limones a Japón, y a pesar de los cuantiosos esfuerzos realizados por los exportadores murcianos, todavía no pudieron dar en el blanco con el manejo del frío dentro de los contenedores, arribando sus frutos a destino -al igual que lo ocurrido con los frutos argentinos-, con severos daños por frío en la piel, lo que los llevó a su descalificación comercial.
España ayer y Argentina hoy, no podrán competir en igualdad de condiciones que los exportadores chilenos o norteamericanos, que tienen la ventaja de poder exportar sus producciones en bodegas refrigeradas, a temperaturas superiores a 8ºC, con lo cual la fruta llegó y llegará siempre en impecables condiciones a los puertos japoneses.
El daño que provocó el frío al limón argentino durante la cuarentena en tránsito fue enorme, en muchos casos superior al 80% de la mercadería en el contenedor. Está claro que la fruta dañada por frío no tiene ningún valor comercial, por lo tanto las pérdidas económicas fueron importantes.
En Japón el consumo de limón es estable, no quieren más fruta, están cubiertos con su oferta todo el año, siendo EEUU y Chile los principales proveedores.
Los japoneses consumen unas 100.000 cajas por semana y siempre dejan un stock de seguridad de 200.000 cajas semanales. Según Beatriz Stein, encargada de la Sección Fruticultura de la Eeaoc (quien estuvo durante el arribo de los cítricos argentinos en Japón para estudiar su comportamiento), sostuvo que el mercado japonés es abastecido por los exportadores de California y de Chile, con frutos de excelente calidad.
Hay que competir
Por otra parte, la experta sostuvo que si Argentina quiere entrar con cítricos a Japón y sobre todo con limones, será necesario desplazar a la competencia con productos de superior calidad, por lo que todavía queda un largo camino por aprender.
Esta experiencia que sin lugar a dudas fue muy importante para el sector citrícola del NOA, debe servir para continuar investigando en el manejo del frío, pero por sobre todo para sentar las bases en la elaboración de un nuevo protocolo de exportación con las autoridades japonesas.
Es necesario lograr imponer el fundamento científico que establece que el fruto del limón no es hospedero de la mosca de la fruta y que, por lo tanto, no necesita de tratamientos cuarentenarios con frío para ingresar a Japón. Cualquier negativa de las autoridades niponas en aceptar estas afirmaciones, científicamente comprobadas, deberían ser discutidas con firmeza por el Senasa y ser consideradas como una barrera comercial y no fitosanitaria.
Este hecho debería generar una demanda ante la Organización Mundial del Comercio contra Japón, por la imposición de barreras infundadas a las producciones locales. Esto es sin duda una negociación que será lenta, pero con los años debería llegar a buen puerto. Para ello, Argentina debería buscar países aliados, como España o Sudáfrica, afectados como nosotros, y todos en conjunto efectuar una presentación científica ante las autoridades japonesas, para demostrarles que los limones no son hospederos de la mosca de la fruta.
De los 47 contenedores de cítricos exportados desde Argentina (39 de ellos con limones), solamente 33 llegaron a los puertos japoneses de Kobe y Yokohama. El resto, es decir 14 contenedores, quedaron en el camino por no haber podido sobrepasar las inspecciones realizadas por las autoridades del Ministerio de Agricultura del Japón (MAFF).
La fruta no había podido cumplir la exigente cuarentena de frío (1,9ºC) exigida por las autoridades sanitarias del país de destino. El rechazo de la fruta en tránsito se debió básicamente a problemas en el manejo del frío dentro de los contenedores, responsabilidad que recae directamente sobre la compañía encargada del tráfico de los cítricos. Por otra parte, sobre estos 33 contenedores arribados, si bien es cierto que algunos se pudieron vender bien, la mayoría del limón desembarcado en Japón presentaba serios problemas originados por daños por frío.Entre los factores intervinientes, podrían mencionarse la elevada sensibilidad de los limones a las bajas temperaturas sumado a esto la propia inexperiencia en el manejo de la fruta cítrica en tránsito bajo condiciones extremas de muy bajas temperaturas. Según registros de la Eeaoc, el viaje del limón demoró un promedio de 45 días desde que salió de los puertos de Argentina hasta su arribo a tierras japonesas.
Desde el NOA
Los cítricos del NOA habían sido seleccionados con los más estrictos controles de calidad en origen y cosechados en los mejores campos de la región para garantizar el envío de la excelencia.
La calidad embalada fue inigualable, además de resaltar que la fruta era muy fina, con un excelente color y con abundante jugo, aspectos muy valorados por los consumidores japoneses.
No obstante el frío no perdonó y las características propias de la fisiología del limón no pudieron superar el fuerte estrés impuesto por los tratamientos cuarentenarios contra la mosca de la fruta. España lleva más de 30 años intentando exportar limones a Japón, y a pesar de los cuantiosos esfuerzos realizados por los exportadores murcianos, todavía no pudieron dar en el blanco con el manejo del frío dentro de los contenedores, arribando sus frutos a destino -al igual que lo ocurrido con los frutos argentinos-, con severos daños por frío en la piel, lo que los llevó a su descalificación comercial.
España ayer y Argentina hoy, no podrán competir en igualdad de condiciones que los exportadores chilenos o norteamericanos, que tienen la ventaja de poder exportar sus producciones en bodegas refrigeradas, a temperaturas superiores a 8ºC, con lo cual la fruta llegó y llegará siempre en impecables condiciones a los puertos japoneses.
El daño que provocó el frío al limón argentino durante la cuarentena en tránsito fue enorme, en muchos casos superior al 80% de la mercadería en el contenedor. Está claro que la fruta dañada por frío no tiene ningún valor comercial, por lo tanto las pérdidas económicas fueron importantes.
En Japón el consumo de limón es estable, no quieren más fruta, están cubiertos con su oferta todo el año, siendo EEUU y Chile los principales proveedores.
Los japoneses consumen unas 100.000 cajas por semana y siempre dejan un stock de seguridad de 200.000 cajas semanales. Según Beatriz Stein, encargada de la Sección Fruticultura de la Eeaoc (quien estuvo durante el arribo de los cítricos argentinos en Japón para estudiar su comportamiento), sostuvo que el mercado japonés es abastecido por los exportadores de California y de Chile, con frutos de excelente calidad.
Hay que competir
Por otra parte, la experta sostuvo que si Argentina quiere entrar con cítricos a Japón y sobre todo con limones, será necesario desplazar a la competencia con productos de superior calidad, por lo que todavía queda un largo camino por aprender.
Esta experiencia que sin lugar a dudas fue muy importante para el sector citrícola del NOA, debe servir para continuar investigando en el manejo del frío, pero por sobre todo para sentar las bases en la elaboración de un nuevo protocolo de exportación con las autoridades japonesas.
Es necesario lograr imponer el fundamento científico que establece que el fruto del limón no es hospedero de la mosca de la fruta y que, por lo tanto, no necesita de tratamientos cuarentenarios con frío para ingresar a Japón. Cualquier negativa de las autoridades niponas en aceptar estas afirmaciones, científicamente comprobadas, deberían ser discutidas con firmeza por el Senasa y ser consideradas como una barrera comercial y no fitosanitaria.
Este hecho debería generar una demanda ante la Organización Mundial del Comercio contra Japón, por la imposición de barreras infundadas a las producciones locales. Esto es sin duda una negociación que será lenta, pero con los años debería llegar a buen puerto. Para ello, Argentina debería buscar países aliados, como España o Sudáfrica, afectados como nosotros, y todos en conjunto efectuar una presentación científica ante las autoridades japonesas, para demostrarles que los limones no son hospederos de la mosca de la fruta.














